Economía

“La falta de habilidades de los empleados sale cara”

La tecnología no basta. La transformación digital y la cuarta revolución industrial exigen que aquella sea dotada de más contenido y un mayor número de funcionalidades para dirigir adecuadamente a las personas que integran las empresas. Éstas fueron algunas de las máximas que más se escucharon en la convención anual de Cornestone OnDemand, lamultinacional norteamericana líder mundial en software de gestión de capital humano y aprendizaje basado en la nube. El encuentro, que reunió en Londres a 1.500 clientes, “partners” y empleados de Europa, Oriente Medio y Asia, fue inaugurado por su fundador y CEO.

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Adam Miller hizo hincapié en que muchos negocios están experimentando un importante impulso gracias a las “skills” (habilidades) de los empleados que se están desarrollando al amparo de las distintas herramientas tecnológicas”. “Perderlas o desaprovecharlas resulta caro. En concreto, se estima que mil empleados que carecen de ellas representa un coste aproximado anual de 1,66 millones de euros”.

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El vicepresidente regional para el sur de Europa y máximo responsable de Cornestone OnDemand en nuestro país, Marc Altimiras, profundizó en esta línea: “El enfoque de las políticas de recursos humanos de las compañías ha cambiado radicalmente desde el momento en que los tangibles han dejado de ser el centro de las organizaciones que han pasado a ocupar los trabajadores”. “Hay que tratar -añadió- a cada persona de una manera individualizada, pero como no se disponen de los medios adecuados para hacerlo así, lo hacemos con la ayuda de las soluciones que nos brindan las nuevas tecnologías. El resultado que se obtiene es bastante bueno”.

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El cambio se ha hecho normal en el conjunto de las actividades económicas. Adam Miller indicó que todas las industrias, desde la distribución a la educación o la salud, están haciendo disrupciones. Nadie es inmune a este cambio. Recordó que uno de cada tres trabajos futuros no existen hoy en día o que hay más demanda que oferta. “Cuatro de cada diez empleados están encontrando dificultades por falta de habilidades y competencias”, apuntó. “Desarrollar nuevas habilidades es esencial para empoderarse ante la cuarta revolución industrial”. El aprendizaje de hoy requiere un abordaje “holístico”. “Los negocios -precisó- deben transformarse para seguir compitiendo. Sólo sobrevivirán los que tengan capacidad de adaptación y sin el compromiso de los empleados no será posible”.

Ayudar, a través de su plataforma y diversas suites, es el objetivo de esta empresa californiana nacida en 1999 y que quiere mantener a toda costa su espíritu original de “start-up”, a pesar de que sus dimensiones se han multiplicado exponencialmente. Cuenta con más de 2.000 empleados, tiene 20 oficinas repartidas por todo el mundo, vende en 192 países, sus contenidos se ofrecen 43 lenguas, su cartera de clientes es de 3.400 y el número de usuarios alcanza los 38 millones. En esta cita, los responsables de la firma de Santa Mónica han presentado nuevas funcionalidades de sus cuatro grandes productos, todas ellas relacionadas con la inteligencia artificial. “Disponemos de un laboratorio donde trabajan apasioanados del software que se dedican a experimentar en base a los ‘inputs’ que recibimos de los clientes”, explica el director adjunto de Marketing de Producto para EMEA, Geoffroy de Lestrange. Precisamente, este responsable explicó que, a raíz del Brexit y de las peticiones de los clientes europeos, Cornestone ha abierto otros sendos “data center” en París y Frankfurt, que se unen al ya existente en Londres y que ha supuesto una inversión de 5 millones de euros.

La empresa está presente en nuestro país, el primer europeo en el que se introdujo. Dadas las circunstancias de nuestro tejido productivo, se han visto obligados a “customizar” sus productos para las pymes con el fin de simplificar las funcionalidades y abaratar los costes. La seguridad, según su responsable global de Protección de Datos, José Rodríguez, “ha dejado ser una razón para no contratar un producto en la nube. Esa resistencia era más emocional que objetiva”.

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