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Las últimas dudas de Ancelotti

Un hincha de San Lorenzo aterrizó ayer en Marrakech. Llegaba desde Buenos Aires, había estado unos tres días en Madrid y volaba con fe en que su equipo podía dar la sorpresa mañana. «En la semifinal, el entrenador les dijo que no corrieran, para estar más fuertes contra el Madrid», explicaba. «El encuentro que hizo el miércoles no se corresponde con lo que es el equipo», continuaba. «Aunque», añadía, «el Madrid es el mejor equipo del mundo». Y el que ha sumado 21 victorias consecutivas o el que ha sufrido la lesión de Modric y ha seguido ganando.

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Pocas dudas puede tener el entrenador de un equipo que lleva ese ritmo. Pero en los partidos decisivos como las finales siempre hay tiempo para dar un par de vueltas a las cosas. El Madrid pasa sus días en Marra-kech relajado, en el hotel Four Roses, un complejo de lujo, señalizado apenas se abandona el aeropuerto y al que es fácil llegar: sólo hay que seguir el rastro de la Policía, que aumenta según se acerca la puerta. Allí, esperando que el tiempo tan largo de las concentraciones pase lo más rápido posible, Ancelotti ve cómo evolucionan los futbolistas y medita un par de decisiones: una, la de Sergio Ramos, y la otra, la ya habitual del centro del campo, donde como le ha ocurrido en las dos finales que ya ha disputado con el Madrid, tiene que optar por un hombre. Si en la final de Copa del Rey, en abril, cuando empezó el ciclo ganador, la duda estaba entre Isco e Illarramendi y en la final de la «Champions» estuvo entre Illarramendi y Khedira; esta vez en las opciones vuelve a estar el futbolista vasco, pero ya no sólo teme que el alemán opte a un puesto en el que ha jugado los cuatro últimos partidos, es que sospecha que va a ser James el elegido para esa posición. El colombiano, el deportista más buscado en Google durante 2014, había disputado todos los partidos con el Madrid hasta que su cuerpo dijo basta. Aunque se temió lo peor, no fue tan grave y ha forzado para llegar al encuentro de mañana. James da al centro del campo lo que pide Ancelotti: llegada y sacrificio. Khedira le ofrece contención. Que el martes quitase a Kroos para darle minutos al otro alemán podía leerse como un mensaje hacia el encuentro de hoy. Illarramendi mientras, no se sorprende, no se inmuta y tampoco protesta. Juega cuando puede y no termina de convencer a Ancelotti.

El italiano vive los días previos a los choques decisivos con la felicidad de quien se sabe envidiado por el resto de entrenadores del mundo. Es su momento. La elección del futbolista del centro del campo le inquieta por si dar paso a James supone arriesgar demasiado, si físicamente no está bien del todo. El colombiano, que en su selección o en la Liga francesa no acostumbraba a recorrer tantos kilómetros, necesita su mejor forma para jugar en este Madrid. Sin embargo, el Madrid es superior al rival, ocupe quien ocupe ese sitio en el centro del campo.

Esa posición va a depender más de lo que le pida el cuerpo a Ancelotti que de otra cosa. En cambio, atrás, en el otro asunto que tiene que resolver el entrenador italiano, todo estará en manos, o en el muslo, de Sergio Ramos. Según sus sensaciones, jugará o no. Es el líder en la defensa, pero ayer, en el penúltimo entrenamiento del equipo, no saltó al campo con el resto de los compañeros. El martes marcó un gol, hizo un penalti y después tuvo que ser sustituido porque tenía una sobrecarga en la parte posterior del muslo. No hay medias tintas con él, que muy mal tiene que estar para perderse un encuentro con el que finalizar un año tremendo, tanto colectiva como individualmente. El Madrid está actuando con precaución. Sin él, el equipo pierde un líder espiritual, pero defensivamente tiene a Varane para sustituirle. Suficiente para ganar al San Lorenzo, por mucho que sus aficionados hagan kilómetros justificando sus esperanzas.