Ray Zapata: «En gimnasia siempre se tiene miedo»

Ray Zapata / Gimnasta. Llegó a Lanzarote con 10 años en busca de una vida mejor. Su madre, con pocos recursos, lo dio todo para que fuera gimnasta y los sacó adelante a él y a sus tres hermanas. Con su primera beca evitó que la desahuciaran

Ray Zapata
Ray Zapata

Llegó a Lanzarote con 10 años en busca de una vida mejor. Su madre, con pocos recursos, lo dio todo para que fuera gimnasta y los sacó adelante a él y a sus tres hermanas. Con su primera beca evitó que la desahuciaran

Ray Zapata (Santo Domingo, 26/05/93) revisa las fotos para la entrevista y pide repetir alguna. Vuela en el módulo de gimnasia del CAR de Madrid, rodeado de pequeños que se preparan para ser el futuro de la gimnasia en España, para llegar donde él: bronce en suelo en el Mundial, en Río sueña con todo. Hace seis años estuvo a un paso de abandonar su deporte por necesidad...

–¿Cómo descubre la gimnasia?

–En Lanzarote, con 10 años. Fui a una exhibición, vi a chavales hacer mortales y dije: «Quiero hacer esto». Me apunté a un primer club que era el servicio insular de deportes y estuve haciendo exhibiciones y aprendiendo un poco de suelo y demás. Más adelante me vieron en mi club actual, empecé a competir y hasta aquí.

–Dicen que era un trasto de niño.

–De pequeño era un desastre totalmente, estaba siempre liándola, lo rompía todo... Un caos. Pero cuando descubrí la gimnasia me calmé un poco. Era demasiado nervioso, me dejaba toda la energía en el gimnasio y llegaba a casa más tranquilo.

–Pero esos comienzos no fueron fáciles.

–Quería hacer gimnasia y mi madre no tenía trabajo, tenía que mantenernos a mí y a tres hermanas, pagar casa, agua, comida, luz, y aun así seguía ayudándome para que cumpliera mi sueño.

–Ha podido agradecérselo...

–Nosotros vivimos de alquiler y en la gimnasia no se gana mucho. Ella no tenía dinero, llevaba un par de meses sin pagar el alquiler, la casera quería su pago y la entrega de su casa. Cuando recibí mi primera Beca Podium (el programa de Telefónica y el COE para ayudar a jóvenes promesas) pudimos pagar eso, irnos a otro piso...

–¿Qué supone para usted la figura de Gervasio Deferr?

–Junto a Víctor Cano, me ayudó cuando estaba a punto de dejar la gimnasia, porque tenía 17 años y veía que se me pasaba el arroz gimnásticamente hablando. Ellos, junto con mi club, el Isla Lanzarote, me ayudaron a salir al CAR de Barcelona, donde estuve tres años antes de que me llamara el seleccionador español.

–¿A punto de dejarlo dice?

–Estábamos en el proyecto de ir al CAR de Madrid o Barcelona e iba lento. Era septiembre y me habían dicho que ese mes ya me incorporaba a Barcelona, pero yo veía que pasaba septiembre, octubre, noviembre... Y decía: «Si en diciembre no me llaman, será que la gimnasia no es para mí». En noviembre me llamó Gervi: «Te han aceptado la beca». Fue increíble, al límite.

–¿Qué siente cuando vuela unos segundos?

–Lo paso muy bien. Me divierto. Es lo que me gusta, aunque ahora es mi trabajo, mi deporte, y es más serio. Pero, por ejemplo, haciendo fotos o vídeos sí lo disfruto, porque no me preocupa cómo caer.

–¿Ha tenido miedo alguna vez?

–Siempre se tiene miedo en la gimnasia porque es muy difícil, y si te despistas un momento te puedes hacer mucho daño y caer de una mala manera que te impida incluso seguir haciendo gimnasia.

–¿Será muy diferente su ejercicio de Río al del Mundial?

–He cambiado una serie, subo tres décimas de valor, lo que en gimnasia es un mundo, te puede dejar con o sin medalla. El ejercicio es más difícil y ahí lo llevamos, intentando clavarlo todo, pulirlo.

–¿Es fácil sorprender a los jueces?

–No, pero cuando haces algo que no hace todo el mundo es el «ooh». Cuando logras que el público diga «ooh», has sorprendido, y no sólo a ellos, a los jueces. Te miran y valoran de otra forma.

–¿Cuántas veces puede repetir un ejercicio?

–Mínimo 200. Éste lo he hecho igual sesenta, pero me queda el mes de carga, porque es nuevo y cuando te caes lo vuelves a repetir. Las series se repiten más de mil veces al año, pero aun así puedes fallar. No somos máquinas, pero cuantas más veces lo hagas, menos probabilidades hay de fallar.

–¿La clave es controlar y conocer el cuerpo?

–Tienes que controlar tu cuerpo como si fueras una máquina. No puedes poner un pie aquí porque te va a salir mal y te la vas a pegar; no puedes cerrar los ojos en este momento porque tienes que estar pendiente de dónde estás y ya no puedes clavar...

–¿Existe la perfección?

–La gimnasia es la búsqueda de la perfección. Cada día entrenas, trabajas un elemento y aunque puedas pensar que ya está... ¡No! A lo mejor falta que estires la punta del dedo, que cuando claves tengas los pies paralelos y luego juntos los talones para que no te quiten una décima o que en el aire no haya ningún ángulo del cuerpo cerrado. Buscas la perfección para que no te quiten ni una décima.

–¿Qué le aporta la música?

–Me encanta entrenar con música. Entre aparato y aparato me echo algún bailecito, esto es un deporte muy duro y no puedes estar siempre concentrado por el desgaste mental... Son muchas horas en el gimnasio. Hay que tener disciplina, pero también un punto de cachondeo, de juego. Muchas veces terminas un ejercicio, estás cansado y dices: «Vamos a poner esta canción que me encanta y voy a hacer el siguiente». Y con la tontería de la música lo terminas haciendo. Es algo psicológico que te ayuda.

–Su hermana Raycelis busca hacerse un hueco en ese mundo.

–Se está dedicando a la música y progresa poco a poco. Es ella sola, la ayudo en lo que puedo, como mi madre a mí. El mundo de la música es más difícil porque hay mucha gente, pero mientras pueda ayudarla, lo haré.

–¿Qué significan sus tatuajes?

–(Los señala). En el antebrazo derecho, el nombre de mi madre; en el izquierdo, el de mi padre. Luego el maorí en la parte izquierda. Los maoríes cuando lograban una hazaña o ganaban una guerra se tatuaban y esto les identificaba como guerreros. Además, esta cara simboliza un poco agresividad, porque en el terreno competitivo yo me considero agresivo.