Thomas Piketty: «Estamos como en la Revolución Francesa: la nueva aristocracia no quiere pagar»

El superventas que duerme en la mesilla de noche de Yolanda Díaz o Pablo Iglesias, defiende subir la presión fiscal para financiar la educación y la innovación. «Hay que redistribuir las herencias y un impuesto a los ricos o habrá revueltas»

Thomas Piketty, economista francés especialista en desigualdad económica y distribución de la renta
Thomas Piketty, economista francés especialista en desigualdad económica y distribución de la renta FOTO: Enrique Cidoncha La Razón

El economista de cabecera del ala más visceral del Gobierno, alumbrado como el gran gurú de la izquierda desde «El capital en el siglo XXI», con más de 2,5 millones de ejemplares vendidos, es un conversador pausado. Tanto que, entre alegatos a favor del aumento de la presión fiscal y sobre los males que provocan la desigualdad y la concentración de la riqueza, la entrevista corre riesgo de entrar en un debate pugilístico. La nueva obra del superventas francés Thomas Piketty, «Una breve historia sobre la igualdad» (Editorial Deusto), está cargada también de propuestas rompedoras. ¿Utopía o realidad?

China se ha desarrollado más en los últimos 35 años, con el capitalismo, que en los dos pasados siglos y la población en África más que se doblará a mediados de siglo. ¿En qué se fundamenta para afirmar que vivimos en un mundo más desigual?

Es cierto que, tras la etapa de colonización, algunos países han logrado cierto desarrollo. El caso de China es un buen ejemplo, pero no es solo por el influjo del capitalismo. Es algo más complicado y tiene que ver con una estrategia donde priman el proteccionismo, el control de los sectores estratégicos y las políticas públicas, en infraestructuras, educación o salud, por ejemplo. No se trata solo de capitalismo porque si comparas China e India no se han desarrollado igual.

India es una democracia.

Es una democracia bajo el control de las élites, que no pagan impuestos para financiar esas infraestructuras, educación o salud. Es mucho más que la influencia del capitalismo, requiere planes estratégicos, políticas públicas de desarrollo. Y a veces ese desarrollo tiene mucho que ver con el colonialismo. Europa tuvo una gran expansión durante la revolución industrial gracias al colonialismo y ahora China trata de emular ese comportamiento buscando controlar otros países en el sureste asiático o en África. Ese proceso de desarrollo tiene mucho que ver con el poder, porque lo que es bueno para unos países puede lastrar a otros. Si fuera tan sencillo como aplicar el capitalismo, todo el mundo sería rico en India o en África.

¿No cree que la expansión del capitalismo, que trajo a su vez el ensanchamiento y desarrollo de las clases medias en todo el mundo, ha logrado un mundo mejor en las últimas décadas?

¿Está hablando del Congo o de Malí?

Hablo en general, hay excepciones, claro. No vivimos en un mundo perfecto.

Ya, pero se trata de excepciones muy generalizadas e importantes. India o Bangladés, por ejemplo...

Su renta media es muy superior hoy a la de hace una década.

Si se analiza a largo plazo, sin un movimiento para que esa prosperidad se traduzca en más igualdad no hay avance. El ejemplo de China frente al de India es muy interesante. Ambos aplican el sistema capitalista, ¿por qué China tiene más éxito? India no dispone de un adecuado sistema de inversión pública. Eso es lo que marca la diferencia. Sucede igual en los países occidentales. El PIB per cápita de los estadounidenses era el doble que el europeo a mitad del pasado siglo. Tuvieron un colosal avance educativo. El 90% de los jóvenes cursaban estudios superiores. En Francia, Alemania o Japón ese porcentaje era del 20%-30%. Eso hizo la diferencia. De hecho, entre 1930 y 1980 la tasa impositiva más alta alcanzó el 80-90% durante el mandato de Roosevelt. Eso no destruyó el capitalismo, sino que lo llevó a su periodo más expansivo, con el mayor apogeo de la innovación en la economía estadounidense respecto al resto del mundo. Así que no es un problema de aplicar más o menos capitalismo, lo que importa es la educación y el acceso a la misma.

Sin embargo, el peso del Estado en Europa es cada vez mayor y tenemos los mismos problemas sobre la mesa. ¿Por qué?

