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Adiós a un amigo entrañable

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Le conocí hace 45 años. Entonces ni él era presidente de El Corte Inglés ni yo, por supuesto, alcaldesa. Ni siquiera era, todavía, economista. Nos conocimos durante el tiempo que pasó en Valencia mientras se ocupaba de las tareas para abrir el primer establecimiento de su empresa en la calle Pintor Sorolla. Éramos jóvenes y estábamos repletos de ideales, ilusiones y retos.

Entonces yo estudiaba 5º de Económicas y propuse a mis compañeros que el entonces presidente de EI Corte Inglés, Ramón Areces, tío y mentor de Isidoro Álvarez, fuera el padrino de nuestra promoción, la primera de economistas valencianos. Ramón Areces vio con ilusión que buscáramos su patronazgo y aceptó encantado, y apoyó, con la pasión y la entrega propios de los grandes emprendedores, la iniciativa que habíamos tenido. Cuando se instaló el primer Corte Inglés en Valencia se decía que el pequeño comercio iba a morir. Sin embargo, Isidoro Álvarez opinaba lo contrario. «Será la locomotora de una expansión comercial de la zona», aseguraba. Y así ha sido, porque al Corty se debe el crecimiento comercial consolidado de toda la zona de Juan de Austria, Jorge Juan y Colón.

A lo largo de más de cuatro décadas he disfrutado de la amistad sincera de Isidoro Álvarez. Una relación personal y luego también institucional como alcaldesa, de la que siempre mantendré un recuerdo imborrable y una lección de vida impagable de una persona muy próxima, entrañable y humilde, que se entregó en cuerpo y alma al servicio de los demás. Así lo demuestran los más de 100.000 empleos directos generados por el grupo empresarial que, junto con su tío, levantó prácticamente de la nada. Durante este tiempo de amistad y de afecto mutuo he tenido la oportunidad de recibir de Isidoro Álvarez innumerables muestras de cariño y estima personal. Como también he recibido su estrecha colaboración y apoyo a mi labor como alcaldesa. A ello contribuyó su personalidad cercana y afable y su filosofía empresarial, basada desde los orígenes de su empresa en ser el mejor vecino posible de las ciudades donde se encuentran situados sus centros.

En Valencia, con Isidoro Álvarez en su presidencia, El Corte Inglés siempre ha apoyado los acontecimientos más significativos que han tenido lugar en nuestra ciudad. Entre ellos destacan su participación en el patrocinio y promoción de la America's Cup y su contribución para la ornamentación del V Encuentro Mundial de las Familias durante la visita del Papa, así como su permanente colaboración con las Fallas.

Hoy despido a un amigo y a un empresario genial, creador de un modelo que revolucionó la distribución en grandes almacenes, símbolo de una de las firmas de mayor éxito y de mayor trascendencia. Un empresario que contribuyó a vertebrar y a consolidar la marca España. Un hombre discreto, austero y perseverante, siempre dedicado a la labor de conducir su empresa por el camino de la estabilidad, de la orientación al cliente y del prestigio. En los tiempos difíciles que vivimos, Isidoro Álvarez es un ejemplo a seguir como persona y como empresario, uno de los más sagaces y sólidos que he conocido, preocupado y ocupado en que la calidad en la atención a los clientes fuera siempre el rasgo distintivo de su empresa. Su aportación a la modernización de España será estudiada en las facultades de Económicas y en las escuelas de negocio. Pero por encima de su grandeza y sabiduría como empresario, siempre permanecerá en la memoria de quienes lo conocimos su caballerosidad, su cercanía, su austeridad y su generosidad. Ayer, en su capilla ardiente, sus hijas abrazadas a mí, entre sollozos, me dijeron: «No sabes cuánto te quería». Y me emocioné. Adiós y descansa en paz, Isidoro.