La renovación de Taiwán a través de la economía circular

Tras el «boom» de los semiconductores, el tigre asiático apuesta ahora por la innovación, la transformación y por potenciar un nuevo modelo económico

Una de las tiendas de Taipéi en las que se vende jamón español
Una de las tiendas de Taipéi en las que se vende jamón español

Energías verdes, ciudades inteligentes, sostenibilidad, biotecnología, residuos cero... son palabras que van directamente asociadas con las nuevas industrias de la República de China (Taiwán). La pequeña isla de Formosa pertenece al grupo de los llamados tigres asiáticos, territorios relativamente reducidos que han logrado un asombroso desarrollo y un enorme crecimiento económico en un tiempo récord. Este impresionante club, en el que se hallan Corea del Sur, Hong Kong y Singapur, lidera el ránking mundial del PIB per cápita y en la actualidad supera a países como Portugal, Arabia Saudí o Rusia. Pero el milagro comenzó a gestarse en los años 90, han pasado treinta años y Taiwán no quiere quedarse atrás.

Son muchos los taiwaneses que reconocen que la tecnología es simplemente el espíritu de la isla. En menos de cincuenta años, de Taiwán han salido archiconocidas empresas como TSMC, uno de los mayores fabricantes mundiales de chips (con todo tipo de clientes internacionales) y Foxconn, que principalmente se dedica a ensamblar iPhones y en 2018 tuvo una facturación de151.830 millones de euros. Sin embargo, el mercado y las tendencias son muy cambiantes y si no tejen un entorno de innovación tecnológica, perderán su principal ventaja en el futuro. Obviamente, seguirán apostando por la industria de los semiconductores, de hecho, este mismo año han inaugurado el Instituto de Investigación en Semiconductores de Taiwán, pero sí que se palpa que la sensación y estrategia entre las autoridades taiwanesas es la de «renovarse o morir». En este sentido, el Gobierno de la presidenta Tsai Ing Wen ha lanzado un plan de reformas denominado «Industrias Innovadoras 5+2», siendo las cinco los pilares de Taiwán: biomedicina, maquinaria inteligente, energía verde, defensa y el internet de las Cosas también llamado «Asia Silicon Valley»; y las otras dos agriculturas nuevas y economía circular. La Administración Tsai está completamente comprometida e invirtiendo recursos (decenas de miles de millones de dólares taiwanes) para promover estos siete sectores de la economía como la esencia para transformar la industria taiwanesa.

Una de las empresas que respondió a este llamamiento es Taiwan Sugar Corporation (TSC), una compañía histórica, que originalmente estaba centrada en la boyante producción de azúcar de caña y que ha ido evolucionando con el paso del tiempo. Lo cierto es que es todo un ejemplo de adaptación y diversificación. Fue fundada en 1946 y en la actualidad, se trata de una empresa estatal.

El presidente de la firma, Charles Huang, explicó desde su sede en Tainan (al suroeste de la isla) cómo TSC ha abrazado los principios de la Economía Circular (EC) como parte de su estrategia de transición durante los próximos cinco años. «Como compañía estatal, TSC contribuye al desarrollo de Taiwán al invertir en industrias visionarias y desplazándose hacia la Economía Circular», indicó Huang. Rodeado por preciosos y frondosos jardines, el presidente desarrolló alguno de sus proyectos relacionados con la EC «pues la transición hacia este modelo es una necesidad en el mundo en el que vivimos». Y es que en opinión del dirigente empresarial «el modelo actual económico es defectuoso y nos hace afrontar potenciales calamidades». Huang reconoce que se deben cambiar las mentalidades para diseñar este paradigma y potenciar sus beneficios. «Durante años nos dijeron que la felicidad era la propiedad. Tener casas, poseer teléfonos móviles, coches...». Es más, Huang criticó a las empresas que se rigen aún por la fabricación de productos con «obsolescencia programada».

A su modo de ver, la piedra angular es que se pase de la propiedad al uso, los productores den servicios y se instaura una cultura más colaborativa. Así seguramente un móvil no duraría solo un año, y los fabricantes se asegurarían que para que el cliente se quede en su compañía el móvil fuera lo más duradero posible. Él aspira a que se instaure un modelo de arrendamiento y pone como ejemplos la ropa de bebés o los muebles. «Incluso nosotros en TSC hemos alquilado (en lugar de comprar) las bombillas LED para nuestras oficinas», reconoce. Y es que Huang tiene muy claro que la economía circular es fundamental para el futuro del planeta y el desarrollo económico. En la actualidad, en la producción de azúcar de caña en TSC ya se ha instaurado la política de residuos cero y hasta el agua se reutiliza.

Asimismo regentan una granja porcina en la que se genera energía limpia, abono y otros recursos gracias al biogás. Los purines y residuos se convierten en la base de compost, productos biotecnológicos y fertilizantes. Hasta el calor que se produce en las pocilgas, se reutiliza. En suma, Huang insiste en que la Economía Circular es «muy importante para las metas del plan 5+2 pues no solo importa el crecimiento financiero sino un crecimiento más comprensivo» y recuerda que en 2035, se podrían agotar los recursos naturales del planeta. Al implementar los valores de la CE esperan ser un ejemplo para que haya más inversión doméstica que acelere el desarrollo sostenible en Taiwán.

En la misma línea, el programa de innovación industrial 5+2 es una de las prioridades del ministerio de Ciencia y Tecnología de Taiwán. LA RAZÓN estuvo presente durante la entrega de premios a las «10 start-ups tecnológicas taiwanesas más geniales» en Taipéi. El galardón lo entregó el propio ministro, Liang Gee Chen. Para tener una idea de hacia dónde va o quiere ir Taiwán, la mayoría de las start-ups premiadas son novedosas empresas dedicadas a la salud, a la inteligencia artificial o a la biotecnología. Una de ellas tiene que ver, cómo no, con la Economía Circular. Orgulloso de su galardón y de su start-up se encuentra el doctor Chiu Chung Young. El profesor, que fundó el año pasado Tetanti Agribiotech Inc, explica que ha diseñado algo único en el mundo, la tecnología TTT para deshacerse y reducir los residuos orgánicos. En solo tres horas, gracias a la tecnología y a una enzima estabilizadora, el producto está listo para ser reutilizado. «Es un concepto innovador. No huele mal, no contamina, es más rápido, hace falta poco espacio, emite pocas emisiones de carbono, es higiénico...», asevera satisfecho Young. Se trata de una solución ideal para el reciclaje de residuos agriculturales y la protección del medio ambiente.

El jamón español, producto al alza

En 2014, el mercado taiwanés se abrió al cerdo español y sus derivados, aunque los locales reconocen que no ha sido hasta febrero de 2019 que lo han podido encontrar en tiendas gourmet, supermercados y restaurantes. El porcino español sigue a la conquista del mercado taiwanés, donde hace apenas cinco años pasaba desapercibido pero que ahora se ha situado en el segundo puesto en la lista de importaciones isleñas de este producto, por detrás de Canadá. De hecho, el valor total de las exportaciones españolas de porcino –casi todo congelado– han pasado de 1,5 millones de euros a 41,2 millones, superando a competidores como Dinamarca y EE UU. El cerdo español ha conquistando el paladar de un exigente consumidor de cerdo como es el taiwanés, que dispone de razas autóctonas y de calidad. «La carne de porcino es uno de los productos de mayor expansión actual en la isla», explicó a Efe el director de la Oficina Comercial de España en Taiwán, José Luis Echániz. El jamón ibérico se ha convertido en un producto de moda y estatus.