Pacheco detiene al Barcelona (1-1), al que se le va la Liga poco a poco

Ni jugando contra diez media hora logró dar la vuelta al marcador tras regalar el gol al Alavés. Los de Koeman, cuatro jornadas sin ganar

Messi, rodeado de jugadores del AlavésAlvaro BarrientosAP

Ni protestar pudieron Piqué y Neto. La habían liado ellos solos. La situación estaba bajo control, pero el central se la pasó al portero ante la presión de Luis Rioja, el portero que había amagado con salir, se quedó a medio camino y el balón se le enredó en los pies. El jugador del Alavés lo aprovechó y se fue con la pelota dentro de la portería. Un regalo que no podía desaprovechar para hacer saltar por los aires la buena primera parte del Barcelona ante un gran rival. Porque equipo de Machín jugó muy juntito, cerrando espacios y tratando de salir a la contra con balones largos a Deyverson; el de Koeman fue creciendo para encontrar los espacios y generar tres o cuatro ocasiones de gol, la más clara, el tiro de falta de Messi que Lejeune sacó en la línea.

El Alavés propuso un partido de trabajo y pierna, de apretar. Le faltó al Barcelona más llegada por banda, excepto cuando Dembélé se atrevía a encarar. Cuando lo hacía con espacios fue imparable, pero sus centros no encontraban rematador. Ansu Fati se venía más al centro, pero Jordi Alba no lograba ser profundo por el costado izquierdo. Así que casi todo iba al medio, donde la acumulación de jugadores era importante. Lo intentaba Messi, pero no encontraba el último pase, siempre despejado por el pie de un rival en el último momento. Los movimientos de desmarque de Ansu y Griezmann eran buenos, pero faltó precisión, o tuvo precisión la defensa del Alavés. El delantero francés también tuvo una buena opción, pero no enganchó bien la pelota en una posición envidiable.

El Alavés había avisado con un contragolpe que Edgar, algo cansado al llegar al área, no pudo resolver con finura. Tiró muy centrado y paró Neto, que después no estaría tan afortunado. No le sentó bien el gol al Barcelona, que se empezó a calentarse con protestas al árbitro, por entender que estaba dejando jugar demasiado. Se quejó mucho Messi, a veces agarrado al borde del área sin que se señalara falta. Incluso dio un medio pelotazo al colegiado que le costó la amarilla. Al Alavés le había salido todo bien e incluso pudo correr con espacio.

Uno de los puntos débiles del Barcelona este curso está siendo su capacidad de reacción. Con el marcador en contra no ha tenido respuesta, y otra vez se veía en esa situación, como ante el Sevilla, el Getafe y el Real Madrid. No quiso esperar Koeman para mover al equipo y en el descanso entraron de golpe Pedri, Trincao y Pjanic. Sorprendió que uno de los sustituidos fuera Lenglet, que, eso sí, tenía tarjeta, para que De Jong pasara a ser central.

Eran cambios atrevidos, porque el centro del campo se quedó sin especialista defensivo. Incluso Messi jugó en ocasiones prácticamente de mediocentro. Fue un poco experimental, pero los futbolistas de calidad no tardaron en encontrarse. La aparición de Pedri fue la más importante. Entre líneas se movió de maravilla para conectarlo todo, pese al obligado sacrificio que tenía que hacer también para recuperar la pelota. Sus pases activaron a Ansu Fati, que se convirtió en un puñal por la banda izquierda, en un peligro. El Barcelona consiguió por fin meter a su rival en el área, lo que facilitó la presión para recuperar el balón pronto y convertir el partido en un acoso. En un minuto le cambió la vida con la expulsión de Jota y el tanto de Griezmann, que se encontró un rechace en el área y resolvió con suavidad, terminando así con el bloqueo mental que parece que tenía ante el gol.

Quedaba mucho partido y no pintaba mal para los azulgrana, con un futbolista más sobre el césped y la moral recargada. Pero el trabajo del Alavés fue fantástico. Con muchos futbolistas acumulados en la zona central, trató de cortocircuitar el juego barcelonista. Llegaban en el último momento para decir «no» a las ocasiones del rival. Se aturulló un poco el Barça, algo revolucionado, con mucho corazón, pero sin demasiada cabeza. Los minutos jugaban en su contra y en el de su estado de nervios, tras tres jornadas consecutivas sin ganar. Lo intentó, no se puede negar, pero Dest se encontró con Pacheco, Messi tiró fuera, la defensa despejó otro buen puñado de ocasiones, de córner tampoco y la muralla del Alavés resistió. Otra vez le faltó gol a este Barça, al que se le va la Liga poco a poco.