Judo

Un día con Niko Shera mientras se recupera de la rotura del cruzado: "No veo problemas, busco soluciones"

LA RAZÓN pasa una jornada con el doble campeón del mundo de judo en la recuperación de su lesión camino de los Juegos de París 2024

La sospecha era que el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha de Niko Shera ya estaba prácticamente roto, colgando de unas fibras, pero que la musculatura le hacía que aguantara y que siguiera compitiendo. Después de perder en el Masters de Jerusalén el judoca español notó algo. «No fue brusco, ni me dolió ni se me hinchó, pero lo tenía inestable», recuerda. La rodilla se le fue un par de veces y Quino Ruiz, su entrenador, le hizo una primera exploración. Sólo faltaba la confirmación y la resonancia dio la mala noticia: cruzado roto. Un drama para cualquier deportista... «Drama ninguno», responde Niko. «Salió el resultado y dije: ‘‘¿Cuándo nos operamos?’’. Soy alguien que no ve problemas, sino soluciones. Nunca me había lesionado y me ha tocado. Es lo que hay, no podemos estar deprimidos. Soy consciente de que podía haber pasado antes, es un deporte de lucha», añade.

La rodilla derecha de Niko Shera, un mes y medio después de la operación
La rodilla derecha de Niko Shera, un mes y medio después de la operaciónJesús G. Feria

Fue a finales de diciembre y rápido empezó a trabajar para llegar lo más fuerte posible al quirófano, algo importante para que la recuperación sea mejor. A comienzos de 2023 fue operado por el doctor Javier Cabello. Por delante le esperaban unos ocho meses para volver a competir. Ha pasado ya algo más de uno y medio y LA RAZÓN acompaña al campeón del mundo en 2018 y 2021 durante un día de esa rehabilitación. La mañana empieza en Olympia, centro médico del grupo Quirónsalud situado detrás de las cuatro Torres de la Castellana, en Madrid. Nico llega sin muletas y muy sonriente. No pierde la buena cara en ningún momento. «Sinceramente ahora mismo no tengo ganas de hacer judo. Como estoy, no echo de menos el judo. Estoy con la recuperación y aparte está bien, son 4 o 5 meses, dejo tiempo para tener esa sensación de “quiero hacer judo” y recargarme», asegura. Pues eso, soluciones, no problemas.

"Ahora no echo de menos el judo. Me estoy recargando"

NIKO SHERA

Saluda a Jaime, su rehabilitador, y comienza con la sesión de piscina. Su rodilla no tiene aspecto de haber sido operada recientemente. No está hinchada y las pequeñas cicatrices apenas se ven. En el agua empieza con paseos, patadas, algún salto cayendo sobre la pierna lesionada. «Rotaciones, no», le dice Jaime en varios ejercicios. En una especie de sentadilla Niko admite: «Esto sí se nota». Pero la sensación constante es la de un león enjaulado que quiere salir, que quiere más intensidad, y le tienen que ir frenando. «Con lo que hacemos en el agua se busca que el sistema nervioso siga pensando que puede hacerlo, que el cerebro entienda como que no tiene ningún problema», desvela el rehabilitador.

Niko sale de la piscina y empieza con el trabajo en seco utilizando electromiografía de superficie, que mide la activación de cada músculo de la pierna, para saber si hace más fuerza con uno que con otro y buscar el equilibrio. Los resultados son satisfactorios. Jaime graba algunos ejercicios en los que el judoca se agacha para corregirle después, para que la rodilla no se vaya hacia dentro. Cuando mueve con las piernas 15 kilos Niko dice que no es nada, pero no le dejan poner más peso. Para descargar, un poco de bicicleta mientras el campeón del mundo reflexiona sobre los Juegos de París 2024, su gran objetivo, aunque no su obsesión. «Están lejos, pero están cerca. Aunque antes tenemos otros objetivos. Queremos empezar a competir a los ocho meses, están los Grand Slam, el campeonato de Europa. Los Juegos son el sueño de todos los deportistas y el mío también, pero quiero ir paso a paso. Clasificarme para París no me preocupa, pero quiero llegar entre los top del mundo (ahora es décimo tercero) y demostrarlo en cada competición», afirma.

