Editorial

Hasta la carne despieza la coalición

El choque entre Consumo y Agricultura es otro más en una dinámica de desgaste

Cuesta encontrar en los países de nuestro entorno, ahora y en el pasado más reciente, un gobierno en el que varios de sus ministros se afanaran tanto en perjudicar actividades económicas y sectores productivos claves. Que se haga en una de las crisis económicas más graves en décadas lo convierte todo en más inverosímil y dramático. Lo de no arrojarse piedras contra el propio tejado es un síntoma de sensatez de lo más pueril que algunos miembros del gabinete han supeditado a la pulsión ideológica radical que los mueve. El ministro Alberto Garzón es un paradigma de este hábito ponzoñoso. Por su cuenta y riesgo ha abierto una guerra contra el consumo de carne y por consiguiente contra un sector que de una forma u otra da empleo a dos millones de personas y representa el 2,32% del PIB total español, el 16,2% del PIB de la rama industrial y el 4,2% de la facturación total de toda la industria española. El argumento ha sido que «perjudica a la salud y al planeta», porque el 14,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero proviene de la ganadería, además de que para un kilo de carne de vaca se requieren 15.000 litros de agua, datos de un informe de arranque del siglo desmentidos de forma contumaz por la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Estos arrebatos en busca de su minuto de gloria no son nuevos en alguien que sabe que ostenta una prebenda regalada, que apenas sería una dirección general en cualquier estructura gubernamental normal. Ha abierto cruzadas absurdas y manipuladas en torno a la dieta de los españoles contra el azúcar, el aceite, el jamón, el queso y ahí sigue. Del desbarajuste interno del equipo de Pedro Sánchez, y de la presunta perfecta sintonía de la coalición de la que ha presumido Yolanda Díaz hace horas, da idea que Garzón no dijo ni mu sobre la campaña a su compañero de Agricultura, Luis Planas, que estalló por un ataque injusto y «absolutamente fuera de lugar» al sector cárnico, que considera parte de la riqueza de España. Cuando la excepción de la bronca pública y privada de un equipo se convierte en norma, conforma una dinámica de desgaste y desconfianza que es la que ha disparado las opciones de una profunda crisis de gobierno que estaría valorando el presidente. En cualquier caso, no es una anécdota que pueda ser abordada con la frivolidad de Pedro Sánchez: «Un chuletón al punto es imbatible». Hablamos del futuro de centenares de miles de personas y de un ministro inepto que debería ser relevado.