El mayor aumento del peso del Estado aconteció entre la Primera Guerra Mundial y los años 80-90 del pasado siglo. Antes, la presión fiscal apenas rondaba el 20% en los países occidentales mientras ahora oscila en el 40-50%. ¿Fue positivo o negativo? Creo que claramente positivo. En ese periodo se ha logrado la mayor prosperidad gracias al mayor peso del Estado, que desarrolló infraestructuras, la educación o la salud universales. Si analizas Europa hoy, los países con menos impuestos y menor gasto público son Bulgaria y Rumanía, y los de mayor son Dinamarca y Suecia. Si para ser rico fuera suficiente pagar menos impuestos, Bulgaria y Rumanía serían más ricos que Suecia o Dinamarca.

¿Cuál es el límite de presión fiscal?

Si analizamos la evolución de las economías occidentales, los periodos de mayor crecimiento coinciden con los de mayor expansión educativa. En los 90, tenemos los mismos niveles de crecimiento y de productividad por hora trabajada en Europa occidental y EE UU que coinciden con una menor inversión en educación. Entre 1940 y 1990 esa inversión se multiplicó por 10 mientras que luego se ha estancado en el 5%-6% de la renta nacional. Por tanto, si queremos mayor innovación, productividad y crecimiento debemos invertir más en educación superior. Esos polos de innovación que vemos en EE UU, como Silicon Valley, y sus grandes compañías tecnológicas no serían posibles sin Berkeley o Stanford. Creo que en Europa incluso lo podríamos hacer mejor ya que tenemos muchas buenas universidades y un sistema más inclusivo. Eso se traduce en que en EE UU tienen una gran productividad en la cúspide de su economía, pero muy baja en el fondo, donde el nivel educativo es muy bajo. Esos supermercados abiertos 24 horas, con gente trabajando de noche no son muy productivos que digamos.

¿Podemos subsistir con un 120% de deuda pública?

Tenemos que encontrar la manera. No es la primera vez en la historia que nos enfrentamos a estas cifras. La Revolución Francesa comienza por una deuda del 100%. Tras las dos primeras guerras mundiales todos los países europeos tenían deudas públicas superiores. Entre 1945 y 1950 la deuda pública era del 200%.

¿Pero ahora estamos en el mayor periodo de paz de la historia europea...

Bueno, en el caso de la Revolución Francesa la deuda pública era consecuencia de los privilegios que tenía la aristocracia. Y el sistema político hacía imposible que pagaran impuestos. Ese es el mismo problema que tenemos hoy. Tenemos una nueva aristocracia que no paga impuestos porque ha diseñado un sistema político que se lo facilita. Si consideran que el gasto en educación o salud públicas les perjudica pueden apretar un botón y enviar su riqueza a otra jurisdicción donde nadie les puede seguir y no pagan esos impuestos.

¿No es ese un fallo de los actuales modelos de Estado?

Lo es. Del sistema legal internacional que lo permite. El problema de la deuda pública elevada se soluciona acabando con los privilegios fiscales de esa nueva aristocracia. Los bancos centrales pueden ayudar a solucionar ese problema, pero no pueden hacerlo solos porque la impresión de dinero se enfrenta a la inflación, que es el impuesto a los pobres. Por eso, lo que necesitamos es un impuesto a los ricos, no a los pobres. De lo contrario habrá una gran revuelta, como ya ocurrió con los chalecos amarillos en Francia contra el aumento de impuestos energéticos. ¿Qué ocurrió? Ante las protestas en las calles, el Gobierno francés retiró esa subida sin elevar los impuestos a la riqueza. La consecuencia fue una mayor deuda pública.

Sin embargo, hay un porcentaje creciente de población subsidiada que no paga apenas impuestos, lo que concentra la carga en las clases medias.

Los más pobres también pagan impuestos indirectos al consumo. Los impuestos energéticos, por ejemplo, suponen una mayor carga para las rentas bajas que para el resto.

Es relativo, puesto que, a mayores recursos, mayor gasto. Los ricos se compran Ferraris y barcos, no un utilitario.

Pero en proporción de sus recursos, pagan mucho menos impuestos. Es necesaria una distribución progresiva de los impuestos. No conozco bien el sistema impositivo español, pero en solo diez años, los cinco franceses más ricos han pasado de acaparar el 10% del PIB nacional al 30%.

Propone usted una renta hereditaria universal para todos los jóvenes menores de 25 años. Suena a dinero a cambio de nada.

El 50% de la población de Francia o España no recibe nada en herencia. Por el contrario, el 60% de la riqueza de los jóvenes millonarios proviene de herencias. Se trata de redistribuir esas herencias para complementar una renta mínima que te permita desarrollar proyectos, negocios o estudios. En lugar de que los ricos reciban 1 millón en herencia, recibirían 650.000 euros para progresar hacia una sociedad más igualitaria. El problema es pasar del campo abstracto a la realidad.