Pinchazo tras pinchazo

Peterhansel los sufrió seis veces y Sainz tres el día que Roma se puso líder en coches. Barreda vuelve a ganar

Nani Roma tuvo una jornada perfecta para ponerse primero
Nani Roma tuvo una jornada perfecta para ponerse primero

«Queda mucho», dice Carlos Sainz. Y tiene razón, más todavía cuando en el Dakar hasta poco es mucho. Porque en cualquier momento se puede perder todo. La desgracia está a la vuelta de cada duna, o en cada río. El español y Peterhansel se quedaron atrapados por la crecida de uno de ellos y la tercera jornada de la carrera más exigente del mundo fue un infierno para ellos. Luego estuvo el otro problema: los pinchazos. Uno tras otro fue acumulando el campeón de la prueba en once ocasiones, Peterhansel, que nadie está libre de nada en el Dakar. Hasta seis veces vio dañadas sus ruedas. «Nunca me había pasado», reconoció tras relatar que se encontró de una vez con tres neumáticos llenos de pinchos de madera cuando iba liderando la etapa. Hasta en tres ocasiones le sucedió a Sainz. En dos de ellas tuvo que cambiar las ruedas y en otra, cerca del final, resistió hasta la meta. «El coche está tocado, había sitios donde pensaba que no cabía», continuó Carlos.

Nani pide prudencia

Días así los tienen todos los pilotos en este rally. Y jornadas en las que, pudiendo pasar de todo, nada sucede, o muy poco, como la que tuvo Nani Roma. El catalán ya se ha situado primero. Iba por detrás de Sainz y Peterhansel y, mientras ellos pinchaban, Roma avanzaba, aunque los neumáticos tampoco estaban perfectos. Les faltaba aire. «He tenido que bajar el ritmo porque notaba que el coche se movía», reconoció después de pedir mucha calma: «Tenemos que ser muy prudentes y estar más serenos que nunca». Queda mucho, como decía Sainz, y Nani lo sabe. Además, ésta es la edición más dura de las que se han disputado en Suramérica.

Si Roma aspira a todo en coches lo mismo puede decirse de Barreda en motos. Va muy en serio y ya se ha llevado dos de las tres etapas. Puede presumir de ser el primero en haber vencido a 4.300 metros de altitud, que es donde llegó la carrera. Fue el rey de la montaña, uno de los muchos peligros que tuvo el día de ayer. «Subiendo la cordillera me tuve que emplear a fondo y con la segunda marcha a velocidad para hacer las partes con más pendiente. Era muy agotador en la altitud extrema, y necesitaba estar muy tranquilo para no cometer errores», confesó el castellonense, que durante algunos momentos tuvo que pararse para no perderse. «Lo hice para leer y seguir por la pista correcta. Mantener la cabeza fría ha sido fundamental», confesó.

Las motos disputaron ayer una jornada maratón, por lo que los equipos de asistencia no se encontraban en la meta y son los pilotos los que deben hacer la puesta a punto de sus vehículos para hoy, que les esperan 352 kilómetros de especial con caminos secos, ríos y cañones. Los coches, por su parte, tendrán que pelear durante 657 kilómetros cronometrados. Una pasada.