¿Quién es este Rafa Nadal?

Tras destrozar a Tomas Berdych en los octavos de Australia, Nadal volvió a desarmar a los que dudan de él. Cuatro meses sin competir por una lesión habían instalado sobre su figura un interrogante: ¿sería capaz de volver a su mejor nivel tras tanta lesión? ¿Podría competir contra sus viejos rivales y aguantar el empuje de los nuevos talentos? Pues la respuesta es sí. Camino de los 33 años y con 17 títulos de Grand Slam en su nutrido palmarés, se podía suponer que a Nadal no le queda mucho tiempo en la élite. Su tenis original es físico, de ese que erosiona el cuerpo de puro sobreesfuerzo. Un estilo que le ha hecho ser casi imbatible en una superficie lenta como la tierra, pero que a su vez ha sabido moldear para ganar en cemento o en hierba y ser considerado el segundo mejor jugador de la historia. Una leyenda, vaya. Pero el caso es que no se ha cansado de ganar y competir. Rafa quiere más, y para ello ha urdido un plan.

Adaptarse o desaparecer. El Nadal de tercera generación ya está aquí. En este 2019 estamos asistiendo a la última (o quizá penúltima) reinvención del tenista español. Junto a su equipo, ha decidido hacer un par de retoques en su tenis para adaptarse a su realidad física (menos exuberancia y más técnica) y al tenis veloz que se practica hoy en día. Consciente de que no puede ir en contra de la evolución del juego, ha introducido modificaciones en el saque y en el primer golpe de derecha. ¿El objetivo? Jugar más rápido para así acortar los puntos y evitar esas palizas físicas que extenúan hasta al juez de silla. Este Nadal evolucionado ya está en cuartos del primer grande del año, donde le espera el joven estadounidense Tiafoe, pero, sobre todo, nos ha hecho recordar la primera lección del «Nadalismo»: nunca hay que dudar de Rafael Nadal.