Sería su segunda participación olímpica. A Tokio llegaba como favorito y su eliminación fue muy dolorosa. «Sinceramente, lo que aprendí se va a ver en París. No puedo decir ahora muchas cosas, si me pasa lo mismo no he aprendido. Fue una lección, igual que cada derrota», dice. En este ciclo olímpico ha cambiado de categoría, de 90 a 100 kilos. «Es por mi propio bien. Bajar tanto el peso no es muy bueno para el cuerpo. Confío en que en 100 kilos puedo estar más años haciendo mi deporte. Ya me estaba adaptando y creo que sacaré mejores resultados que en 90», explica. Antes para dar el peso reconoce que pasaba hambre: «Comía lo justo para entrenar y dormir. No tenía energía para más».

"Clasificarme para París no me preocupa. Lo que quiero es hacerlo en el top"

NIKO SHERA

Tras ir a comer y descansar un poco, le toca sesión física, tren superior con su entrenador personal, y después fisioterapia en el CAR de Madrid, donde acude con un amigo que ha venido a verle desde Georgia, el país en el que nació. Niko llegó a España con 13 años, con sus padres. Su madre también está aquí con él estos días (su padre, que fue quien le inició en el judo, falleció en 2017). Unos compañeros entrenan y alguno y alguna están con la misma lesión en la sala de fisio, donde Niko entra y comentan cómo va la evolución. Hay cierto revuelo y todo es muy familiar. Eva es la profesional que le trata. «Hay que llegar a la operación con el mejor tono posible y él trabajó muchísimo antes de entrar en el quirófano. No es normal tener este cuádriceps un mes y medio después de la operación», reconoce Eva mientras señala la pierna del judoca.

La fisioterapeuta también se va a dar una buena paliza con Niko durante la próxima hora. «He hecho ejercicio ya para todo el día», exclama Eva después de trabajar el cuerpo de casi 100 kilos y 1,90 de su paciente, de hacer contrafuerza contra el deportista. Uno empuja para arriba y la otra para abajo, a un lado, al otro. Flexión, extensión. «Sigue un poquito más, sigue un poquito más... stop», le dice Eva. Esta vez Niko también suda de verdad, resopla, se seca las gotas con la camiseta. El esfuerzo que hace ella también es notable. «¿Estás bien? ¿Duele?», le pregunta. «Sí, sí, muy bien», responde el judoca, que en todo el día no se ha quejado ni una vez ni ha puesto una mala cara. Cuando le flexionan la pierna está ya a apenas un dedo de tocar el glúteo con el talón.

«Estamos en la fase de recuperación de movilidad y de ganar fuerza saliendo de una atrofia. Eso sería en un paciente real. En el caso de Niko los tiempos son los mismos, porque la cirugía tiene sus tiempos anatómicos, pero con él, con la materia prima que tiene, su musculatura y demás, comenzamos pronto a trabajar y va adelantado. Pero es una operación y siempre hay que respetar los tiempos anatómicos y hay que tener cautela», cuenta la fisio, que estos días está recuperando tres cruzados de judocas junto con su compañero Álex. La sesión de tarde continúa con ejercicios propios del judo, la postura semiagachada, amagan con hacer los agarres, se empujan... Niko acaba subido en una tabla, trabajando el equilibrio, y la rodilla no falla. «Ya está bien por hoy», le felicita Eva.

Niko Shera y Eva, su fisio, trabajan en la recuperación del cruzado que se rompió el judoca
Niko Shera y Eva, su fisio, trabajan en la recuperación del cruzado que se rompió el judocaJesús G. Feria

El campeón del mundo tiene que acudir a un compromiso publicitario y volverá rápido a casa porque sabe lo que le espera al día siguiente: recuperación, piscina, fisio, físico, descanso... Eso de lunes a viernes. Los sábados sólo físico y el domingo, reposo total. Es lo que hay en este momento, hasta que pueda empezar a subir más la intensidad y ponerse por fin el kimono. «Si no me hubiera lesionado estaría en Japón. Es donde más gente tengo para entrenar y donde más aprendo y estar allí es muy importante para los judocas. Pero ha pasado esto, pues ya está, para desconectar y cogerlo con más ganas. Cuando vuelva quedará poco para los Juegos, así que ya sin parar», concluye.