El forzudo, el cumpleañero y un Tigre de caza

Bryson DeChambeau es el favorito en el Masters de Augusta, que hoy arranca con Rahm de tapado y Woods en busca de un récord

Jon Rahm golpea una bola durante su sesión de práctica del martes en el Augusta NationalServicio Ilustrado (Automático) THE MASTERS

Serán los tonos ocres del otoño en lugar del verde restallante de la primavera, y de la chaqueta que enfunda al ganador, los colores predominantes en esta edición pandémica del Masters de Augusta: sin público y sin flores por primera vez desde 1934, cada hoyo del National Golf lleva, no en vano, el nombre de una flor y el exclusivo club se encuentra a tres horas en automóvil del río Santa María, la frontera natural entre los estados de Georgia y, evidentemente, ¡Florida! Afirman los especialistas que la humedad de noviembre influirá en el juego de manera determinante y puede que tengan razón, aunque importe poco: determinará sobre todo el ánimo de los millones de espectadores que, en sus salones, tarden en reconocer el aspecto de este legendario campo, compendio perfecto entre el deporte y la botánica.

No se ceñirá el domingo su segunda chaqueta de campeón Sergio García, ganador en 2017 y ausente de un «major» por primera vez en 21 años a causa de su positivo en covid-19. El castellonense ha disputado 84 grandes consecutivos y ahí se detiene la cuenta, por lo que no podrá retar por enésima vez a su enemigo más íntimo, Tiger Woods, defensor del título y que llega con el propósito, pese a no estar en su mejor momento, de alcanzar a Jack Nicklaus, el único golfista con seis entorchados en Augusta. El Tigre quiere devorar al Oso Dorado, culminar una cacería que comenzó en la edición de 1997, cuando venció allí por primera vez, destrozó el campo con un resultado alucinante de 18 bajo par y cambió la historia de este deporte: obligó al resto de los jugadores a acostumbrarse a pegar mucho más lejos y a los diseñadores del National Golf a incrementar en cuatrocientos metros su recorrido.

Una revolución parecida anuncia Bryson DeChambeau, sexto jugador mundial y el hombre en forma del momento, después de ganar en septiembre el US Open, su primer «major». El joven (27 años recién cumplidos) californiano reapareció tras el confinamiento convertido en una bola de músculo y anuncia drives descomunales, cercanos a las cuatrocientas yardas de vuelo (unos 360 metros, 20 o 25 más que los mejores pegadores del circuito), que le permitirán agarrar calles con suma facilidad. DeChambeau ha dejado entrever que su estrategia para el hoyo 13, el par 5 más célebre del mundo que lleva por nombre Azalea, supondrá un terremoto, pues disparará desde el tee hacia la calle del… hoyo 14, un misil de 390 yardas que lo dejará a tiro de eagle.

Jon Rahm, que encabeza el trío de españoles junto a Rafa Cabrera Bello y al bicampeón Chema Olazábal, quien aprovecha la invitación perpetua reservada a los ganadores para darse el gustazo de jugar el Masters por trigésima primera vez, sujeta sus ambiciones con la tremenda solidez de su juego, sí, pero también con la cábala. El vizcaíno festejó sus 26 años el martes y está ante una ocasión única: ganar un «major» en la semana de su cumpleaños, algo impensable fuera de este atípico 2020 para un escorpio. El golf es un juego de supersticiosos y no ha faltado quien percibe una señal divina en lo que sólo debería ser una curiosa coincidencia: Severiano Ballesteros, nacido un 9 de abril, ganó dos veces en Augusta, en 1980 y 1983, en ambas ocasiones tras soplar las velas durante el torneo.

Jon Rahm y Bryson DeChambeau compartirán el partido estrella de esta jornada inaugural, el que saldrá a las 7:33 de la mañana –13:33 en Barrika– desde el tee del hoyo 10. El vasco y el estadounidense compartirán este primer recorrido con un ilustrísimo compañero, el sudafricano Louis Oosthuizen, todo un campeón del British Open y que ya rozó la gloria en Augusta, pues perdió el playoff de desempate frente a Bubba Watson en 2012.

Rahm ha aparecido en los días previos al Masters ungido con una mezcla de serenidad y ambición que permiten pensar que, tal vez, ha alcanzado la madurez necesaria para alzarse con el primer «major» de su palmarés. «Su plan tiene tres patas –afirma la web especializada Tengolf–: una agresividad bien calculada, los birdies llegan, no se buscan, y en Augusta se juega como uno lo siente, no como te dicen que hay que jugar». A por ello, pues.