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Miguel Ángel Fernández Ordóñez: «Se pudo hacer más para evitar la caída de las cajas, pero eso es melancolía»

  • Miguel Ángel Fernández Ordóñez: «Se pudo hacer más para evitar la caída de las cajas, pero eso es melancolía»

Tiempo de lectura 8 min.

26 de enero de 2016. 01:02h

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26/1/2016

Miguel Ángel Fernández Ordóñez, el ex gobernador del Banco de España, está de promoción. Acaba de publicar «Economistas, políticos y otros animales» (Ediciones Península), un libro en el que trata de explicar «cómo acabar con las políticas que frenan nuestro progreso». Casi 250 páginas interesantes, entretenidas, quizá algo parciales y muy poco autocríticas consigo mismo y con el PSOE, partido bajo cuyo amparo ha ocupado altos cargos públicos. Insiste machaconamente en que no quiere hablar del pasado, pero ciertamente ha dejado escritos algunos dardos críticos contra Rajoy y, sobre todo, contra su ministro de Economía.

–¡Mal momento político para esas reformas inaplazables que necesita España y que, a su juicio, exigen amplios consensos!

–Creo que es una oportunidad para mejorar algo fundamental, como es el proceso de elaborar las políticas, para luego hacer reformas. El objetivo del libro es plantearse por qué no hacemos lo mismo que otros países que han resuelto problemas similares a los nuestros, como el del paro. No se dice qué hay que hacer. Defendemos que, sólo si seguimos a los países más avanzados y les imitamos en la manera de confeccionar las políticas, acabaremos con el retraso que aún tenemos. Un Parlamento fragmentado tiene que ser muy sensible a la otra mitad y escuchar a los expertos. Nuestro objetivo prioritario debe ser convertirnos en una «democracia ilustrada».

–¿Por qué califica de «chapuceras» las reformas del Gobierno de Rajoy?

–No todas.

–¿La laboral?

–Es una reforma bien intencionada y bien orientada, pero insuficiente y técnicamente deficiente. Hay otras, como la de aumentar las pensiones a las mujeres de 65 años porque tuvieron dos hijos hace 40 años, que me parecen una chapuza. Zapatero, a partir de mayo de 2010, y Rajoy, tras los seis primeros meses –respecto a los que soy muy crítico– y hasta que empieza el crecimiento, son muy reformadores en el plano macroeconómico. Ahora bien, la tasa de paro es monstruosa, mientras que en el norte de Europa es muy baja. España siempre ha progresado copiando lo que hacían los países más avanzados.

–¿Vería bien un Gobierno PSOE-Podemos y otras fuerzas de izquierdas con el apoyo de los nacionalistas? ¿Descarta cualquier tipo de acuerdo entre los dos principales partidos? ¿Qué sería lo mejor para España y su economía?

–Yo no me meto en política.

–¿Cuál es su diagnóstico de la economía española actual? ¿Va por buen camino?

–Es evidente que, desde finales de 2013 y principios de 2014, hay crecimiento. Pero no estoy de acuerdo en atribuirlo a las reformas del PP. Todas las políticas cuentan. Cuenta lo que hizo Zapatero, cuenta lo que ha hecho Rajoy, pero, desgraciadamente, el cambio de coyuntura se produce por un ajuste de la economía que ha supuesto mandar al paro a cinco millones de personas, reducir los sueldos y cerrar muchas empresas... La recuperación la han hecho todos los españoles y, probablemente por no tener políticas adecuadas como otros países, con costes brutales, enormes. Además, hemos tenido los vientos de cola. Los tipos de interés próximos a cero son un regalo que deberíamos aprovechar. Y el precio del petróleo. Siempre que ha bajado, nuestra economía se ha disparado. No me parece bien haber parado las reformas ni dar marcha atrás en el tema de déficit. Los analistas calculan que si no hubiera habido regalos electorales, habríamos acabado en un 3,9% del PIB, y lo vamos a cerrar entre el 4,5% y el 5%.

–Señala el mercado laboral y la educación como dos de los principales problemas estructurales de España ¿Qué remedios se traería de fuera para resolverlos?

–La flexiseguridad de los países nórdicos es algo a estudiar, analizar, examinar y discutir. Y se debe hacer porque tienen una tasa de paro muy baja y unos salarios altos. Lo peor de España, como dicen los ciudadanos cuando se lo pregunta el CIS, es el paro. Tenemos un paro permanente muy superior. Eso significa que hay millones de españoles que no trabajan cuando podrían trabajar si tuvieran otros regímenes distintos, y sus consecuencias son terribles: hay que dedicarles recursos, no pagan impuestos, no reciben salarios... Suponen un destrozo. Y, por tanto, reduce la productividad y la capacidad. Pienso que ésa es la solución, pero yo no insisto. Lo que sí planteo en el libro es una pregunta que a mí me parece obvia: ¿por qué no hacemos lo mismo que en otros sitios?

–¿Quiénes son los que se resisten a cambios profundos de nuestra estructura económica?

–Entre ellos, los electores. Como los ciudadanos no han tenido en el Parlamento una discusión sobre la materia y no conocen lo que ocurre en otros países, tienen miedo: «¡A ver si se me flexibiliza, pero se me que quita la protección!». La mayoría de los españoles no quiere ni oír hablar de reforma laboral porque no saben. Es el miedo propio de la ignorancia. La gente tiene que saber y entender que en esos países los trabajadores están mejor que en España porque hay más empleo y tienen mejores salarios.

–¿Cómo ve el sistema financiero español? ¿Vislumbra algún nubarrón?

–Lo veo bien. La reestructuración financiera en España está muy bien hecha. Sólo soy crítico con lo que hizo el PP los seis primeros meses de gobierno. Es verdad que Zapatero reaccionó tarde a la crisis, pero en lo que respecta al sistema financiero su respuesta fue inmediata tras la caída de Lehman Brothers.

–Llega a decir que el ministro De Guindos despreció al Banco de España

–Es que fue clarísimo. Intentó suplantarlo. Al margen de este episodio, el Gobierno del PP lo ha hecho correctamente. Sí ha costado dinero, pero se han mantenido todos los bancos y la mitad de las cajas. Los bancos no han recibido un duro y sus accionistas son los que han pagado. En las cajas, unos gestores actuaron mal, pero otros no.

–¿No se podría haber hecho algo antes para evitar ese desmoronamiento?

–Creo que sí, pero eso es melancolía. Durante los gobiernos de Aznar y el primero de Zapatero, los políticos se dedicaron a colocarse en sus consejos y nadie se ocupó de hacer reformas.

–¿Y el supervisor no pudo hacer algo más?

–Una de las lecciones que hemos aprendido de esta crisis es que la supervisión –y no sólo la nacional– era incorrecta. Que no bastaba con exigir capital del 2%.

–¿Cree necesaria una vuelta de tuerca a la reestructuración?

–Hay economistas que mantienen que lo hecho es insuficiente, sobre todo en lo que respecta a determinados productos. Soy muy favorable a un intervencionismo y a una regulación muy estricta en el sistema porque las instituciones financieras son como las centrales nucleares: si fallan, nos enfrentamos a un «Chernóbil». Hay que exigirle muchos requerimientos de seguridad para evitar que, cuando lleguen las crisis, no tengan que pagar los contribuyentes.

– ¿No le da miedo que la economía europea esté tan subsidiada?

–¿Tiene otra alternativa el BCE? ¿Puede subir tipos en esta situación? Hay políticas que tienen efectos negativos, pero éstos serían mayores si no se aplicaran. Si Europa tuviera políticas fiscales y presupuestarias comunes, la monetaria podría ser menos laxa.

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