Baloncesto

Doncic, uno de los nuestros

Finales de abril de 2015, el Madrid arrasa y en la banda se prepara para saltar a la cancha un chico de 16 años, evidentemente, con cara de niño. El narrador, entusiasmado, suelta: «A ver si le da tiempo a tocar el balón». El imberbe escolta se va a una esquina, recibe la bola y la mete limpia de tres. Su gesto no cambia. Para él se trata de algo natural, de un día más en el cole, pero era su primera canasta como profesional y el comienzo de una historia apasionante. La de un elegido. Tres años y medio después, la madrugada del pasado sábado, y ante uno de los equipos más fuertes de la NBA, los Rockets de Houston y de «La Barba» Harden, Luka Doncic volvió a asombrar al mundo con una exhibición «Lebroniana». Es decir, yo me lo guiso y yo me lo como. Once puntos seguidos para remontar una desventaja de ocho ante los Rockets, con tres triples estratosféricos incluidos. Una barbaridad que revolucionó las redes sociales, sobre todo, en España. Y la pregunta que me hago es la siguiente: ¿por qué nos gusta tanto Doncic?

Luka, tranquilamente, podría haber olvidado de dónde viene. Sería un pecado de juventud entendible dada su edad y el éxito que está teniendo en una NBA, que, recordemos, no hace mucho nos parecía como pisar la luna. Pero Doncic no se ha olvidado de dónde viene ni quién le ha ayudado a ser lo que hoy es. En sus redes sociales, el esloveno tan pronto celebra el Balón de Oro de Modric como anima a sus excompañeros en el clásico ante el Barça subiendo una foto en la que se ve a Pablo Laso, su padre deportivo cuando vestía de blanco. Detalles, al fin y al cabo, que hablan mucho y bien de este balcánico al que sentimos en España como a los hermanos Gasol, los Hernangómez, José Manuel Calderón o Ricky Rubio. Como a uno de los nuestros.