El retorno de las grúas

La construcción repunta a niveles precrisis. En Palma, fichan a cuadrillas de la Península a golpe de talonario.

Las licencias de obra en Palma superaron en 2017 las de 2007 (7.000 por 6.000) cuando en los años de la crisis apenas pasaban de 3.000
Las licencias de obra en Palma superaron en 2017 las de 2007 (7.000 por 6.000) cuando en los años de la crisis apenas pasaban de 3.000

La construcción repunta a niveles precrisis. En Palma, fichan a cuadrillas de la Península a golpe de talonario.

Las grúas han vuelto a España. Las Islas Baleares son un buen ejemplo de ello. Con el mercado turístico en ebullición y otro año de récords en ciernes, el parón de la construcción durante los años de crisis ha dejado paredes desconchadas y vestíbulos del siglo pasado cuya renovación no puede esperar. Mallorca lidera el renacer balear del ladrillo. En Palma, el «boom» supera ya al de los años precrisis, aquellos tiempos en los que los constructores baleares venían a Madrid a fichar cuadrillas enteras en las obras para llevárselas a las islas con sueldos estratosféricos. De hecho, según los datos de la gerencia de urbanismo de la capital mallorquina, el último año se solicitaron 7.000 licencias de obra, por las 6.000 que se requirieron en 2007. El dato resulta especialmente revelador habida cuenta de que hace apenas unos años la media era de 3.000 licencias anuales.

Las empresas de trabajo temporal especializadas en la construcción empiezan a hacer su agosto y han comenzado a reclutar cuadrillas enteras de oficiales y peones en la Península para trabajar la temporada invernal (entre cuatro y seis meses) en las islas. Iván, residente en Madrid, es uno de los 40 trabajadores que ha dejado su empleo para poner rumbo a Magaluf. Y no para quemar la noche, sino para echarle diez horas y media diarias en un Meliá de la zona. La empresa que se ocupa de la obra logró reclutar por su cuenta unos 40 operarios, todos «pescados» también en la Península, de los 80 que necesitaba, por lo que recurrió a Maipú Works, una ETT que actúa como subcontratista y que cuenta con una estructura de 300 oficiales de oficio, especializados en montaje eléctrico e industrial, y en mantenimiento mecánico y eléctrico. La oferta económica aún no llega ni de lejos a los años del «ladrillazo», pero ronda los 10,50 euros brutos la hora (unos 9,80 netos) más 13,30 euros diarios en dietas y vivienda –sin lujos, pero sin estrecheces– a cargo de la empresa. Iván recibirá su primera nómina en las próximas horas: unos 2.100 euros limpios. En junio tiene apalabrada con la misma ETT una obra en Madrid, pero luego volverá a pasar el invierno en Ibiza, entre grúas, andamios y cemento.

La construcción fue la base de la expansión económica de España durante el decenio previo a la crisis. Llegó a emplear a cerca de tres millones de trabajadores, sobre una población ocupada de más de 20,5 millones, el récord absoluto del país. En 2014, el primer año de crecimiento del PIB del pasado reciente, el número de ocupados en el sector bajó del millón de trabajadores: 942.100 a cierre del primer trimestre. De acuerdo con los últimos datos publicados en la EPA correspondientes a diciembre del pasado año, el número de ocupados en el sector ascendió a 1,144 millones, 64.400 más que hace un año y 153.300 más que en diciembre de 2013. En las cifras de paro también se refleja este renacer de la construcción. A finales de 2017, el número de parados en el sector ascendía a 148.300. En diciembre de 2009, el peor año del PIB (decreció un 3,6%) había 661.700 parados en la construcción.

Es cierto que la crisis obligó a una reconversión de los trabajadores que utilizaba el sector. Pero el repunte del ladrillo es un hecho. Los últimos datos de la contabilidad anual señalan que la inversión en el sector fue en 2017 de 120.789 millones de euros, un 8% más que en el ejercicio anterior. Son cuatro los años de aumento.