“Las ayudas del Gobierno a los autónomos son solo paracetamol”

Sin clientes, con gastos fijos y con la incertidumbre de no poder recuperarse en un futuro. Cuatro autónomos cuentan cómo les han afectado el Covid-19 y las medidas del Ejecutivo

Elisa Antolín es su propia jefa y única trabajadora. Su estudio de pilates en Santander tiene tres años de vida y lleva cerrado desde hace una semana. No sabe cuándo volverá a abrir sus puertas, ni en qué condiciones. En una situación de alerta, el ocio es lo primero que sucumbe. Su actividad se centra en la terapia corporal ofreciendo sesiones individuales. “Mi trabajo no es posible sin la presencia física”, señala. Antes de que se declarase el confinamiento por la crisis sanitaria, “tenía de media unos 20 clientes al mes”. Además de su clientela habitual, buena parte de sus ingresos provienen de seminarios y formaciones que imparte en otras ciudades. “Sin posibilidad de desplazarme, ni de reunir a gente, las he tenido que cancelar todas por el momento”, cuenta esta autónoma.“Tengo que seguir pagando el alquiler del local, el seguro civil y el de robo. En total, unos 600 euros al final de mes, eso sin moverme de casa”, explica. Estos gastos quedarán saldados tras decretarse el fin de pago de las cuotas y el acceso a paro. No obstante, no tendrá ganancias y la “altísima” cuota de autónomos volverá a golpearla cuando se levante el estado de alerta. Elisa ve el futuro más confuso que el presente. “Muchos clientes que también se han visto afectados por esta situación tendrán que decidir cuáles son sus prioridades y buena parte de ellos no volverá ”, lamenta.

En Todo o Nada Tattoo dejaron claras sus peticiones al Gobierno empapelando la fachada de su local con carteles. Este estudio murciano pedía el fin de la cuota de autónomos mientras dure la crisis sanitaria. “Era lo más razonable desde un principio, aunque solo es un parche momentáneo”, recalca Alejandro Castro, jefe de Todo o Nada y autónomo desde hace 13 años. Sus máquinas de tatuar dejaron de sonar y la tinta de correr. Este no es el caso de los tatuadores clandestinos. “Están ofreciendo por internet rebajas de precios y con condiciones sanitarias nulas. Siguen recibiendo clientes y son un foco de propagación del Covid-19, mientras que nosotros estamos parados y tendremos que volver a hacer frente a las altas cuotas”, alerta “Alo Tattoo” -su apodo artístico-. El metro de seguridad se ha convertido en un gran abismo para el gremio. Sin poder tocar a sus clientes, Alejandro ha tenido que posponer las citas que tenía previstas para este mes. La incertidumbre aumenta aún más con la posibilidad de que todas ellas se conviertan en cancelaciones. “Mi trabajo y el de mis compañeros se ha perdido hasta nuevo aviso y la grave situación económica nos hace pensar que muchos clientes no volverán”, cuenta. Por el momento, lo que sí tiene claro es que los 2.000 euros de sus gastos fijos mensuales no desaparecerán. “Sigo teniendo que pagar el alquiler de tres locales, la luz, el agua, el teléfono, internet, y todo esto sin contar con mis gastos personales”, añade. “Alo” decidió donar parte de sus suministros sanitarios a un ambulatorio cercano, 1000 mascarillas quirúrgicas y 10 rollos de film transparente. “Hay que colaborar lo máximo posible en estos momentos”, añade el jefe de Todo o Nada. Una clase de gestos que los autónomos también reclaman al Ejecutivo para aliviar su situación.

El sector de la restauración intenta resistir gracias al servicio a domicilio. Laura Torres es jefa de la pizzería Roller Pizza junto a su socio David Serrano. En este restaurante de Fuenlabrada, un día cualquiera los clientes se agolpaban a montones en la sala a la espera de su pedido. Mientras, sus empleados trabajaban a destajo en la cocina y los repartidores entraban y salían a toda velocidad con decenas de encargos. Ahora, solo el servicio a domicilio es lo que les permite subsistir. “Hemos tenido que hacer un ERTE a 16 empleados. Nos hemos quedado nosotros solos y cuatro trabajadores que necesitaban el dinero para vivir”, señala Laura. Ellos trabajan en horario de comidas y cenas, y todo lo que ganen, incluido el paro, será para pagar a sus empleados y cubrir gastos. “Tenemos la suerte de conservar ese 20% de las ganancias procedentes de los repartos para evitar que la deuda de la empresa se haga muy grande”, cuenta. “La marcha atrás del Gobierno era necesaria”, añade. Sin embargo, pese a esta ayuda, el bar que hay junto a su local tendrá que cerrar, “sus gastos le superan”. La delicada situación económica golpea de igual manera al resto de bares y restaurantes españoles, cuyas salas y terrazas permanecerán vacías una larga temporada. El problema se plantea a largo plazo. “Los clientes volverán de forma progresiva. No estaremos 100% recuperados hasta últimos de año”, avisa.

España está en cuarentena, pero Michele Lamarucciola, teme aún más lo que pasará con la llegada de turistas cuando el virus se propague a Inglaterra o los países del norte. Michele prevé que el sector turístico se va a resentir “mucho más allá del parón”. Él y su mujer Pilar tienen un pequeño hotel de siete habitaciones en el norte del país, Le Petit Boutique Hotel. “Estamos en la situación de ser autónomos con empleados, lo tenemos aún peor”, alerta. Esta pareja de autónomos ha tenido que aplicar un ERTE a sus tres trabajadoras, aunque les consuela que puedan acceder al paro. Sin embargo, las ayudas del Gobierno a los autónomos “son solo paracetamol”. “Somo autónomos pero dependemos de los asalariados. Aunque esta medida alivie durante un mes nuestra carga, el sistema productivo español está derrumbado. Hay que ponerlo en pie”, reclama. “Deben respaldar la economía con todo el dinero que haga falta y con la ayuda del BCE”, añade. Michele y Pilar se encontraban en pleno proceso de ampliar su negocio. “Habíamos pedido un préstamo y aunque el país esté parado, tenemos que devolverlo mes a mes”, cuenta. Por el momento, ya han perdido la mitad de los ingresos de marzo y no saben hasta cuando durarán las cancelaciones. Pese al empujón del Gobierno, “vamos a tener que tirar de nuestros ahorros para pagar los gastos fijos, que no bajan de los 8.000 euros al mes”, concluye.