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Más miedo a Cataluña que a las urnas

Los inversores muestran una mayor preocupación ante la amenaza independentista que frente a la repetición de las elecciones generales

  • Moody’s degradó la deuda catalana desde su nivel de bono basura de Ba2 al de Ba3, «con perspectiva negativa»
    Moody’s degradó la deuda catalana desde su nivel de bono basura de Ba2 al de Ba3, «con perspectiva negativa»

Tiempo de lectura 8 min.

06 de junio de 2016. 16:37h

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6/6/2016

A 21 días de que se repitan las elecciones generales, y lejos de los altercados del barrio de Gràcia, los grandes fondos parecen más preocupados por la efervescencia del desafío independentista que por el resultado de los comicios. Mientras que el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, emplazó al Gobierno que salga de las urnas el 26 de junio a negociar una consulta abierta sobre el futuro de Cataluña –que podría incluir también una opción federal–, el vicepresidente, Oriol Junqueras tiene sobre la mesa de su despacho el proyecto para impulsar la moneda catalana en pleno riesgo de quiebra. Sin embargo, Moody’s anunció a los inversores su decisión de degradar la deuda catalana desde su actual nivel de bono basura de Ba2 al de Ba3, «con perspectiva negativa».

Cualquier incertidumbre en cuanto a las inversiones resulta preocupante. El dinero es muy cobarde y los inversores requieren la máxima estabilidad para confiar en un país. Luis García Langa, fundador de aulafinanzas.com, considera que es normal que inquiete más un escenario como el de la independencia de Cataluña que la incertidumbre a la hora de formar gobierno, ya que las consecuencias de un contexto u otro no son comparables. «A los inversores no les gusta meter su dinero en un país en el que no se sabe quién gobernará, porque puede haber cambios en políticas importantes que penalicen. Pero una independencia de Cataluña afectará en muchos más aspectos y podría ser trágica desde un punto de vista económico», agrega.

El mercado español tiene descontada, hasta la fecha, la incertidumbre política, pero no la amenaza soberanista. No obstante, «si España es capaz de formar un nuevo gobierno después de las próximas elecciones y los mercados continúan mostrando debilidad, podría estar relacionado de forma más directa con el tema catalán». Mads Koefoed, jefe de estrategia de Saxo Bank, asegura sobre la independencia de Cataluña que «es una preocupación mayor para los mercados que un Gobierno español de extrema izquierda. Las consecuencias para las economías tanto de España como de Cataluña de una ruptura serían más graves en el corto plazo que cualquier cambio en el Ejecutivo». Pero Koefoed también advierte de que cualquier movimiento al alza en las encuestas de Unidos Podemos conllevaría un aumento del riesgo y, por ende, una bajada de la Bolsa.

García Langa corrobora que un Gobierno presidido por Unidos Podemos sería el peor escenario político para las inversiones. Aun así, piensa que «sería difícil que consiguieran llevar a cabo las políticas más radicales –quitas de deuda o intervenciones– ya sea por legalidad, porque estamos dentro de la zona euro o porque sus socios de gobierno no lo apoyen». En cambio, una independencia de Cataluña sería irreversible, al menos a medio plazo, y las consecuencias serían mucho más graves. Y es que las quitas seguras de deuda tanto catalana como española afectarían a las nuevas financiaciones y al sistema público de pensiones –totalmente invertido en deuda pública–.

Los diferenciales del mercado de bonos también se ampliaron durante el año pasado frente a los bonos a 10 años de Alemania, Francia o Italia, y desde Saxo Bank piensan que una victoria de cualquier coalición de partidos moderados en España en las próximas elecciones debería traducirse en un aumento de los activos de riesgo, en particular de los valores españoles, ya que están negociando actualmente más baratos que los activos comparables en Europa.

Castigo bursátil

Tanto la bolsa como la deuda española han sido castigadas desde mayo de 2015, debido a que en las elecciones locales y autonómicas ya se podían sacar conclusiones de lo que pasaría en las generales de diciembre. El revés se recrudeció en septiembre, cuando se celebraron los comicios catalanes. El Ibex 35 está compuesto, fundamentalmente, por empresas que operan en sectores muy regulados –como el bancario, el eléctrico o el de infraestructuras–, por lo que el peso de la incertidumbre política sobre nuestro selectivo es mayor que en otros índices. Pero, hoy en día, «la posibilidad de la independencia de Cataluña no está descontada, al menos en su máxima expresión», resalta García Langa.

