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Sauto, el mexicano del Real Madrid que sobrevivió a una checa y luchó para Franco

Jugó en el conjunto blanco entre 1933 y 1944 y llegó a ser capitán. Ejerció de enlace de guerra para el bando nacional durante la Guerra Civil

José Ramón Souto con la camiseta del Real Madrid
José Ramón Souto con la camiseta del Real Madrid FOTO: guerraenmadrid.net La Razon

La unión entre México y el Real Madrid comenzó mucho antes de Hugo Sánchez. Aunque muchos aficionados no lo recuerden, otro mexicano anterior al mítico delantero militó en las filas del club blanco y estableció unos lazos con España que le llevarían incluso a batallar para Franco en la Guerra Civil. Esta es la historia de José Ramón Sauto.

Nacido el 7 de septiembre de 1912 en el Distrito Federal, José y su familia no tardaron en emigrar con rumbo a Europa. Con la idea de conseguir un mejor futuro y obligados por el contexto de violencia e inestabilidad durante el periodo de la Revolución, los Sauto Hurtado emigraron a España.

Tras su muerte en 1994, poco se sabía de la vida del que fuera capitán del Real Madrid durante dos temporadas, un jugador que encantaba a Santiago Bernabéu y al que la Guerra Civil le llevó de los terrenos de juego a los campos de batalla. Fue también el primer futbolista mexicano en disputar un Clásico. Pero el historiador Alberto Vargas en su obra “Guerra en Madrid” rescata la historia de un jugador que defendió la camiseta blanca en 137 partidos, fue tres veces segundo en la Liga y ganó la Copa de 1936, la última antes de la Guerra Civil.

Finalizada su formación escolar, se incorporó a la disciplina del Imperio Football Club de Madrid. En él permaneció dos temporadas y su mayor logro con el equipo fue el de consagrarse vencedor del Campeonato de Castilla de Aficionados y del posterior Campeonato de España de Aficionados en 1932 antes de ser traspasado al Madrid Football Club donde vivió su mejor época como jugador.

Su debut en competición oficial se produjo el 17 de diciembre de 1933 en la derrota de los madrileños por 0-1 ante el Betis Balompié. Permaneció en el club hasta el año 1944, siendo uno de los pocos jugadores que volvieron al equipo tras la Guerra Civil Española que paralizó las competiciones deportivas y que dejó al club muy mermado.

Asalto al cuartel de la Montaña

Según recoge Vargas en su blog, el verano de 1936 estaba siendo intenso para José Ramón Sauto porque tenía que compaginar el fútbol con el servicio militar en el Cuartel de la Montaña. Ser futbolista del Real Madrid le daba ciertos privilegios aunque seguía haciendo guardias con normalidad. El 18 de julio, inicio del alzamiento, sorprende a Sauto de permiso por lo que no participó en los enfrentamientos del Cuartel de la Montaña. Allí se había hecho fuerte el general Fanjul con unos 150 oficiales del ejército, cadetes, militares sin destino y retirados así como falangistas y monárquicos. Tras los intensos tiroteos del día 20 y con decenas de muertos por parte de los sitiados y sitiadores, el cuartel cae definitivamente con la entrada en el recinto de las Fuerzas de Asalto y de la Guardia Civil así como por una turba descontrolada de personas que estaba combatiendo desde hacía horas en las calles aledañas al cuartel. El alzamiento en Madrid había fracasado y el intento de rebelión había sido sofocado por las fuerzas leales a la República.

Un madridista le sacó de la checa

Asaltado el Cuartel de la Montaña y con muchos de sus compañeros de mili muertos o detenidos, Sauto se escondió en diferentes viviendas de Madrid antes de ser detenido por pertenecer a la guarnición de La Montaña. Fue trasladado a la checa de la Plaza de Santa Barbara donde permaneció varias horas antes de ser puesto en libertad. Esta prisión dependía del cuartel Spartacus, un centro militar anarquista que se encargó, entre otras cosas, de depurar a los guardias civiles cercanos a los franquistas. En esta checa fue interrogado por varios milicianos, aunque el responsable de la misma, que era aficionado del Real Madrid, le reconoció y decidió ponerle en libertad. Le salvó la vida, le puso en la calle y le advirtió que se exiliase de la capital y encontrase un escondite seguro.

El futbolista se dirigió entonces a la embajada de México buscando asilo, y allí se encontró con altos dirigentes de la Falange, con Luis Carrero Blanco o con Ramón Menéndez Pidal, favorables a la rebelión. La embajada mexicana se vio desbordada y tuvo que utilizar varios edificios para dar cabida a tanto refugiado. Tras arduas gestiones diplomáticas, a medias de febrero de 1937 varias embajadas lograron que el Gobierno republicano garantizara la seguridad de un convoy con más de 800 personas que tenía como destino Valencia. Desde allí, Sauto se dirigió a Francia.

Enlace en la Guerra Civil

Sin embargo, el madridista no abandonó la causa por lo que no dudó en cruzar de nuevo la frontera hasta llegar a Pamplona, ciudad dominada por las fuerzas nacionales y se unió, junto a su hermano Ángel, a la IV División Navarra que dirigía Camilo Alonso Vega, amigo íntimo de Franco. Sauto se ofreció como enlace con una moto que se había comprado y se hizo famoso entre los mandos sublevados por la velocidad con la que era capaz de cruzar las líneas enemigas y trasladar mensajes, labor que desarrolló activamente en las batallas del Ebro o Brunete. En el frente de Madrid se le dio por desparecido hasta que apareció días después en un hospital de campaña con una herida en un brazo de la que nunca se recuperó totalmente pero que no le impidió seguir disfrutando del fútbol.

Tras la guerra volvió a la capital y se reincorporó al club, pero de una manera especial. Su contrato hasta 1936 era amateur y lo renovaba al acabar cada temporada. Su afectuosa relación con Santiago Bernabéu le permitió seguir jugando sin tener la obligación de ir a entrenarse cada día. Así, compaginando el fútbol con sus estudios de Medicina, permaneció jugando hasta 1944, fecha de su retirada.

Sin embargo sufriría en sus propias carnes las consecuencias de la guerra que el impedirían ejercer la medicina. Una inspección policial en un piso que tenía alquilado Sauto, dio con el descubrimiento en la casa del uniforme y la pistola de su hermano durante la guerra. La ley obligaba a todos los combatientes a devolver el uniforme y sus armas, pero Sauto, no lo había hecho por puro despiste. Eso le valió la apertura de un expediente que impedía que pudiera ser reconocido como médico.

El que puede considerarse el primer ídolo mexicano del Real Madrid falleció en la capital de España el 16 de abril de 1994, 50 años después de retirarse.