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Fuenlabrada

Cara a Cara: ¿Debió ser Villa el «9» de España y no Costa?

Foto: Efe
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Traicionando a «uno de los nuestros»

Cuántas vueltas da la vida, querido Alfredo. Todavía resuena en mi memoria aquella frase de Vicente defendiendo a Casillas con una rotundidad insultante. Ese «uno de los nuestros» pensé que se refería a un núcleo, al sector más duro del vestuario de España. Erré. Se refería a Iker y, por extensión, a Xavi. No hay más intocables. Vicente, siempre dispuesto a sacrificar estados físicos por el ecosistema del colectivo, sacó de la manada a David Villa. El hombre-gol. El referente en ataque. Quien daba aire y entendía a la perfección el juego nacional. De repente, se convirtió en un daño colateral del capricho Diego Costa. El asturiano, siempre tan efectivo, se veía relegado. Papel secundario en beneficio de un compañero que ni siquiera disputó un minuto en el camino a Brasil. Villa debió ser titular ante Holanda y Chile según los cánones del seleccionador. Tenía el derecho a formar con Iker, Xavi o Alonso en el once inicial. No. Su sitio tenía nombre y apellidos registrados en Lagarto.

Ni una despedida honrosa

Mientras Casillas tenía la oportunidad de lucir brazalete o Xavi Hernández de intentar ¿dirigir? el juego de España, Villa se sentaba en el banquillo en la hora de los elegidos. Noventa minutos allí ante Holanda. Noventa minutos allí frente a Chile. Con todo perdido, con las maletas esperando en el autobús, le llegó la despedida. El máximo goleador del fútbol patrio despidiéndose con minutos basura. Injusto. Demasiado injusto. La fractura, evidente. El desencuentro, palpable debido a una más que discutida decisión final. Ni siquiera un partido completo. Un cambio, un golpe a su trayectoria. Una sustitución, una tropelía a una leyenda irrepetible. David Villa se merecía honores y reconocimiento, no una despedida por la gatera. Su mirada y escenificación festival mientras apuraba sus últimos metros como internacional hablan solas. Alfredo, justificar esto te será imposible.

El guaje ha preferido un retiro dorado

Vamos a ver si, de una vez por todas, somos capaces de aclarar este asunto del «nueve» que tan bien os ha venido a algunos para seguir montando los numeritos que habéis querido disfrazar de debates futbolísticos. Porque no hay manera de haceros entender que durante la temporada, y llegado el momento de tomar una gran decisión sobre la figura del delantero centro, Del Bosque arriesgó de forma honesta y calculada con Diego Costa. Por entonces, ni tú ni nadie, José Luis, podíais discutir su momento de forma y sus números. Siento el máximo respeto y una profunda admiración por David Villa (18 goles en 52 partidos), pero sólo un inconsciente puede convencerme de que este año ha estado mejor que el de Lagarto (36 goles en 52 partidos). O que un chico de Fuenlabrada llamado Torres, al que le ha faltado confianza en su club, no le puede limpiar de la Selección.

Un cambio sin intención

Un cambio sin ninguna mala intención. Un cambio, por cierto, el de Mata por Villa, con el que España ha acabado jugando mejor. No me hables ahora de diplomacia y cosas por el estilo. ¿Por qué le tiene que dejar Del Bosque en el campo? ¿Era un partido de homenaje a Villa que la Federación había organizado con la FIFA para despedir al Guaje? No es de recibo que ahora culpéis a Del Bosque de haber obrado de mala fe. A mí no me engañáis, José Luis. El final del ciclo de Villa en la Selección lo ha marcado él con un retiro dorado. Ésa es la única verdad. Os conozco bien, José Luis. Demasiado bien. La colección de teorías que habéis ido reuniendo para dinamitar al seleccionador tienen el mismo olor. ¿Sabes a qué huelen? A venganza. Y ahora, se trata de convencerme con la titularidad de Villa. El Guaje, y eso sí es incuestionable, es el máximo goleador histórico de la Selección. Tan incuestionable como que esta temporada el verdadero delantero centro del Atlético no era él, sino tu amigo de Lagarto.