Más allá de la nueva situación arancelaria que acarrearía una Cataluña independiente, con la implantación de fronteras y la no libre circulación de personas y productos entre esta comunidad y el resto de Europa –que ya de por sí supondría un frenazo económico-, el principal problema sería la deuda pública, que en España supera el 100% del PIB. Las amortizaciones e intereses se pagan mediante la recaudación impositiva, y la pérdida de ingresos de los habitantes de Cataluña complicaría el pago. Asimismo, se exigirían intereses mucho más altos para financiar a las administraciones públicas ante la incertidumbre de un país completamente diferente.

Los fondos extranjeros están incorporando «una prima de riesgo» a las inversiones en Cataluña. Y es que el nuevo país naciente sufriría condiciones económicas muy duras: una nueva moneda (sería inviable que se mantuviera dentro del euro al pedir una escisión de un país de la zona euro) que probablemente se depreciaría de forma significativa, unos nuevos aranceles con sus principales socios, un difícil acceso a la financiación, y una huida de empresas. Por ello, el fundador de aulafinanzas.com opina que es normal que las inversiones en Cataluña, si aumenta la tensión separatista, sean totalmente penalizadas.

Aunque el desafío soberanista se trata de un factor que pesa para los inversores, no parece que vean viable una Cataluña independiente. Si bien es cierto que las agencias de calificación ya han degradado la imagen de Cataluña, también lo es que si consideraran esta amenaza como real «la prima de riesgo española se hubiera disparado y las cotizaciones de las compañías españolas con intereses en Cataluña se hubieran hundido mucho más de lo que lo han hecho», apunta García Langa.

Posibles impactos

Más allá de que Cataluña suponga, aproximadamente, un 20% del PIB español, su enclave geográfico la convierte en el nexo con el resto de Europa, por lo que los efectos económicos de una hipotética independencia serían difícilmente cuantificables. Por otra parte, se trata de la comunidad autónoma más endeudada. Así, una salida de España supondría una revisión a la baja de su calificación crediticia y un incremento de su prima –que implicaría que tendría que pagar más intereses por la deuda emitida–, lo que complicaría aún más su situación.

La incertidumbre asociada a la amenaza soberanista no es positiva para la evolución de la economía española, y nos perjudica bastante de cara al exterior. Victoria Torre, analista de Self Bank, explica que en un momento en el que España crece por encima del resto de socios europeos cualquier freno de estas características pasaría factura. «Costó mucho que los inversores extranjeros volvieran a confiar en la deuda española y regresaran a los mercados de renta variable, y esta situación podría volver a verse si los inversores institucionales ponen en cuarentena a nuestro país». Torre recuerda que ya ha habido casas de análisis que han recomendado huir directamente de la deuda catalana y que han mostrado una mayor cautela hacia la española en general. Por ello, algunas posibles inversiones podrían quedar paralizadas a la espera de que se dilucide el escenario político en España, lo que podría ser notoriamente malo para nuestros intereses.

El impacto que tendría en el Ibex35 una declaración unilateral de independencia resulta complicado de medir. Máxime, teniendo en cuenta que existen otros aspectos que podrían afectar a la evolución económica. Sin embargo, bajo ese supuesto no se descarta que el selectivo español retrocediese por debajo de los 7.500 puntos. En cualquier caso, el incremento de la prima de riesgo que conlleva la inestabilidad política asociada a la repetición de las elecciones afecta, en especial, a todas aquellas compañías altamente endeudadas –como algunas constructoras–, que verán más complicado negociar refinanciaciones debido al consecuente encarecimiento. No obstante, el repunte de la prima también afectaría a los bancos.

La amenaza soberanista resulta perjudicial para el Estado en su conjunto, ya que pagar más por emitir deuda se traduce en un mayor coste que de algún modo hay que sufragar, sea incrementando impuestos o recortando gastos, lo cual termina teniendo una incidencia directa en el consumo y puede afectar a las compañías más ligadas al mismo.

Torre piensa que la prima de riesgo subiría, pero tal vez no tanto como en momentos anteriores. Y es que hoy en día España se encuentra más saneada, continúa a la cabeza del crecimiento en Europa y, sobre todo, la actividad del BCE mantiene las primas de riesgo en unos niveles bajos. De hecho, recuerda la analista de Self Bank, en los últimos meses se han vivido algunos acontecimientos que en otras circunstancias hubieran supuesto un impacto mayor, pero en la actualidad la prima de riesgo se ha visto apenas afectada.

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