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El mejor Federer puede con la voluntad de Nadal

Otro partido de leyenda. Sólo la mejor versión del suizo, que necesitó cinco pelotas de partido, doblega la resistencia de Rafa en las semifinales de Wimbledon once años después y en el mismo escenario de su final más mítica. El helvético buscará el domingo su noveno título ante Djokovic

La ley natural dice que Nadal tiene que ganar a Federer en tierra y Federer tiene que ganar a Nadal en hierba. Pero hace 11 años, en la final de Wimbledon de 2008, el español rompió lo que parecía natural y derrotó a su gran rival en su superficie. Es recordado como EL PARTIDO, el mejor de la historia para muchos, entre ellos mitos como McEnroe, protagonista junto a Borg del que hasta ese momento se consideraba el duelo de tenis más impactante de siempre. Once años después, Federer ha tenido una pequeña venganza y devolvió las cosas a su ser. En 2019, Nadal venció en la tierra de Roland Garros a Roger y Federer se impuso en el césped de Wimbledon (7-6 (7/3), 1-6, 6-3 y 6-4), aunque eran las semifinales y si quiere conquistar su noveno título en la Catedral le espera Djokovic el domingo. Los dos encuentros por el título precedentes entre ambos en la central del All England Club han sido favorables al serbio. Esperan grandes emociones...

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...Como emoción hubo en la jornada de ayer entre las dos leyendas. Otro partidazo que el español peleó con todo hasta el final y sólo la mejor versión de su gran némesis logró hacerle hincar la rodilla. En un mes Federer cumple 38 años, pero está tocado para jugar a este deporte. Tiene un don y ayer lo necesitó ante el Nadal más incisivo. Rafa ya va por las 33 primaveras y el amor propio y por el tenis que demuestran ambos en cada torneo saca los colores a muchos de los jóvenes. Hasta cinco pelotas de partido necesitó el helvético para poder levantar los brazos y decir que la victoria era suya. Un revés de Nadal largo fue el punto y final. Antes las había tenido de todos los colores el suizo: al saque y al resto, pero el zurdo de Manacor se las apañó para seguir vivo, con un servicio, un «passing» en carrera... Vendió cara su derrota Rafa, que volvió a demostrar una gran capacidad de adaptación a la hierba. Ha mejorado con el paso de las temporadas la manera de disputar los partidos en una superficie que no te permite especular: está creada para ser agresivo, para ir al ataque, por mucho que ahora no sea como antes y ya no es tanto terreno de cañoneros. El servicio, pese a todo, es un arma necesaria, imprescindible, y el español respondió al cara a cara de «saquetazos» con el suizo en el primer set. El destino no podía ser otro que el «tie break», territorio Federer. Lo ganó porque restó un poco mejor que Nadal. La evolución del suizo se ve ahí. Tampoco se ha querido ni se ha podido estancar. Djokovic y Nadal se han superado y aprietan. El suizo, por muy bueno que sea, también ha tenido que hacerlo y su golpe de revés es la prueba. Elegante lo ha sido siempre, ahora es más letal que nunca. Tanto durante el punto como en el resto.

Cuando Roger conseguía poner en juego el servicio de Rafa, lo hacía profundo, a los pies del español, con lo que Rafa perdía la iniciativa. Ésa fue la clave del partido. Por ahí tomaba ventaja el ocho veces campeón en Londres, y después la confirmaba con su propio saque, impecable de nuevo. No es una cuestión de velocidad, es la variedad que tiene en ese primer golpe: cortado, con efecto liftado, plano... Todos los ejecuta bien.Pese a todo, la primera rebelión de Nadal llegó en el segundo set. Cambió el partido, los saques ya no se imponían, el break estaba al caer. Tuvieron opciones ambos, las aprovechó Rafa y Federer se tomó un respiró. Cuando tenía el parcial muy cuesta arriba dio la impresión de que lo «tiró». Había que ahorrar fuerzas para lo que quedaba. El duelo subió de revoluciones y calidad. Los mejores momentos estaban por llegar. El empuje del helvético y la resistencia de Nadal. La precisión en la red del suizo y la negativa de su oponente a rendirse. De nuevo los buenos restos profundos del suizo le permitieron conseguir alguna pelota de ruptura, pero cuando enfilaba la recta final no terminó de cerrar el duelo. En otra ocasión se podía haber enredado mentalmente el rey de la hierba. Le ha pasado muchas veces contra Nadal. Pero ahora está como más liberado, juega con menos presión y se ganó la posibilidad de intentar volver a ganar Wimbledon. Rafa se llevó la derrota que en el momento duele, pero así se puede perder. Nada se le puede reprochar.