Una crisis en la UE que descoloca a España

Si se encona el enfrentamiento, peligra la base financiera de los Presupuestos de Sánchez

Más allá de la opinión que pueda tenerse de los gobiernos de Hungría y Polonia, y de su proceso de adecuación a los altos estándares democráticos y de respeto a los derechos humanos que conforman el marco político de la Unión Europea, lo cierto es que tanto Budapest como Varsovia han ejecutado una medida defensiva con una de las pocas armas que tienen a su alcance, como es la amenaza del bloqueo de los presupuestos comunitarios y, con ello, la paralización del programa de reconstrucción y la concesión de los anticipos de la ayuda financiera, que en el caso de España suponían nada menos que 27.000 millones de euros. Un dinero con el que ya contaba nuestro Gobierno a la hora de ajustar las cuentas públicas.

Se podrá demonizar a polacos y húngaros, pero sus respectivos ejecutivos tienen que responder ante una opinión pública que les ha respaldado masivamente en las urnas y que ha interpretado el condicionamiento de los fondos al cumplimiento de las normas del estado de derecho como un ataque directo a su soberanía nacional. A este respecto, hay que recordar que Hungría y Polonia tienen abiertos sendos expedientes bajo el marco del artículo 7 del Tratado de la Unión Europea, –el mismo artículo, dicho sea de paso, que sobrevoló al Ejecutivo español tras su intento de reformar el proceso de elección del CGPJ– y arriesgan su exclusión de las ayudas comunitarias, en una procedimiento sancionador que no exige unanimidad.

Si bien, todavía es pronto para calcular el alcance de la insumisión de los dos socios más díscolos, los más probable es que la crisis que plantean retroalimente a las capitales que reclaman unas políticas más estrictas, «frugales» en la jerga de Bruselas, cuyas reticencias a mutualizar la deuda de los países del sur, como España e Italia, son sobradamente conocidas. En cualquier caso, nos hallamos ante unas turbulencias que, como mal menor, van a complicar el proceso de aplicación del Fondo de Reconstrucción, cuyo calendario inicial no ha dejado de sufrir modificaciones.

La crisis, de enconarse, machaca a España y davalúa aún más, si es que eso es posible, las bases económicas, fiscales y financieras sobre las que el Gobierno que preside Pedro Sánchez ha edificado su política presupuestaria, gravemente expansiva y a expensas de las cada vez más problemáticas ayudas comunitarias. Toca ahora desear una pronta resolución del problema, algo perfectamente posible, puesto que Polonia y Hungría tienen mucho más que perder, pero, también, reclamar de la coalición social-comunista que nos gobierna un mayor compromiso con la realidad, poco proclive al retorno a la barra libre del gasto público y la presión fiscal que representan los próximos Presupuestos.