Argentina

Una final sin estrellas

El croata Corluka lleva una matrioska tatuada en homenaje a Rusia, país anfitrión y en el que juega desde 2012
El croata Corluka lleva una matrioska tatuada en homenaje a Rusia, país anfitrión y en el que juega desde 2012larazon

Juegue quien juegue la final del Mundial no será recordada salvo para la selección que levante la Copa Jules Rimet, como yo la conocí. Como mucho, habrá dos estrellas en las camisetas de los contendientes. O ninguna, como en el España-Holanda de 2010 en Suráfrica.

Si mis compañeros de deportes me hubieran dado unas horas más, hoy podrían leer quién es el primer finalista. No han querido. Así que, lo único que les adelanto es que los finalistas de la XXI edición del Mundial lucirán en sus camisetas menos estrellas que estrellas «michelin» tiene el restaurante más laureado de Madrid. En el mejor de los casos (un Francia-Inglaterra), sobre el terreno de juego habrá 30 estrellas, sumando los once titulares y los cuatro cambios si se alcanza la prórroga. En España, según la Guía Michelin hay 11 restaurantes con tres estrellas y otros 30, con dos estrellas. Con una, 177 más.

En el mejor de los casos, en el estadio Luzhniki, de Moscú, dos estrellas, siempre que jueguen Francia e Inglaterra. Ambas ganaron «su Mundial»: Inglaterra, en 1966, y Francia, en 1998. Puede que esté sólo una o que se enfrenten dos selecciones novatas, sin más estrellas que las que asomen en el cielo de Moscú, para lo que no habría que remontarse mucho tiempo atrás. A 2010, cuando España ganó a Holanda en Johannesburgo. El anterior duelo de aspirantes fue en 1978, en la cancha de River, en Argentina. El anfitrión cumplió con la tradición y ganó a Holanda. Nunca se ha dado el caso de enfrentarse dos selecciones con una sola estrella. Sí, con un sólo título (en cinco ocasiones) y con cero (cuatro en las seis primeras ediciones). Pero esto último es de perogrullo. Es verdad que no hubo que esperar mucho a que, al menos, hubiera en el último partido una selección laureada. En 1938, en Francia, Italia consiguió su segunda estrella ante Hungría. Fue la tercera edición. Cuatro años antes, en Italia (también «su Mundial») había logrado la primera estrella frente a Checoslovaquia. La final más «estrellada» fue en 2002, en Corea-Japón: un Brasil-Alemania, con 7 estrellas, que acabó con la victoria de la «canarinha», entrenada por «Felipao» Scolari.

Con Brasil, Alemania, Argentina, Uruguay y ¿España? fuera; Italia y Holanda sin haber volado siquiera a Rusia, los cuatro últimos partidos del Mundial (tres para el lector) pueden pasar sin pena ni gloria porque son sólo para adictos. Si quiere apostar, hágalo por Croacia. Se paga 5,50 veces el dinero comprometido (en marzo, 33 veces). Si prefiere beneficios más pingües, mire a Milán. A su bolsa. A la Juventus. En tres meses (hoy se cumplen), las acciones de la «Vecchia Signora» han subido un 44%. Casi todo, desde el día que cobró fuerza la posibilidad de que Cristiano Ronaldo se fuera, lo que se consumó ayer vía comunicados. No esperen a que el portugués abra el pico. ¡¡¡Ay si los clubes españoles cotizaran en Bolsa. Lo que nos íbamos a reír!!!