Opinión

Ancelotti, sin gol no hay paraíso

La buena noticia del Clásico es que, al ser ya la Liga un mero formalismo, el Madrid se podrá centrar en la Copa de Europa que lleva marcada en su ADN

Carlo Ancelotti, en el banquillo del Real Madrid
Ancelotti, durante el Clásico entre el Barcelona y el Real MadridEuropa Press

Cierto es que el Real Madrid jugó el miércoles y el Barça tuvo toda la semana para descansar, pero no lo es menos que los de Xavi no sólo fueron inmensamente superiores sino que han estado muy por encima de los de Carletto en el conjunto de la Liga. Por cierto: una lectura que nadie hará es que el torneo de la regularidad español deja de tener interés cuando quedan 12 jornadas para que suene el pitido final porque ya se sabe quién será el campeón. Salvo milagro descomunal, naturalmente. Desde que «CorrupTebas» cogió el timón vamos de nalgas, cuesta abajo y sin frenos. Cada vez estamos más cerca de esa futbolísticamente hablando tercermundista Ligue 1 en la que son el PSG y 19 equipos más –aquí, dos y 18 más– y a miles de kilómetros de distancia de una Premier en la que siempre hay cinco o seis equipos con opciones reales. Qué lejos quedan los tiempos en los que la afición española estaba en vilo hasta la última, penúltima o, como mucho, antepenúltima jornada para determinar quién era el vencedor.

En el Camp Nou vimos a un Fútbol Club Barcelona que dominó el juego de principio a final excepción hecha de los 10 minutos previos al 90 en los que los blancos resucitaron de la mano de Rodrygo y de un Asensio que se exhibió como el auténtico revulsivo. Ancelotti planteó tan mal el partido como extraordinariamente bien los cambios.

Al Real Madrid le faltó gol como el comer, al punto que hasta el tanto de Asensio, quiero creer que justamente anulado, no había tenido una sola ocasión clara en la portería de Marc-André Ter Stegen. Lo de Vinicius constituyó un rasgo de esa suerte que siempre acompaña a los campeones, en este caso el campeón de todos los campeones, pues no en vano nadie en el fútbol mundial puede presumir de un palmarés semejante.

Del encuentro en particular y de la Liga en general hay que extraer dos conclusiones. La primera es que, nuevamente, Courtois demostró que nadie le ha regalado la vitola de ser a día de hoy el mejor portero del mundo. Sigue siendo el rey. Sus cuatro manos providenciales salvaron a los suyos de un resultado mucho más abultado y de que el Clásico se hubiera decidido en la primera parte.

La segunda resulta una perogrullada visto lo visto toda la temporada con la salvedad de una Champions en la que estamos deleitándonos con un Real Madrid antitético del que presenciamos en Liga cada fin de semana. En España es Doctor Jekyll y extramuros Mister Hyde echando mano de su proverbial instinto criminal. Me refiero, obviamente, al clamoroso déficit de gol. Benzema es una sombra del que recorrió Europa cual vikingo arrasando todo lo que se encontraba a su paso la anterior temporada. Vinicius está demasiado solo y un plantel no puede jugárselo todo a un rapto de genialidad de un único futbolista. Cuando le toca un sobresaliente stopper, como es el caso de Araújo, no hay recursos ni estrategias alternativas que valgan. Un error que le puede ocurrir a un principiante, pero no al que, títulos en mano, es el mejor entrenador europeo de todos los tiempos.

Nada que objetar a la victoria de un Fútbol Club Barcelona que a mediados de marzo sabe que levantará la copa de la Liga en junio. Hasta ahí la mala noticia para el madridismo. La buena es que, al ser ya la Liga un puro formalismo, se podrá centrar en esa Copa de Europa que el Real Madrid lleva incrustada en su ADN. Para levantar la «Orejona» el 10 de junio en Estambul le bastará con anotarse tres de los cincos partidos que restan, incluida la final. Y, entre tanto, no estaría de más ir mirando un nueve de garantías para poder suplir a un Benzema que se antoja víctima de un envejecimiento prematuro. En el Clásico disputado en el Camp Nou quedó más claro que nunca que sin gol no hay paraíso.