Casemiro: Más que un pulmón

Volvió a marcar en una final, como en la de la Champions ante la Juventus, y sólo falló uno de los 58 pases que intentó

Volvió a marcar en una final, como en la de la Champions ante la Juventus, y sólo falló uno de los 58 pases que intentó.

Dijo una vez Kevin Garnett que tener en su equipo a Shaquille O’Neal era algo así como el olor de las sábanas limpias secadas al sol. Tenerlo al lado hacía que todo fuese más fácil y producía en el resto una sensación de seguridad parecida a la que inspira a sus compañeros la presencia de Casemiro. Es el amigo de todos, el guardaespaldas que corre por los demás y, últimamente, algo más que eso. El chico tímido, trabajador rodeado de estrellas ha dado un paso adelante para convertirse en protagonista en los días importantes. El sudor se le supone y no se guarda ni una gota mientras se atreve a hacer cosas cerca del área contraria. La UEFA eligió a Isco el MVP de la final de la Supercopa porque el fútbol del malagueño es más bonito, pero si hubo otro nombre además del suyo en el partido fue el de Carlos Henrique José Francisco Venancio Casimiro, que así se llama el brasileño.

Se adueñó del centro del campo con toda la autoridad, mientras Ander Herrera y Matic desaparecían y Pogba se limitaba a hacer virguerías para Youtube. Ninguno de los carísimos centrocampistas del United tuvo la influencia en el partido del chico que llegó al Madrid a través del Castilla, se curtió en el Oporto y volvió para quedarse. Él ha aceptado su papel de futbolista distinto entre las estrellas, su perfil es distinto, aunque también se regala alguna foto para el recuerdo. Marcó el 2-1 en la final de la Liga de Campeones frente a la Juventus con un disparo desde fuera del área en el que sólo él creyó y el martes, en el momento de más dominio del Madrid, se fue directo a por el United para abrir el marcador. Ya había avisado con un remate al travesaño a la salida de un córner y poco después apareció entre el lateral y uno de los centrales ingleses para rematar de primeras un pase de Carvajal. No era su sitio ni el futbolista que debía aparecer por allí, pero su confianza le permite estas licencias que el equipo agradece.

El curso pasado hizo seis goles, más que nunca en su carrera, entre ellos, el que dio los tres puntos al Real Madrid en San Mamés ante el Athletic. La temporada anterior también había sacado al Madrid de un apuro firmando casi al final un triunfo que se escapaba. Otra vez surgió a balón parado, con esa fe que le ha convertido en un futbolista clave. Cuentan los que le conocen que sólo cree en el trabajo para llegar al éxito y que se toma días libres casi por obligación. Se preocupa mucho de los pequeños detalles y de hacer grupo en cada una de las charlas. Está a disposición de todos dentro y fuera del campo. Ha sido padre hace poco y, aunque pueda parecer que lleva toda la vida jugando, sólo tiene 25 años. Despuntó muy joven, debutó con la selección brasileña con 19 años, y cuando algunos ya dudaban de él fue cuando fichó por el Castilla, el comienzo de un camino que le ha llevado a donde está ahora. Resulta curioso que Benítez no confiara del todo en él para los partidos importantes y que fuese Zidane el que lo convirtiera en imprescindible.

Ante el United tuvo un 98 por ciento de acierto en los pases, el mejor de los madridistas, con 57 completados con éxitos de 58 posibles. Y no todos fueron para atrás o fáciles, porque se descolgó en ataque más que otras veces en muchos momentos. No se discute a Casemiro en el vestuario blanco, pero sí que se le ha buscado un sustituto natural para la temporada que acaba de arrancar. El curso pasado él y Marcelo eran los únicos que no tenían una réplica perfecta esperando en el banquillo. A veces jugaba Kovacic y en otras ocasiones eran Kroos o Modric los que retrasaban su posición para suplir a «Case», pero si estaba disponible, jugaba. Ahora ha llegado Marcos Llorente para aprender del mediocentro más veterano al mismo tiempo que le da un poco de respiro. El brasileño es el primero que ha agradecido la vuelta del canterano, consciente de que no puede completar todos los minutos y de que es lo mejor para el grupo.

Podrá descansar y los días grandes seguirán siendo para él, porque el resto se siente más seguro teniendo a Casemiro guardando sus espaldas. Y si hay que decidir partidos, también se apunta.