Atlético de Madrid

1-2 El Atlético firman el primer triunfo en la «Champions»

Mónaco - Atlético, en directo / Foto: Reuters
Mónaco - Atlético, en directo / Foto: Reuters

Cuando Saúl le regaló el balón a Falcao para que el Mónaco marcase el primer gol, volvieron a asomar las dudas en el bando rojiblanco, que había entrado con buen pie en el partido, con una jugada para el inexistente VAR en acción de Giménez y con un disparo de Diego Costa cruzado que se fue fuera. Sin embargo, el Atlético remontó, firmó su primer triunfo y demostró que es muy superior al equipo de Jardim, en el que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Ya no están Bernardo Silva, Mbappé o Lemar, ayer en el banquillo rojiblanco, y reinventarse cuesta. Sólo la figura de Falcao se mantiene erguida en un equipo gris, vulgar, que pone buena voluntad, y que, además, se presentó con bajas importantes. Como el Atlético no está todavía en su mejor versión y es un equipo imprevisible, que abusa de los balones largos y que hace las transiciones con dificultad el partido se le complicó tras el tanto monegasco.

El Mónaco se encontró con el tanto de Grandsir más producto de la casualidad que del buen juego. Sin embargo, el Atlético se vio obligado a remar contra corriente y a base de balones a Griezmann, del esfuerzo de Rodrigo y del trabajo de Koke aparecieron algunas triangulaciones con criterio. Y en una de ellas fue Griezmann el que le puso un balón medido a Diego Costa. Y el de Lagarto volvió a encontrarse con el gol. Lo había hecho en la Supercopa ante el Madrid, pero en la Liga está virgen. Simeone dijo que en los momentos decisivos aparecerían Diego Costa y Griezmann y así fue. La conexión fue perfecta, como el remate del hispanobrasileño.

Con el empate el Mónaco ya no supo cómo jugar. Insistio con sus cinco centrocampistas, dejó aislado a Falcao y apenas se acercó a Oblak. Tielmans pone pausa, calidad, pero al equipo le falta enjundia. Son jóvenes e inexpertos en los momentos claves. Y de eso se aprovechó el Atlético, que llegó en dos ocasiones antes de que Giménez volara por encima de los defensores para marcar el segundo y firmar la remontada antes del descanso. Correa, torpe, se hizo un lío en el área y un centro de Juanfran pasó por delante de Benaglio.

Sin ser una maravilla, con un fútbol cosido a ratos, con un buen balance defensivo, el Atlético se iba al vestuario con los deberes hechos. Había sido mejor que el rival. Le falta mucho para coger la forma y eso se vio tras la reanudación. El Mónaco quiso llevar la manija, esforzado en su intento de la igualada y en el equipo rojiblanco se pecó de conformismo, de defenderse sin el balón y sin apretar en exceso. El contragolpe no encontró su espacio. No hubo balones a la espalda de los defensores, las carreras de Juanfran y Lucas no tenían resultado positivo y sólo cuando se juntaban Griezmann y Koke dio la impresión de que podría pasar algo. Saúl no anda fino –Luis Enrique le ha sacado todo el jugo– y aportó poco a un centro del campo en donde la figura de Rodrigo empieza a ser fija. El canterano se ofrece, juega sencillo, va bien de cabeza y no pierde la posición.

Jardim buscó los remedios ofensivos con Mboula, el joven jugador que estuvo en La Masía, para darle velocidad por la derecha. Después lo intentó con Traoré. El equipo puso ganas, peleó y llegó un par de veces con peligro. Simeone, desde su palco, optó por Lemar en vez de Correa. El francés, en su vuelta a casa, se colocó en la derecha y trató de asociarse con Diego Costa.

No estaba el Atlético para dispendios y el partido entró en esa fase peligrosa en la que cualquier error te condena. El no buscar el tercer gol, más por juego que por ganas, fue clave. El último arreón del Mónaco obligó a Giménez a demostrar que por alto es inexpugnable. Un cabezazo de Glik pudo costarle un disgusto. Sin balón, demasiado atrás y pensando en la incapacidad del rival, el equipo de Simeone aguantó. Griezmann provocó una falta en la última jugada para acabar con las ilusiones del Mónaco. Triunfo forjado gracias al trabajo, a la mayor superioridad técnica y al reencuentro de Diego Costa con el gol. Una victoria que abre el camino a la esperanza. Una esperanza que debe ser mejorada con juego.