¿Por qué está tan cara la luz?

El megavatio, por encima de los 100 euros la hora, asalta el récord de 2002 aupado por los precios del gas, la demanda y los fuertes costes por emitir CO2 para generar electricidad

Tendido de alta tensión
Tendido de alta tensión

El precio de la electricidad no da tregua. El coste del megavatio alcanza hoy su nivel más alto en 20 años, casi 102 euros, y amenaza con asaltar el récord del 11 de enero de 2002, cuando el megavatio hora se pagó a más de 103 euros de media diaria.

En este nuevo rally eléctrico confluyen tres factores: los precios del gas para generación eléctrica, que se encuentran disparados sobre los de consumo general, los precios de los derechos de emisión de CO2, igualmente estratosféricos como consecuencia de las políticas de la UE para sobrecargar las tecnologías más contaminantes hasta hacerlas ineficaces (una transición que, como todo, abonan los consumidores) y, por último, la fuerte demanda por las olas de calor, cada vez más intensas.

La demanda prevista para hoy es de 531 gigavatios hora (GWh). Con la generación eólica bajo mínimos, a estas horas apenas aporta el 2% de la producción de electricidad, es la solar fotovoltaica (con un 24%) los ciclos combinados de gas (con un 20%) y la nuclear (20%) los que tiran del sistema. Consecuencia: hay que quemar mucho gas para producción eléctrica.

El sistema eléctrico español, como en casi toda Europa, es marginalista y casa su precio final con el coste de producción más elevado previsto para el día en función de las condiciones climáticas, de la demanda y de las infraestructuras, entre otros factores. Como hay que generar electricidad con gas natural, responsable de la generación por ciclos combinados, en más del 80% de las sesiones es esta tecnología la que determina el precio.

Detrás de esta tormenta perfecta energética se encuentran los altos precios del petróleo, a cuya evolución suelen indexarse los del gas natural. El acuerdo alcanzado entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos para aumentar la producción ante el repunte de la demanda ha rebajado con fuerza la cotización del barril de Brent, hasta los 68,5 dólares que está marcando hoy, y logrará templar levemente el precio de la electricidad, pero no lo suficiente.

Los precios del gas en los mercados europeos han subido de media del 16 de junio al 9 de julio un 18,3% con respecto a la quincena anterior, hasta los 34,41 euros MWh, 5,28 euros/MWh más que la quincena anterior. En el Mercado Ibérico del Gas (Mibgas), se han visto precios máximos diarios de hasta 38,09 euros/MWh. El precio diario en el Mibgas subió ayer un 3,7%, hasta los 37,57 euros/MWh.

Además del coste de la materia prima, los ciclos combinados deben pagar la penalización para poder emitir gases contaminantes. Son los llamados derechos de emisión de CO2, que cerraron ayer a 52,32 euros. En lo que va de julio, el precio de los derechos de CO2 alcanza los 53,88 euros/tonelada de media, por encima de la media de junio (52,78 euros/tonelada), que marcó ya el máximo mensual histórico. En enero, estos derechos se pagaban a 33,43 euros la tonelada y la media anual es de 44,78 euros la tonelada. Los precios de estos derechos de emisión de CO2 se trasladan también al coste final de generación de los ciclos combinados.

El resultado es que el alto coste eléctrico se ha comido las rebajas impositivas aprobadas por el Gobierno, que retocó el IVA eléctrico del 21% al 10% para los consumos de hogares hasta final de año y ha congelado un trimestre la tasa de generación del 7% que pagan las eléctricas y se repercute al precio. En el caso concreto del IVA, la bajada al 10% hasta fin de año se aplica a todos los consumidores con una potencia contratada hasta 10 kilovatios (kW), siempre que el precio medio mensual del mercado mayorista de la electricidad esté por encima de los 45 euros por MWh, lo que con los actuales precios del gas y de los derechos de emisión parece un hecho.

El precio de la energía tiene un peso cercano en la factura de en torno al 24%, mientras que alrededor del 50-55% corresponde a los peajes –el coste de las redes de transporte y distribución– y cargos –los costes asociados para el desarrollo de las renovables, a las extrapeninsulares y las anualidades del déficit de tarifa– y el resto impuestos.

Los perjudicados

Los pequeños consumidores que están en el Precio Voluntario al Pequeño Consumidor (PVPC, la tarifa por defecto fijada por la ley) y que suponen 11 millones de clientes y 10% de la energía consumida, son los más perjudicados, con el agravante de que la nueva estructura tarifaria introducida por el Gobierno penaliza los consumos en las horas en las que los ciudadanos están en casa al cargar la inmensa mayoría de los costes eléctricos regulados en las horas pico (costes al margen de la propia energía).

Al afectarles las oscilaciones de precios aumenta también su carga impositiva en la factura, por lo que pagarán mucho más (el 60% de los costes eléctricos son impuestos, recargos y otros costes que nada tienen que ver con el suministro).

El Estado siempre gana

Por contra, los “beneficios fiscales caídos del cielo” para el Estado provienen de varios frentes: el IVA sobre la factura final, uno de los mayores de Europa y reducido transitoriamente al 10% para los hogares; el 5,1% que pagan los usuarios por la energía consumida y la mayor recaudación por el importe de las subastas de derechos de CO2, no menos de 1.000 millones adicionales.

Unos 20 millones de clientes no se ven impactados por la evolución de los precios, al tener contratada su electricidad en el mercado libre a precio fijo con duración de un año o superior y que representan el 90% de la energía consumida, según estimaciones del sector.