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Barcelona grita: “Cataluña es España”

La capital catalana recibió a la selección con los brazos abiertos, al ritmo de «Mi gran noche» de Raphael y el himno nacional cantado a voces por la grada al calor de las linternas de los teléfonos móviles

Un tifo con la leyenda "Barcelona con la selección" se desplegó en el fondo sur del estadio
Un tifo con la leyenda "Barcelona con la selección" se desplegó en el fondo sur del estadio FOTO: AFP7 vía Europa Press AFP7 vía Europa Press

Barcelona tenía ganas de ver a la selección. De gritar el «lolololo» del himno como si fuera la última vez que lo pudiera hacer en la vida, de sacar la bandera rojigualda en son de paz.

«Cataluña es España», gritaba el estadio de Cornellá. Una obviedad aparente que a veces parece necesario recordar. Cataluña es España, que jugaba en casa, aunque el primer jugador ovacionado fuera uno del rival, Keidi Bare, futbolista del Espanyol, que se encontraba en su estadio. El único local ante la ausencia por lesión de Raúl de Tomás.

La ovación era sólo un ensayo para lo que llegaba después, para el recibimiento al anuncio por megafonía de la alineación de España. Todos fueron ovacionados. Ni un pito hubo, daba igual que fueran debutantes como David Raya, veteranos como Morata, madridistas como Carvajal o barcelonistas como Pedri o Gavi. El nombre del futbolista más joven de la selección fue uno de los más coreados por la afición que llenaba prácticamente las gradas del RCDE Stadium.

Los jugadores de la selección fueron recibidos por un tifo en el que se dibujaba la silueta de Barcelona sobre la bandera de España y la leyenda “Barcelona con la selección”. Una grande y muchas pequeñas eran las enseñas rojigualdas, bastantes de ellas con un escudo del Espanyol en el medio, para que se notara cuál era el equipo que había reclamado la presencia de la selección de todos en el estadio y hacía de anfitrión.

Era una visita deseada, con su grada de animación y sus gritos de «Viva España» y de «Yo soy español». Los miembros de «Barcelona con la selección» habían sido los encargados de organizar ese fondo, esos cánticos y esas ganas de ver a España con la ilusión de que se convierta en algo un poco más frecuente que el paso del cometa Halley. Con el sonido de «Mi gran noche» de Rafael, que se contagiaba desde la megafonía, entraron los futbolistas en el partido. Era a la vez un ritmo y un deseo. Para muchos era de verdad su gran noche después de años de verse obligados a hacer kilómetros si querían ver a la Roja en directo.

«En pie si eres español» y «somos selección», se escuchaba también. Un grito que nacía del alma de uno de los fondos y que recorría todo el estadio. Era una fiesta el partido, aunque fuera un amistoso y el rival fuera Albania. Se vivía con la intensidad con las que se viven las cosas que no se sabe si se volverán a repetir, con el ánimo de lo excepcional. Un hecho histórico para muchos.

Y aunque en la ciudad no se adivinaba el ambiente de los días de partido, ni a favor ni en contra, porque todo se diluye en las grandes ciudades, en las cercanías del estadio se notaba la emoción de algunos. Desde la caravana organizada de vehículos que viajaba de Barcelona a Cornellá para calentar el encuentro al desfile de familias, uniformadas con sus camisetas y sus banderas para asistir al encuentro. Muchos niños disfrutaban de su primera vez sin saber que quizá también era la primera vez para sus padres. Y si no lo era, quedaba como un recuerdo difuso en su memoria de cuando todo parecía más sencillo. Cuando no había pandemias ni guerras cercanas y aún quedaban semanas para que Madrid se estremeciera con los atentados del 11-M.

La última visita de España había sucedido antes de todo eso, cuando Aznar era presidente y los homosexuales aún no se podían casar. Un recuerdo lejano que se refresca ahora, con el himno gritado por la grada al calor de la linterna de los móviles. Y un recordatorio: «Cataluña es España».