"Las energías renovables crean más empleo que las fósiles"

La innovación es fundamental para desarrollar nuevas fuentes limpias de generación energética que permitan descarbonizar la economía en el año 2050.

En el debate participaron, de izquierda a derecha, Fernando Martínez, María Luisa Castaño, Pablo Ayesa y Belén Linares. Foto:Alberto R. Roldán
En el debate participaron, de izquierda a derecha, Fernando Martínez, María Luisa Castaño, Pablo Ayesa y Belén Linares. Foto:Alberto R. Roldán

La innovación es fundamental para desarrollar nuevas fuentes limpias de generación energética que permitan descarbonizar la economía en el año 2050.

Óscar Reyes - La energía del carbón supuso una revolución, abrió un abanico de posibilidades económicas que impulsó el estado del bienestar. Sin embargo, la moneda, igual que tenía una cara, tenía una cruz, la contaminación del entorno. El cambio climático que estamos experimentando en los últimos años es la prueba palpable del desgaste que ha venido sufriendo el medio ambiente desde entonces y ahora resulta obligatorio dejar de dañar la salud del mundo que nos rodea manteniendo nuestro estilo de vida. Para conseguirlo, se han desarrollado las energías renovables, que hace poco más de una década eran vistas como una fuente alternativa y que en el presente se han convertido en una referencia. Además, el futuro está en manos de esta tecnología. Para profundizar más en ese sentido, LA RAZÓN convocó el debate «Las renovables que vienen: innovación para la transición a una economía descarbonizada», en el que participaron Belén Linares, directora de Innovación de Energía de Acciona; María Luisa Castaño, directora del departamento de Energía del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat); Fernando Martínez, técnico de proyectos en Fundación Renovable y Pablo Ayesa, director general del Centro Nacional de Energías Renovables (CENER).

El propio Ayesa comenzó advirtiendo de que «las renovables se han convertido, desde su nacimiento hace más de 30 años, en la tecnología más instalada del mundo». Y reúne las condiciones para que siga creciendo aún más, pues como añadió Ayesa, «funciona, no da problemas, su nivel de penetración en la sociedad es enorme, hay una industria seria detrás y el sector financiero apuesta por ella para el futuro de sus inversiones».

Eso sí, aún se puede mejorar, y tanto los centros como las empresas dedicados a las renovables son conscientes, por lo que invierten dinero y esfuerzo en I+D. Las líneas estratégicas de la innovación en el sector son varias, según explicó Linares. En primer lugar, hay que extender la vida útil de la tecnología usada a través de la ingeniería; segundo, se deben ampliar las prestaciones, como afrontar el reto de la intermitencia a través de la hibridación de varias tecnologías renovables para que cuando una (la fotovoltaica, por ejemplo) no pueda dar suministro, lo haga otra (la maremotriz).

Continúa con el desarrollo de nuevos productos y diseños, es decir, los paneles fotovoltaicos contienen silicio, que es el material que permite convertir la luz del sol en energía. Sin embargo, si se investiga se puede dar con otros materiales que también realicen esa tarea e, incluso, sean más rentables. La innovación también buscará llevar a cabo una gestión más rápida y barata, y buscar nuevos procesos, como los de limpieza de las placas solares, pues cuanto más sucias estén menos producen. Por último, hay que innovar en sostenibilidad. En el caso de Acciona han estudiado como los parques eólicos afectan a las aves para reducir el impacto o cuentan con un control de activos vía satelital para conocer el desarrollo de la flora y la fauna en sus parques.

La estrategia está clara. Sin embargo, las compañías piden aumentar la conexión entre la innovación privada y la de los centros tecnológicos y universidades. A este respecto, Ayesa confesó que «el I+D no funciona si la investigación no se aplica», por lo que necesitan de la colaboración de distintos actores que puedan refutar con la experimentación lo que otros estudian en los laboratorios.

La innovación no debe ir dirigida sólo a la generación de energía destinada al sistema eléctrico, pues la transición en la que estamos inmersos va mucho más allá. Castaño asegura que no sabe «si la sociedad conoce del todo lo que es la economía descarbonizada, que está prevista alcanzar en 2050. Una parte, como hemos dicho, está orientada al sistema eléctrico, pero otra no, y está enfocada al transporte, a la edificación o la gestión de residuos. Cada uno de nosotros crea uno 400 kg de basura al año, pues una cuarta parte son valorizables. Por ejemplo, el vertedero de Valdemingómez (Madrid) es el único en España en el que los residuos se biometanizan, no los queman. Y ese biometano forma parte del gas que se consume en la capital».

Sectores

En opinión de Martínez, los sectores que más se verán afectados por la descarbonización será el residencial y el de la movilidad, que tienden a la electrificación porque ésta «facilita la penetración de la demanda de las renovables». Así, subrayó que resulta necesario renovar el parque de viviendas, pues las mayoría de ellas están construidas con normas anteriores a la década de los 80 y, por lo tanto, consumen mucha energía.

Cuantas más adaptemos nuestro entorno a una mayor sostenibilidad energética más beneficios obtendremos. No sólo medioambientales, también de empleabilidad, ya que, como sostuvo Ayesa, «la intensidad de creación de puestos de trabajo con las energías renovables es superior a la de las fósiles». En concreto, añadió Martínez, uno de cada tres empleos que se creen en el sector irán a parar a la fotovoltaica. Veremos si son capaces de cubrir tanta demanda porque, en el caso de la eólica, «les cuesta cada vez más encontrar profesionales top», manifestó Castaño.

Parte de la culpa la tiene el sistema educativo, que no es capaz de responder a las demandas del sector. Castaño admitió que «las necesidades del mercado laboral van más rápido que la capacidad que tiene la universidad para adaptar sus títulos». Además, no sólo hay carencias en la educación superior, la intermedia tampoco está preparada. «Con la Formación Profesional en España tenemos dos defectos. Por un lado, no ha tenido caché y se están dando pasos muy lentos. Por otro, es muy teórica y se debe revitalizar la dual», dijo.

Resulta necesario paliar estas deficiencia para aprovechar todo el potencial que tiene nuestro país en esta transición. De hecho, se trata de uno de los estados europeos que más depende de la energía, por encima del 70%. Por lo tanto, la descarbonización «es una gran oportunidad económica para España», resaltó Martínez.

El desafío no tiene precedente. Castaño recordó que «el paradigma es de tal magnitud como la entrada en el euro, y afectará a todos los sectores de la economía». No obstante, confirmó que nuestro país va por buen camino: «España está preparada internamente, en el exterior reconocen nuestros trabajo y tenemos gigantes industriales que compiten en el mercado internacional».

Casos de éxito

Y es que podemos destacar distintos casos de éxito «renovable» en nuestro país. El mayor, según Castaño, es «el dominio del viento. Hay días en los que la producción de energía más alta de nuestro país es eólica». Pero no olvida que en cuanto a la termosolar, «aún somos la nación que más potencia instalada tiene, importante porque su almacenamiento permite que funcione 24 horas sin parar y con bajos costes».

Por su parte, Linares señaló dos aspectos en los que hemos sido pioneros. «En almacenamiento pese a la regulación, pues a este respecto se ha legislado hace nada», y sumó las «nuevas tecnologías solares más allá del silicio, las cuales hemos colocado en torres eólicas, algo que te da la posibilidad de hibridar ambas energías». En general, destacó Ayesa, «hemos instalado una cantidad de potencia renovable enorme y no ha habido ningún fallo». En definitiva, podemos confiar en el sector de las energías renovables porque dejamos nuestro futuro en buenas manos.