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El verdadero lugar en el que nació el fútbol, según los arqueólogos... Y no, no es Inglaterra

Investigaciones científicas sitúan las primeras civilizaciones en jugar a este deporte a miles de kilómetros de territorio inglés

Los orígenes del fútbol
Los orígenes del fútbol Archivo La razon

El fútbol es mucho más que un deporte. Forma parte de nuestras vidas, nuestras pasiones y nuestras conversaciones. En sus más de 100 años de historia, el deporte rey no solo nos ha regalado juego y goles, también ha dado pie a un buen número de anécdotas y curiosidades que sorprenden a todos los amantes del balompié. El fútbol es un juego muy antiguo que ha evolucionado con el paso del tiempo, hasta convertirse en la competición organizada que conocemos actualmente, bajo el mando de la FIFA y sus afiliados. Mucho se ha discutido sobre sus normas o cual es el el mejor futbolistas de la historia pero, si algo parecía estar claro, eran sus orígenes.

En Inglaterra fue donde se gestó, en el siglo XVII, el fútbol moderno, bastante más violento que el de hoy en día. También fue donde se fundó la Asociación Inglesa de Fútbol en 1863, recogiendo todos los códigos no escritos que, hasta el momento, habían regulado las reglas del juego. Sin embargo, las investigaciones llevadas a cabo por arqueólogos sitúan la cuna de este deporte a miles de kilómetros de suelo británico.

Los orígenes del deporte de equipo

Los chinos fueron los primeros en divertirse dando patadas a pelotas y metiéndolas en redes como deporte en el siglo III a.C., y el deporte conocido mundialmente como fútbol se formalizó en Inglaterra en el siglo XIX. Pero el predecesor de este deporte con balón más moderno tal y como lo jugamos hoy en día se encuentra en las Américas, según un estudio publicado por National Geographic. “La idea de deporte en equipo se inventó en Mesoamérica”, afirma Mary Miller, profesora de historia del arte de la Universidad de Yale (Estados Unidos) que ha estudiado numerosas pruebas sobre el deporte.

En Mesoamérica, la vasta región histórica que se extiende desde México a Costa Rica, las civilizaciones florecieron mucho antes de que Colón las “descubriera” y muchos de estos pueblos jugaban un deporte con una pelota pesada hecha de una sustancia derivada de la resina de los árboles.

No está claro dónde se inventó exactamente el deporte, pero era popular en muchas de las culturas mesoamericanas, como los teotihuacanos, los aztecas y los mayas, hace unos 3000 años. Su nombre variaba —ullamaliztli en azteca, pok-ta-pok o pitz en maya—, al igual que sus reglas, que incluían jugadas como mantener la pelota en juego dándole con partes del cuerpo o usando raquetas o bates.

El juego de pelota mesoamericano fue un juego ritual cuya práctica se extendió a lo largo de los tres mil años de historia precolombina mesoamericana en todas las culturas de la región. Al inicio de la dominación española el juego fue prohibido por los inquisidores dominicos, aunque sin desaparecer del todo.

Muchos juegos se jugaban con una pelota de caucho de unos 7 kilos, que todavía encontramos en los registros arqueológicos. Otras evidencias del juego las encontramos desde en vasijas de cerámicas hasta en las más de 1300 relieves escultóricos en piedra que se han hallado por toda la región.

Estas antiguas civilizaciones perfeccionaron el proceso de elaboración de pelotas de caucho milenios antes de que apareciera el proceso moderno de vulcanización del caucho.

El registro histórico contiene pruebas en forma de escritos de la era colonial por parte de Diego Durán, sacerdote dominicano cuyos testimonios en primera persona sobre la vida azteca incluyen una descripción del deporte tal y como se practicaba en 1585.

El sacrificio del perdedor

Los jugadores aztecas lanzaban la bola de aquí para allá entre los equipos usando solo sus caderas y sus nalgas (no se permitía usar pies ni manos). Intentaban que rebotara sobre una línea central y tirarla contra la pared posterior de la pista de sus oponentes, y normalmente sufrían lesiones graves cuando les golpeaba la dura y pesada pelota. Si un jugador lograba meter la pelota por un anillo en el lado del equipo contrario, eso suponía una victoria automática. El ganador del partido, según escribió Durán, «era homenajeado como un hombre que hubiera vencido a muchos y ganado una batalla».

Los perdedores de algunos partidos rituales eran sacrificados.

En el siglo XIX, los colegios británicos le darían la definitiva vuelta de tuerca hasta convertir este deporte ancestral en el futbol moderno que hoy conocemos, pero eso ya es otra historia.