El Sevilla derrota al Krasnodar y se clasifica para octavos de final con la gorra

Los de Lopetegui se imponen (1-2) con un agónico gol de Munir en el último minuto y se jugarán la primera plaza del grupo la próxima jornada contra el Chelsea

Munir felicita a Rakitic tras el gol del croata al Krasnodar
Munir felicita a Rakitic tras el gol del croata al KrasnodarYuri KochetkovEFE

Diez puntos en cuatro jornadas, clasificado con dos de antelación y con la opción de asegurarse la primera plaza del grupo la semana que viene, si es que vence al Chelsea, también con la siguiente ronda garantizada, en el Sánchez-Pizjuán. El caminar del Sevilla por esta Champions parece más un paseo militar que una carrera de obstáculos y algún mérito debe haber acumulado el equipo de Lopetegui para ello, por más que el sorteo no fuese temible a priori.

Las dudas de octubre se empezaron a disipar el 4 de noviembre con la visita del Krasnodar y, dos triunfos ligueros después, quedaron definitivamente enterradas en el campo de este equipo ruso que tanta lata da para lo limitado que es. Anoche, y pese a la superioridad a veces insultante del Sevilla, hubo que esperar hasta la penúltima jugada del partido, minuto 95, para que Munir decantase el marcador que aún pudo igualar Ari en una acción postrera, nada más sacarse de centro, con un tiro que estampó en el pecho de acero de Diego Carlos.

Con una defensa de cinco ante la ausencia de un recambio solvente para nada, Gudelj incrustado entre los centrales y Ocampos de carrilero, Lopetegui mandó a sus huestes a por el rival desde el inicio, consciente de que la mayor debilidad del Krasnodar estriba en una defensa de cartón. Le rentó al técnico vasco el cambio de dibujo, pues Martinovich despejó en corto un centro desde la derecha y ahí apareció Rakitic para estampar una volea primorosa en la raíz del palo. Puede que el croata ya no sea el pelotero deslumbrante que solía ser, pero el golpeo para adelantar al Sevilla fue un primor, un gesto técnico sólo al alcance de los elegidos.

La poca chicha del ataque local invitó al Sevilla a un sesteo que se prolongó hasta el descanso y del que despertó abruptamente en el arranque de la segunda parte, cuando Gudelj regaló a Cabella el empate que salvó de milagro de Koundé justo antes de que Wanderson fusilara a Vaclik el 1-1, que sumía a Lopetegui en los recurrentes ataques de pánico que sufre cuando se le tuercen las cosas.

El primer reflejo del técnico guipuzcoano fue encerrar al equipo, pero corrigió el tiro, diez minutos después, con la tercera tanda de cambios. Mandó a Koundé al carril diestro, sacó a Idrissi por la izquierda y se apoyó en la frescura de Joan Jordán y Óliver para recobrar el dominio. Aunque el marcador de Rennes hacía que al Sevilla le bastase el empate para pasar ronda, la inercia ya trasladaba el partido hasta el área de Gorodov, que paró con la cara un tiro de Idrissi, pero nada pudo hacer cuando Munir, sobre la hora, le mandó el tiro raso y cruzado que decantó el marcador.