¿Por qué sube el diésel y la gasolina apenas baja si el petróleo ha caído a 88 dólares?

La respuesta está en los cuellos de botella en las refinerías por la escasez de crudo ruso y la llegada del invierno

Un pasajero reposta en una gasolinera de Madrid
Un pasajero reposta en una gasolinera de Madrid FOTO: Alberto Ortega Europa Press

El barril de Brent, el crudo de referencia en Europa, cotiza a 88 dólares de media, un nivel cercano al registrado a principios de año, antes del estallido de la guerra en Ucrania. Sin embargo, pese a la relajación de los precios de la materia prima, la gasolina y el gasóleo no han recuperado el coste que tenían a principios de 2022. En concreto, según los últimos datos del Boletín Petrolero de la UE, el diésel ha vuelto a subir por tercera semana consecutiva hasta 1,921 euros el litro, mientras que la gasolina retoma su tendencia a la baja y desciende a 1,779 euros. En cambio, durante los primeros días de enero, el coste medio del litro de diésel era de 1,359 euros y el de la gasolina, de 1,489 euros.

Evolución del precio del brent, gasolina y diésel
Evolución del precio del brent, gasolina y diésel FOTO: Teresa Gallardo

Que los carburantes no bajen al mismo ritmo que la materia prima se debe a que lo que realmente marca el precio de los combustibles en el surtidor son las cotizaciones internacionales de los productos ya refinados, no el precio del crudo directamente. “El crudo hay que extraerlo, refinarlo y esos productos refinados, es decir, la gasolina y el gasóleo, cotizan en los mercados internacionales”, explican fuentes de la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP) en declaraciones a LA RAZÓN. Para España, hay fundamentalmente dos mercados de referencia: el noroeste de Europa, el de Rotterdam, y el Mediterráneo, que está en Génova. “La gasolina y el diésel cotizan todos los días en esos mercados y esas cotizaciones son independientes de las del crudo. Evidentemente tiene alguna relación, porque el crudo es la materia prima, pero no siempre suben o bajan con la misma intensidad”, añaden desde la AOP. Incluso gasolina y gasóleo tienen sus propias dinámicas que pueden hacer que en un momento dado la gasolina esté bajando y el gasóleo subiendo, que es lo que está pasando ahora. Pero, ¿a qué se deben entonces estas oscilaciones?

Los cuellos de botella en las refinerías por la escasez de crudo ruso y la llegada del invierno son los responsables. Rusia no solo es un muy importante exportador de crudo sino también de gasóleo, que están llegando en menor medida y de los que dependen muchos países europeos. Pero además, ha habido cuellos de botella en algunas refinerías. “El problema es que no todas las refinerías son igual de flexibles. No todas las refinerías pueden procesar todos los tipos de crudo. Cuanto más flexible es una refinería más tipos de crudo puede procesar. Las refinerías españolas son de las más flexibles de la UE porque hicimos un proceso inversor muy importante entre 2008 y 2012, más de 7.000 millones de euros, y eso hace que podamos procesar crudos de muy distintas calidades y de muy distintos orígenes”, detalla la AOP. ¿Y qué ha pasado desde la invasión? Que ante la falta de crudo ruso, no todas las refinerías han sido capaces de sustituir el petróleo ruso por otros crudos, porque no tenían esa flexibilidad. Esto ha dado dado lugar a los cuellos de botella en el refino.

Esta situación ha provocado el incremento del precio de los combustibles. Sin embargo, ahora mismo la gasolina está bajando mientras que el diésel encadena tres semanas de subidas consecutivas. ¿Por qué? La AOP explica que como el gasóleo se usa más en invierno para la calefacción, los mercados ya están anticipando que en algunos países puede haber escasez por los dos motivos nombrados anteriormente: la escasez de gasóleo ruso y las dificultades de algunas refinerías para fabricar todo el gasóleo que demanda su país. Esto es lo que está disparando el precio del diésel respecto a la gasolina y respecto al crudo.

Por otro lado, también hay que tener en cuenta que el consumidor no paga solo el precio de la gasolina o el gasóleo refinado a la hora de repostar, sino que también debe abonar impuestos, los costes de logística y comercialización y el coste bruto del mayorista. Según la última estimación de la AOP, el coste al por mayor del carburante representa un 40% de lo que paga el consumidor al repostar gasolina y un 49% en el caso del diésel, entre un 43% (gasolina) y un 38% (diésel) son impuestos y el coste de distribución y los márgenes del mayorista suponen entre un 17% (gasolina) y un 13% (diésel) del recibo.