La incógnita Calviño

Cuando Pedro Sánchez anunció que la vicepresidencia económica de su futuro Gobierno iba a recaer sobre Nadia Calviño, o bien estaba tratando de seducir a los votantes más moderados con un jarrón chino sin poder ejecutivo real dentro de su Gabinete (algo similar a lo que hizo Zapatero con Solbes ante los comicios de 2008), o bien estaba quemando las naves de cara a la venidera negociación con Podemos

Si Nadia Calviño lleva finalmente la batuta económica del próximo Gobierno, sería malo para nuestro país pero no catastrófico
Si Nadia Calviño lleva finalmente la batuta económica del próximo Gobierno, sería malo para nuestro país pero no catastróficoplatón

Cuando Pedro Sánchez anunció que la vicepresidencia económica de su futuro Gobierno iba a recaer sobre Nadia Calviño, o bien estaba tratando de seducir a los votantes más moderados con un jarrón chino sin poder ejecutivo real dentro de su Gabinete (algo similar a lo que hizo Zapatero con Solbes ante los comicios de 2008), o bien estaba quemando las naves de cara a la venidera negociación con Podemos autoimponiéndose un corsé de ortodoxia económica que los morados no tuvieran otra opción que aceptar. O expresado de otro modo: la incógnita todavía no resuelta es si el florero es Calviño o lo es Iglesias.

Esta semana, los socialistas han ido enviando diversas señales en mediante declaraciones públicas y filtraciones a la prensa en las que parecen dar a entender que Calviño reinará con puño de hierro el área económica del Ejecutivo y que los socios de Podemos quedarán reducidos a meros convidados de piedra.

Así, en primer lugar, la propia Calviño manifestó en una entrevista para Radio 4 que no considera especialmente baja la indemnización por despido que estableció la reforma laboral del PP en 2012: «Que se considere que eso es bajo es relativo. Cuando hacemos una comparación internacional, nuestro país no sale particularmente bajo en ese sentido». Y, a su vez, añadió que no convenía poner en riesgo la creación de empleo con contrarreformas de este estilo.

En segundo lugar, tras una semana de silencio tras el abrazo con Iglesias, Pedro Sánchez estuvo presente en el VI Congreso de la Empresa Familiar Europea donde quiso trasladar un mensaje de tranquilidad al empresariado. «La estabilidad presupuestaria y el compromiso con la disciplina fiscal formará parte de los ejes vectores del nuevo Ejecutivo», dijo. Es decir, que la lucha contra el déficit público seguirá siendo una prioridad del Gobierno y no veremos aumentos desmedidos del gasto público. En este sentido, fuentes socialistas también han trasladado que la base del acuerdo fiscal con Podemos será el anteproyecto de presupuestos de 2019 que ya negociaron ambas formaciones políticas. Un acuerdo que contiene una sangrante y dañina subida impositiva, pero que está muy alejada del maximalismo rapiñador por el que abogan los de Iglesias.

Y, finalmente, ante la enorme preocupación que ha cundido en el sector inmobiliario sobre las políticas de vivienda que pudiera aplicar el Ejecutivo socialcomunista, desde el PSOE también han filtrado que Sánchez no cederá a Podemos las competencias necesarias para regular el precio de los alquileres. Estarán al frente de un Ministerio del ramo, sí, pero, como ya sucediera en la oferta de Gobierno de coalición que fracasó el pasado mes de julio, no contarán con capacidad para fijar los precios.

Si todo lo anterior fuera cierto, si Calviño realmente llevara la batuta económica y los ministros de Podemos quedaran subordinados a la dirección de la socialista, entonces el Gobierno socialcomunista sería malo para nuestro país pero no catastrófico. El margen para empeorar lo presente, más allá de una subida tributaria gravosa, no sería muy grande. Algo parecido al Gobierno de izquierdas portugués, donde el Partido Socialista ha seguido, con escasas desviaciones, las directrices de Bruselas. Sin embargo, y conociendo a Sánchez, uno no debería desdeñar el riesgo de que las declaraciones y filtraciones anteriores sean embustes dirigidos a generar una falsa sensación de calma antes de la tempestad. Hasta que no conozcamos los detalles del acuerdo de gobierno, no se resolverá la incógnita Calviño.