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Los inspectores de Hacienda quieren infiltrarse como clientes en las empresas que defraudan

La inspección quiere actuar de incógnito para recabar pruebas y pagar a confidentes que aporten información para luchar contra el fraude fiscal

La inspección quiere actuar de incógnito para recabar pruebas y pagar a confidentes que aporten información para luchar contra el fraude fiscal.

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“Con factura o sin factura”. Esta coletilla se habrá repetido millones de veces en España desde que se pagan impuestos. Llego a ser casi tan habitual como el “buenos días” o el “buenas tardes” en talleres, comercios, hostelería y otros muchos sectores, y aunque se ha reducido en los últimos, sigue generando un agujero millonario en las arcas públicas. Para luchar contra este fraude, los inspectores de Hacienda piden no sólo más medios humanos, sino también herramientas que les permitan maximizar los resultados. Dentro de esas herramientas, el “brazo armado” de la Agencia Tributaria propone regular la facultad de actuar de incógnito.

Como si del programa de “El jefe infiltado se tratase”, la jugada consistiría en poder visitar ciertos negocios donde se sospecha que puede haber un nicho de fraude y recabar pruebas, pero actuando como un cliente más. En la actualidad, los inspectores están obligados a identificarse en las visitas a estos lugares, lo que dificulta enormemente su capacidad para pillar in fraganti a los defraudadores y limita la eficacia de su actuación. “Muchas operaciones requieren de una labor de investigación previa”, explican a este diario fuentes de la inspección durante el congreso anual que estos días celebran en Zaragoza.

Imaginemos por un momento un taller sobre el que la Agencia Tributaria tiene sospechas de fraude. Los inspectores se personarían en dicho negocio pero con la apariencia de un cliente más que finge traer su vehículo para una reparación rutinaria. De esta forma, podrían corroborar in situ sus sospechas, apuntalando y acelerando el proceso sancionador. Además, señalan que el temor a ser pillados con las manos en la masa por un inspector de incógnito induciría un mayor cumplimiento voluntario. “Las mejores herramientas son la educación y la persuasión”, aseguran los inspectores.

De hecho, tanto es así que estudios internos de la Agencia Tributaria revelan que los contribuyentes inspeccionados elevan sustancialmente sus ingresos declarados en los años posteriores a la visita de los inspectores. Así lo explicó ayer el director de la Agencia, Jesús Gascón, que cifró en un 26% la subida de los ingresos declarados en los tres años posteriores a los inspeccionados en 2015, frente al 13% de subida media en el total de declarantes. Es decir, el doble por lo que se conoce como “efecto inducido de las inspecciones”. En otras palabras, miedo por saberse o creerse ya en el radar de la Agencia Tributaria.

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En cualquier caso, los inspectores insisten en que estas visitas de incógnito se realizarían siempre estando reguladas por ley, de forma que no se violase en ningún caso la intimidad personal. Además, también piden que se fomente la protección de los confidentes que ya dan chivatazos sobre posibles fraudes. En este sentido, apuestan por establecer pagos con dinero público para estos confidentes, como ya se hace en otros países como Estados Unidos. De esta forma, se incentivaría a los testigos de fraude fiscal a dar el paso a colaborar con la Agencia Tributaria en su denuncia. Es más, señalan que estos pagos ya se hacían en España en los años 80, pero que se eliminaron.

Además de los pagos a los confidentes y las actuaciones de incógnito, los inspectores de Hacienda proponen endurecer las sanciones para los grandes patrimonios que usan sociedades instrumentales para reducir su factura fiscal personal. Es el caso que le costó el puesto en el Gobierno de Pedro Sánchez a Màxim Huerta o el que puso a Pedro Duque en el disparadero. Ponen como ejemplo la entrada en vigor del carné de conducir por puntos, que “asustó” y redujo las infracciones ante la dureza de las multas. “En España te puedes hacer rico y no pasa nada. De hecho, las administraciones públicas deberían fomentar el crecimiento de esa riqueza. Pero hay que asegurarse de que cada uno paga la parte que le toca”, explican. Como ejemplo ponen a los cantantes o deportistas que no cumplen con sus obligaciones tributarias. “Los jóvenes y la sociedad tienen que empezar a asumir que si por ejemplo un futbolista se porta mal con Hacienda, pues igual no debería vender tantas camisetas”, sentencian.

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