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Jordi Ribera, una vida dedicada al balonmano

Nació en Sarriá de Ter, Girona, un lugar donde se respiraba balonmano. «Siempre digo que no sé si ese deporte me eligió a mí o yo a él, porque en mi pueblo no había otra elección», suele decir Jordi Ribera

  • Jordi Ribera
    Jordi Ribera

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30 de enero de 2018. 03:02h

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Francisco Martínez 30/1/2018

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En la zona mixta del Zagreb Arena, después de ganar la final a Suecia, Jordi Ribera pedía autógrafos a sus jugadores, que fueron plasmados en la pizarra que tiene mucha «culpa» del oro. El respeto por sus hombres fue respondido por estos con un manteo. «Es un reconocimiento al entrenador por su implicación», explica Cañellas, que no ha tenido un papel tan protagonista como otras veces, pero asume el rol que le pidan por el bien del grupo. En esa pizarra llena de firmas hubo durante dos semanas tácticas ideadas por un hombre que ha dedicado su vida al balonmano. «Es muy metódico, lo tiene todo muy medido», cuenta Javi Callejo, que estuvo al lado del hoy seleccionador tres años en el Ademar León. «Había días que abría él el club. Llegaba a las ocho de la mañana y menos las horas que pasaba entrenando estaba en su despacho analizando rivales, viendo jugadores...», continúa Callejo. El despacho, por cierto, estaba muy ordenado, de acuerdo con la meticulosidad que demuestra en su trabajo. «Hace muchos vídeos, conoce muy bien a los rivales», cuenta Dani Sarmiento de Jordi. «Quiere controlarlo todo, pero en el juego tenemos libertad. Esa mezcla es perfecta», añade Valero Rivera. «Le gusta mucho la metodología del balonmano, cómo hay que jugar», incide Sarmiento, uno de los que más le conoce, pues fue quien le dio la oportunidad de debutar al máximo nivel en el Galdar. Al club canario llegó después de pasar por el Arrate, y de ahí se fue al Bidasoa, al Ademar, a la selección de Argentina y a la de Brasil, en dos ocasiones. La última fue para llevarla a los Juegos de Río y formar allí una metodología de trabajo. Partía casi desde cero. En España llegó a un equipo campeón que pasaba un bache tras quedarse fuera precisamente de esa Olimpiada. Tenía que hacerlo volver a ganar y así ha sido. Antes de ir a Croacia prometió a su cuerpo técnico que si lograban el oro les invitaría a un tour por Brasil. Lo va a tener que cumplir. Ribera piensa en la absoluta sin descuidar la cantera. «Al Mundial júnior de Argelia, el pasado verano, nos acompañó y trabajó como uno más. Hacía vídeos como todos, analizaba a los rivales como todos, pero siempre respetó mi trabajo, no se metía en si teníamos que defender de una u otra manera», asegura Isidoro Martínez, el seleccionador de la júnior.

Nació en Sarriá de Ter, Girona, un lugar donde se respiraba balonmano. «Siempre digo que no sé si ese deporte me eligió a mí o yo a él, porque en mi pueblo no había otra elección», suele decir Jordi Ribera. Soltero, puede dar una imagen de distante, pero es sólo timidez. «Es muy accesible cuando tienes confianza, y tiene muy buen trato con el jugador, que puede consultarle cualquier cosa, de dentro y de fuera de la pista. En el Ademar ayudaba mucho a los jóvenes», desvela Callejo, que añade: «Es calmado, no se vuelve loco y manda un mensaje claro». Ese mensaje ha convertido a los Hispanos en campeones de Europa por primera vez en su historia.

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