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Djokovic gana su quinto Wimbledon tras superar a Federer en la final más larga de la historia del torneo

Djokovic lleva ya 16 títulos del Grand Slam, acercándose a los 18 de Nadal y recortando la distancia con Federer, que suma 20. El suizo tuvo el partido en su mano e incluso dos pelotas para llevarse el campeonato, ambas con saque, pero ahí sacó Nole toda su solidez

Djokovic lleva ya 16 títulos del Grand Slam, acercándose a los 18 del español Rafael Nadal

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Apoteósico, difícil recordar algo parecido. Un partido para la historia entre dos tenistas veteranos que demostraron que quien quiera quitarlos de ahí (a ellos y a Nadal), tendrá que jugar muy bien al tenis. Dos leyendas cara a cara: la de Federer y sus 20 Grand Slams, que buscaba su noveno título en Wimbledon; el rey de la hierba, contra el jugador que más difícil se lo ha puesto sobre ella, y que lo volvió a hacer. Porque enfrente estaba el mito de Djokovic, que perseguía y ganó la quinta corona en el All England Club con su gran tenis, su capacidad de jugar bien en los momentos importantes y sus mil vidas. Venció por 7-6 (7/5), 1-6, 7-6 (7/4), 4-6 y 13-12 (7/3), estrenando por todo lo alto el novedoso formado del torneo londinense: con tie break en el quinto set cuando se llegue al 12-12. Justo en los desempates es cuando el serbio sacó su carácter y su capacidad de sufrimiento. Su solidez. Qué roca Nole. Terminó el partido habiendo ganado menos puntos globales que su rival (203, por 218 del suizo), pero los más decisivos cayeron de su parte. Estuvo serio toda la jornada el número uno. No era un día para tonterías, para gritos a la desesperada, para desquiciarse. Concentración, concentración y concentración ante las adversidades. Hasta el cuarto set, y tras dos horas y 47 minutos de batalla, no tuvo su primera pelota de break el serbio. Eso no le impedía ir mandando en el partido por dos parciales a uno. Pero tampoco Federer se rindió cuando le llegaron malas. Al perder el segundo tie break parecía que se podía dejar ir, que la cabeza diría que es suficiente, pero volvió al encuentro.

Aunque para capacidad de resistencia la de Djokovic: 8-7 para el suizo y 40-15 en el quinto y último set. Y con su saque Roger. Lo tenía. Pero entonces se creció el serbio y se arrugó un poco Federer. Hasta a los más grandes les pasa. Resucitó el número uno del mundo contestando con una ruptura a la que le había hecho el helvético y el partido siguió, eterno, inolvidable. Tampoco encajó mal el golpe el suizo. No se hundió. Siguió entero y se llegó al tie break decisivo, en el que Djokovic, otra vez fue mejor.

La solidez y el temple de Djokovic pudieron más que el juego preciosista y ofensivo de Federer, que dominaba con el saque, que tenía más oportunidades que su rival en el desarrollo de los sets, pero que al final cedía en los desempates. Tuvo trece oportunidades de ruptura, y concretó siete. Nole ganó tres de las ocho de que dispuso. Números parciales: el global, el que más vale, se decantó para el mismo lado. Así sucedió en el primer y en el tercer parcial. Y en el quinto también. En al segunda manga Djokovic se dejó ir cuando lo vio todo en contra, y en el cuarto, más disputado, también impuso su juego Federer. De ahí se pasó al set de infarto y a las nuevas oportunidades para el suizo, que le costará olvidar: mandó fuera un tiro en la primera pelota de partido y subió a la red a lo loco, a asustar, después. Y del 40-15 se pasó al 40-40, después a la ruptura. A seguir jugando cuando todo podía haber acabado. Y durante toda la tarde, puntazos, voleas de Federer, reveses increíbles de Djokovic, defensas del serbio, que también ganó en la red puntos a lo Becker, lanzándose estilo Superman... Fueron 4 horas y 57 minutos, la final más larga en la central de Wimbledon, superando la histórica de 2008 entre Federer y Nadal, que se fue hasta las 4 horas y 48 minutos.

Los dos tenistas fueron fieles a lo que son. El público iba con Federer por su manera de jugar, al ataque: 65 subidas a la red y 51 puntos allí. Para ganar a Djokovic hay que jugar al ataque, pero ¿cómo vencer a una pared? La pelota vuelve una y otra vez cuando el serbio está enfrente. Pero no sólo eso. No hay que confundir esa capacidad con ser defensivo. Porque a la mínima, pasa al ataque. Un resquicio, y se cuela. Una pelota corta, y golpe ganador que va. Y ni un fallo de más. En los momentos en los que todos tiemblan, él saca lo mejor. Así sumó un nuevo Wimbledon, demostrando que es el dominador del momento. Justo en Londres hace un año se recuperó de su bajón anímico. A partir de ahí, ha ganado todos los grandes menos Roland Garros.

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