Dando de comer al gato en MotoGP

El coronavirus es el rival invisible de los que luchan por el Mundial de MotoGP. El líder Joan Mir reconoce que la situación resulta agobiante. Morbidelli ha vivido los días previos a Cheste como en el confinamiento domiciliario de marzo

Los candidatos al título de MotoGP contienen la respiración antes de afrontar la recta final del campeonato. A los miedos de toda la vida: la presión, las caídas, cometer un error o un problema mecánico, se une un rival invisible y traicionero, el coronavirus. Un positivo puede arruinar el trabajo de todo el año y alejarte de ese título con el que todos sueñan desde pequeñitos. Por eso nadie se fía del «bicho» y han cambiado sus costumbres en la previa del doblete de carreras en el circuito Ricardo Tormo. «Ha sido un poco diferente, no hemos ido a ningún restaurante, no hemos salido de casa, sólo he salido para ir a entrenar con la bici, pero sin tener contacto con nadie» reconocía Joan Mir, líder del Mundial, sobre los días de descanso antes de viajar a Valencia.

«Es una situación muy agobiante. Normalmente, cuando vas a casa es para estar tranquilo y despejarte y no he estado tranquilo en ningún momento por lo que pueda pasar», continuaba. Es él quien más tiene que perder, porque lidera el campeonato con catorce puntos de ventaja sobre Quartararo, que tiene claro que una vez acabe la carrera se irá a Andorra, pero en coche. «Me marcharé conduciendo a casa, porque es más seguro. Llegas el domingo por la noche y sabes que está todo limpio y desinfectado. Este es el plan. Hay que ser muy cuidadosos hasta Portimao», confirmaba. Los positivos de Jorge Martí que le descabalgó de la pelea por el título de Moto2, y de Valentino Rossi, que ha necesitado veinte días para tener dos PCR negativas, han puesto a los demás en alerta. Iker Lecuona es baja este fi n de semana no por dar positivo, sino porque lo dio su hermano y asistente, y el protocolo de Andorra, donde reside, le obliga a no salir de casa en los próximos diez días. Ni siquiera hace falta tener el virus para que te arruine el Mundial y extremar las precauciones no es una garantía.

«Esto empieza a ser una lotería. Nunca sabes dónde puedes contagiarte. Yo me quedo la mayor parte del tiempo en casa y minimizo el número de personas a las que veo. Sólo salgo para ir al supermercado y realizar cuestiones básicas. Si veo a alguien trato de que antes tengan una PCR hecha», explicaba Maverick, que ayer dio negativo después de que Yamaha apartara a cinco miembros del equipo tras el positivo de uno de sus mecánicos. Se ha salvado por poco. Morbidelli se ha subido al carro del campeonato tras su gran victoria en Alcañiz, y admite que estas dos semanas anteriores a Cheste se han parecido mucho a los meses de confinamiento domiciliario. «Me sentía muy viejo, iba de casa al gimnasio y del gimnasio a casa. He hecho tareas domésticas que no había intentado en mi vida: dando de comer al gato, haciendo arreglos de bricolaje como si fuera un manitas... No tenía nada mejor que hacer en casa», relataba el italiano tirando un poco de humor.

Son tres fines de semana los que quedan y nadie se va a relajar hasta que todo termine en Portimao el domingo 22 de noviembre. Algunos van a optar por volver a casa entre las dos carreras de Valencia y otros se quedarán en el motorhome para después viajar en vuelo chárter al sur de Portugal para la cita definitiva. Psicológicamente es complicada cualquier opción, porque si se van hay miedo al contagio, y si se quedan, se hacen largos tantos días viviendo en el «paddock». «No tengo claro todavía qué es lo que haremos. No sé qué decisión tomar ni la que es correcta en este momento. Ir a casa no tendría que suponer ningún peligro y quedarse aquí confinado en un espacio muy pequeño tiene que ser duro mentalmente», reflexionaba Joan Mir. Las PCR las afrontan con tanta tensión como la última vuelta de cada carrera. Hay mucho en juego.