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España logra un necesario y sufrido 3-0 ante Ecuador

Carreño lo pasó fatal en su partido de individuales y el dobles estuvo a dos puntos de la derrota, pero el equipo de Bruguera sobrevive y logra un resultado que le mantiene con todas las opciones

Pablo Carreño y Marcel Granollers sumaron el 3-0 para España ante Ecuador con mucho sufrimiento
Pablo Carreño y Marcel Granollers sumaron el 3-0 para España ante Ecuador con mucho sufrimiento FOTO: AFP7 vía Europa Press AFP7 vía Europa Press

La eliminatoria «fácil» que tenía España en esta Copa Davis se convirtió en una pequeña tortura. Ganó a Ecuador y lo hizo finalmente por 3-0, pero dos de los puntos (el individual de Carreño y el dobles, en especial) fueron peor que ir al dentista para acabar obteniendo el premio. Ese resultado puede tener una importancia capital tal y como es el sistema de competición, en el que se clasifican para cuartos los líderes de cada uno de los seis grupos y los dos mejores segundos. El problema es que España tiene como siguiente «compañero» a Rusia, seguramente el rival más fuerte, el favorito a todo porque tiene a dos «top 10» Medvedev (2) y Rublev (5). Si el equipo de Sergi Bruguera vence mañana estará clasificado, sí, pero la tarea parece más que complicada, aunque esto es la Davis, el torneo en el que cualquier cosa puede suceder, el de los nervios extra y las sorpresas. En caso de derrota, habría que empezar a sumar victorias e incluso sets ganados, y ahí es donde el 3-0 conseguido puede tener su peso.

En esta Davis España no gana para desgracias: a la baja de Rafa Nadal, que ya se sabía, se unieron las de Bautista (rotura abdominal) y Carlos Alcaraz (covid) en plena concentración. Ante tanta mala suerte, Bruguera mandó a Feliciano a primera línea de guerra en individuales y el toledano respondió que «sí, por supuesto». Tiene 40 años, aunque no lo parece porque se mueve como un chaval, y lleva 18 al servicio de España en la Davis. Empezó nervioso, con una doble falta, pero fue el saque y esa mano que tiene en la red lo que le dio una victoria más trabajada de lo que parece ante Roberto Quiroz (6-3 y 6-3).

Después de todo, el comienzo fue inmejorable y Pablo Carreño lo tenía que rematar en el otro partido individual, que fue una pesadilla para el asturiano. Venció a Emilio Gómez, el 149 del mundo, (5-7, 6-3 y 7-6 [7/5]), pero pasó un rato muy, muy malo. Pablo no entendía lo que estaba pasando, no jugaba como suele, de la manera que conquistó la medalla de bronce en los Juegos de Tokio derrotando al número dos del mundo, Medvedev, y al número uno, Djokovic. Todo era complicado para el gijonés, bloqueado ante un oponente respondón que le daba ritmo e intercambios potentes que no terminaba de saber jugar bien. La batalla en la grada estaba entre el «sí, se puede; sí, se puede» de los ecuatorianos y los tambores, los «viva España» o «viva Asturias» con los que contestaba el público español en un Madrid Arena que fue cogiendo color. La eliminatoria con Ecuador estaba en principio desnivelada, pero se abría para los suramericanos por los problemas de Carreño, que cedió el primer set y se vio con una pelota de break en el segundo que olía a desastre. Estuvo muy cerca del precipicio, pero ese fue el comienzo de la remontada y de que sus golpes empezaran a hacer daño, sus servicios a picar y sus restos a tener veneno. Todavía vendió cara su derrota Gómez cuando, sin nada que perder, se soltó, salvó dos pelotas definitivas y forzó el tie break del tercero. Pero la cabeza de Pablo ya estaba preparada para la pelea...

... Y así tuvo que seguir porque Feliciano López descansó en el dobles y al asturiano también le tocó jugar ese punto junto a Marcel Granollers, el especialista. Todo empezó como un tiro con un 4-0 que hacía presagiar un último enfrentamiento tranquilo. Marcel es el siete del mundo por parejas, es una maravilla cómo se mueve en la volea para rescatar pelotas increíbles, y mandaba en el duelo. Pero Gonzalo Escobar y Diego Hidalgo se vinieron arriba. Tanto, que estuvieron a dos puntos de la victoria con 5-4 y 30-0 en el tercer set. Pero les quemó la responsabilidad y España terminó con una sonrisa (6-4, 6-7 [5/7] y 7-6 [7/2]) pasada la media noche y tras cinco horas en pista de Pablo.