Oro para una nueva estrella

Miguel Angel López
Miguel Angel López

Algunos compañeros de equipo estaban convencidos hace apenas una semana de que Miguel Ángel López tenía el oro de los 20 kilómetros marcha en sus piernas. El murciano confirmó las mejores expectativas y lo hizo con una carrera soberbia. Con 26 años, un crío para la marcha con todo el futuro por delante, se proclamó campeón de Europa. En realidad, ganó mucho más que el oro. El atletismo español está necesitado de éxitos que confirmen que el antiguo régimen está olvidado y que los tiempos oscuros y salpicados por operaciones «Puerto» y «Galgo» son sólo pasado. El oro de Miguel Ángel López y la plata de Vivas en peso apuntan en esa línea. Cuando a primera hora de la tarde España mandaba en el medallero de los Europeos, la foto era para guardarla. Dos jornadas y dos metales de atletas que nunca habían llegado tan alto son un motivo para la esperanza.

La marcha es la disciplina que más éxitos ha reportado al atletismo español (ver gráfico), pero la mancha del dopaje que derramó Paquillo Fernández necesitaba la presencia de alguien como Miguel Ángel para limpiar la memoria. El murciano no está solo. Hay más madera detrás: Álvaro Marín (20 años) y Luis Alberto Amezcua (22) fueron sexto y décimo, respectivamente. Sólo España coló a sus tres atletas en el «top 10».

Miguel Ángel López es un marchador atípico, técnicamente intachable. Además, su gesto no le delata, a diferencia de lo que sucede con la mayoría de los rivales y sus caras desencajadas cuando las medallas están en juego. Lleva el mismo rictus en el primer kilómetro que en el último. La clave está en su estilo. Bajo la supervisión de José Antonio Carrillo –entrenador de otro histórico como Juanma Molina–, marcha muy fluido, no bracea con violencia y los avisos, las amenazas de descalificación, le son ajenos. Tácticamente hizo una carrera perfecta. En el ecuador hizo la primera selección sin aparente esfuerzo. Y en el kilómetro doce, su ritmo exigente le dejó en cabeza junto a dos rusos y un ucranio. López tenía como acompañantes al campeón mundial más joven de la historia, Ivanov de 20 años; a Strelkov, vencedor en la Copa de Europa, y a Dmytrenko, ganador de la Copa del Mundo. Ivanov trató de probarle llegado el kilómetro 18. Fue un ataque tímido y del que desistió muy pronto. Sólo tenía piernas para seguir en el grupo. López mantuvo el ritmo y el primero en caer fue Strelkov. Segundos después, el que desistió fue el ucranio. A la altura del último avituallamiento, a menos de 400 metros para la meta, desencadenó otro ataque que fue letal. Fue incontestable, ganó el oro al esprint y cerró el último kilómetro con un tiempo de 3:37, una barbaridad.

«Esto es algo para la historia. Me he dejado el alma en los últimos metros. Ha sido una carrera muy difícil, muy igualada hasta el último mil. No se sabía quién iba a ganar, pero he tirado con todo lo que tenía, y mira, campeón de Europa. Era un sueño y todavía no me lo creo», confesó a Efe mientras la lluvia seguía cayendo en Zúrich. Su celebración fue tal como es él: el colmo de la tranquilidad, según le definen compañeros de equipo. Miguel Ángel venía avisando desde los Juegos de Londres de lo que era capaz. Fue finalista olímpico, bronce en los Mundiales del año pasado y ahora no ha hecho más que explotar. «Ahora, a seguir en esta línea. Llegaba muy en forma y esa gente que todavía no confiaba en mí deberá contar conmigo porque me he ganado el respeto de todos. A partir de ahora me van a mirar con lupa», comentó.

El reto ahora es el Mundial de Pekín y llegar a los Juegos de Río con posibilidades de aspirar a lo máximo. Luego ya llegará el momento de pensar en si da el salto a los 50. De momento, su madre seguirá poniéndose todo lo nerviosa que no se pone él. «No pude dormir en toda la noche», aseguró tras la medalla. Todo lo contrario que su hijo. Miguel Ángel tiene ahora como objetivo conseguir entradas para los partidos de la Selección española de baloncesto en la Copa del Mundo.