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La reforma del sector eléctrico debe abaratar los precios

  • La reforma del sector eléctrico debe abaratar los precios

Tiempo de lectura 4 min.

28 de noviembre de 2016. 11:56h

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28/11/2016

Avanzar en la reforma del sector eléctrico para conseguir unos precios competitivos, ajustados a los costes y más próximos a la media de los países comunitarios fue uno de los acuerdos de investidura sellados entre PP y Ciudadanos. Y es que la electricidad en España es relativamente barata, aunque el recibo de la luz sea el quinto más caro de la eurozona, según Eurostat. Mientras que el precio medio en la UE es de 21,1 euros por cada 100 kilowatios por hora, en nuestro país la tarifa asciende hasta los 23,7 euros. Con relación al promedio europeo, la energía eléctrica se ha encarecido en España en torno a un 15% en apenas 12 años. Y este encarecimiento es resultado de un diseño erróneo de determinadas políticas que distorsionan los precios y el funcionamiento del mercado. Así pues, es preciso acometer, de forma progresiva pero decidida, la eliminación de todas las sobrecargas que desfiguran e incrementan el precio de la electricidad.

Tan sólo el 39% de la factura eléctrica corresponde al coste del suministro. Pero las cuantías ajenas han aumentado desde el 27% en 2005 hasta el 55% en 2014. Sin embargo, el Gobierno deberá congelar la parte de la factura eléctrica que le competa, según recoge el acuerdo de investidura.

«Aunque su impacto en los Presupuestos no lo hace viable a corto plazo, tiene que haber voluntad política para eliminar esa ‘‘cuña gubernamental’’. No basta con congelarla». Pedro Mielgo valora este compromiso de forma positiva, pero advierte de que no es suficiente y de que actualmente es el principal factor de encarecimiento de la electricidad en España.

Desde Unesa admiten que el precio del recibo español es de los más elevados de la UE, aunque aseguran que no se debe al coste de las actividades eléctricas, que son competitivas y están en línea con las de otros países de nuestro entorno. «La factura es demasiado alta porque se encuentra artificialmente lastrada con una serie de partidas y sobrecostes que, en realidad, no están vinculados al suministro de energía». Fuentes de la patronal revelan que los sobrecostes e impuestos que se ven obligados a pagar los consumidores a través de su recibo prácticamente duplican el importe del mismo. «Si se eliminaran estas cargas, la factura se vería reducida sustancialmente, lo que supondría un claro alivio para los bolsillos de los consumidores y mejoraría la competitividad de la industria», agregan. De hecho, sugieren sacar de la factura los costes de política energética (extrapeninsulares, subvenciones...), al igual que los impuestos (un IVA del 21% –el tipo máximo, es decir, el mismo que se aplica a los artículos de lujo– más un impuesto eléctrico del 5%).

Arcadio Gutiérrez recuerda que aproximadamente la mitad de los costes de la factura eléctrica se deben a aspectos ajenos a la producción, el transporte, la distribución o la comercialización. Y que en España las decisiones de política energética han ido aumentando los precios a lo largo de los últimos años, por lo que convendría plantearse si tendrían que seguir pagándolos los consumidores finales de electricidad o derivarse a otras partidas.

Pedro Mielgo, por su parte, considera necesario que en la reforma del sector eléctrico se revise el diseño de los mercados mayoristas, se complete la liberalización de los minoristas, se acomode el papel de las nuevas tecnologías de generación y se eliminen tanto las fuentes del déficit tarifario como las distorsiones de precios existentes.

Déficit controlado

La sostenibilidad económica del sistema eléctrico se ha logrado gracias a las medidas tomadas durante la anterior legislatura, destinadas a cuadrar los ingresos y gastos. Si bien la reforma del sector que se acometió entre 2012 y 2014 consiguió frenar el déficit de tarifa, ahora los expertos piensan que seguir de cerca la evolución de la demanda o de los ingresos y costes del sistema son algunos de los factores clave para evitar su posible resurgimiento.

Nadie pone en duda que la evolución del déficit del sector eléctrico desde la puesta en marcha de la reforma legislativa de 2013 es positiva. Parece estar bajo control. No obstante, son varios los aspectos que influyen en su cuantía, por lo que requiere atención permanente. «Convendría aplicar los superávits anuales para reducir los sobrecostes de la tarifa, bien amortizando las anualidades pendientes del propio déficit, bien reduciendo las tasas que gravan distintos conceptos. El objetivo debe ser eliminar la distorsión que esto origina en el precio final de la electricidad», apostilla Mielgo.

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