Cuando el Barcelona agasajaba a la Policía

Así fue la operación «jaula» para rescatar a Quini en 1981. Durante 25 días el jugador azulgrana estuvo secuestrado en un pequeño zulo en Zaragoza.

Así fue la operación «jaula» para rescatar a Quini en 1981. Durante 25 días el jugador azulgrana estuvo secuestrado en un pequeño zulo en Zaragoza.

«El pájaro ya está en la jaula». Cuando los agentes de la Brigada de Investigación Criminal (Grupo Antiatracos) de Barcelona oían esta frase por la malla de radio, controlaban de inmediato las cabinas telefónicas que se les habían asignado. Y si alguna persona estaba realizando una llamada, una vez finalizada, le seguían y procuraban obtener todos los datos posibles sobre el individuo, domicilio y en especial la matrícula del coche que pudiera abordar. Después, en la Dirección General de Tráfico (no había ordenadores programados, como ahora) comprobaban quién era el propietario del automóvil y si se había conseguido una pista fiable. Por eso, a la operación para rescatar a Quini se le denominó «operación Jaula».

La Brigada de Investigación Criminal de Barcelona hizo un excelente trabajo. El 25 de marzo, cuando se culminó el rescate, la directiva del Barcelona se volcó en felicitaciones y hubo agasajos, una cena de agradecimiento y hasta invitaciones al palco del Camp Nou. Qué tiempos tan diferentes a los de ahora, pero, ya se sabe, la memoria es frágil...

España, desde la llegada de la democracia, vivía en la zozobra, por culpa, en gran parte, del terrorismo de ETA y el reciente intento de golpe de Estado del 23-F. Por eso, inmediatamente se pensó que el secuestro era obra de la banda criminal. Por si éramos pocos... apareció la extrema derecha, con el Batallón Catalano (o Vasco) Español, que decían que los autores eran ellos y que lo hacían para que un club separatista no ganara la Liga.

Pero no eran, ni unos ni otros, sino un grupo de trabajadores en paro metidos a vulgares delincuentes comunes que, además, no habían preparado lo más importante, el cobro del rescate. Contaban a su favor que no eran «cacos» habituales; eso los hacía «blancos» o invisibles a la Policía. El control de las llamadas permitió saber que se hacían desde cabinas de La Barceloneta y, fruto de las pesquisas, se detectó que tres individuos sin antecedentes se habían alojado los días del secuestro, y en otras ocasiones, en un hotel de Travesera de les Corts. En las llamadas que hacía uno de los captores se adivinó su acento aragonés.

Los hechos se iniciaron el 1 de marzo de 1981, tras el partido entre el Barcelona y el Hércules, en el que el delantero había marcado dos goles. Tras pasar por su casa, tenía intención de dirigirse al aeropuerto de El Prat para recoger a su mujer. Los secuestradores sabían que aparcaba su automóvil en una zona cercana, próxima a un mercado, y allí le esperaron con una furgoneta en la que había una caja de madera en la que difícilmente cabía Quini. Se lo llevaron a Zaragoza, donde estaba el zulo.

Alexanco, compañero y amigo de Quini, fue designado portavoz, en especial para hablar, siempre bajo la supervisión policial, con los secuestradores. El presidente del club, Josep Lluís Núñez, y el vicepresidente, Joan Gaspart, estuvieron en todo momento al lado de la familia. También el presidente de la Federación de Fútbol, Pablo Porta, y el ministro del Interior, Juan José Rosón. Los secuestradores habían dejado en los servicios de un bar una cinta con la voz de Quini en el que se decía que la cifra del rescate era de 100 millones de pesetas.

Inmediatamente, el dinero fue habilitado; estaba en dos bolsas de deporte que se guardaban en los servicios del domicilio de Quini, convertido en cuartel general y en el que, junto a la esposa, el hermano de Quini, Jesús (que falleció por salvar a un padre y un hijo que se ahogaban en una playa cántabra) y Alexanco, estaban tres inspectores, uno de ellos, una mujer.

Hubo dos intentos de cobrar el secuestro, uno en la Estación de Francia, que fracasó porque los secuestradores no aparecieron (quizás detectaron a la Policía) y otro en Francia, a lo que se les contestó con un «no» rotundo.

A mediados de mes, un empresario de Zaragoza recibió una llamada de los que decían ser los secuestradores. Le ofrecieron 10 millones de pesetas para que hiciera de intermediario, pero todo quedó en nada.

Alrededor del 21 de marzo, se precipitaron los acontecimientos. Los delincuentes indicaron a Alexanco que el Barça debía depositar el rescate en una cuenta del banco suizo Credit Suisse. Un directivo del club hizo un ingreso para tranquilizarlos. Dos inspectores del Grupo Antiatracos de la Policía Judicial de Barcelona, se desplazaron a Ginebra, para hacer un seguimiento minuto a minuto de lo que pudiera ocurrir y las autoridades helvéticas accedieron a la petición del Barça de levantar el secreto bancario.

El pájaro ya estaba en la jaula o iba camino de ella. La cuenta de Credit Suisse estaba a nombre de Víctor Miguel Díaz Esteban, que se apresuró a sacar 250.000 pesetas en dólares («estaban tiesos», comenta uno de los que participó en la investigación). El individuo no llegó a salir del banco y fue detenido. No tardó mucho en «cantar de plano». Dio todos los detalles del sótano de un local comercial de Zaragoza. El taller estaba situado en la calle Jerónimo Vicens, número 13. A las diez de la noche del 25 de marzo, Quini fue rescatado por agentes de la Policía Nacional. Allí mismo, fue arrestado un segundo secuestrador. No hubo «geos» ni grupos especiales, sino que fueron los inspectores del Grupo Antiatracos los que con una maza derribaron la entrada del zulo.

Quini, como le pasó años después al funcionario de prisiones Ortega Lara, no se terminaba de creer que eran funcionarios quienes estaban frente a él y no delincuentes, que venían a asesinarle. Cuando lo comprobó, rompió a llorar y se abrazó a ellos. Acababan 25 días de pesadilla para Enrique Castro.