Editorial

Puente, piloto de la "máquina del fango"

El ministro cree que la estrategia de la tensión social, del enfrentamiento descarnado con el contrario es aceptable si contribuye a mantener el apoyo electoral de su partido,

Sesion de control al Gobierno en el Senado. El Ministro Oscar Puente. © Jesús G. Feria.
Sesion de control al Gobierno en el Senado. El Ministro Oscar Puente.© Jesús G. Feria.Jesus G. FeriaFotógrafos

El ministro de Transportes, Óscar Puente, no es un político al uso, al menos, a los usos tradicionales en las democracias asentadas, sino un polemista con aires broncos y poco proclive a la reflexión. Desde toda evidencia, las Cercanías de Madrid precisan de un programa de mantenimiento digno de ese nombre y unas inversiones de mejora de las líneas y de las estaciones acorde al servicio esencial que presta.

Podemos entender los problemas presupuestarios derivados de la priorización de los enlaces ferroviarios de Alta Velocidad sobre los convencionales, cuestión de estrategia política nacional que escapa al Ministerio que dirige, e, incluso, disculpar como causa de fuerza mayor la naturaleza de algunas averías, pero dejar atrapados en un convoy a cientos de pasajeros durante más de una hora, sin aire acondicionado y, sobre todo, sin información en una época donde brillan la informática y las nuevas tecnologías de la comunicación no es justificable.

Dado que no se caracterizan, precisamente, los usuarios del transporte público por su impaciencia o falta de docilidad, el que los pasajeros atrapados decidieran por su cuenta y riesgo saltar a las vía debería servir de llamada de atención a los responsables. Sin embargo, el ministro Puente, que se ha negado a responder a los cinco requerimientos oficiales de la Consejería de Transportes de la Comunidad de Madrid, sin más argumento de que no reconoce como interlocutor válido al consejero y él solo habla con la presidenta, Isabel Díaz Ayuso, lo que denota un cierto complejo de superioridad, ha optado por el comodín del «y tú más», habitual cortina de humo de los malos gobernantes.

Ahora bien, tratar de desprestigiar un servicio como Metro de Madrid, que transporta diariamente 2,3 millones de viajeros con un índice de satisfacción del 8,29 sobre 10, y que en todo el año 2023 registro 271 incidencias frente a las 700 de la red de Cercanías, que transporta unos 600.000 pasajeros diarios, raya la estulticia. Utilizar, además, un desgraciado accidente mortal en el Metropolitano, causado por una imprudencia de la víctima, dice muy poco de la calidad humana de un político.

Pero es que, además, no deja de ser indignante que Óscar Puente, por las maneras despectivas que despliega en sus comunicaciones personales, sin filtro, y el excesivo recurso al insulto rastrero a quienes no opinan como a él le gustaría, se sorprenda de la repercusión de sus barbaridades y de los efectos que causa entre quienes son víctimas de sus ataques, como es el caso del presidente de Argentina, Javier Milei. Sin duda, el ministro cree que la estrategia de la tensión social, del enfrentamiento descarnado con el contrario es aceptable si contribuye a mantener el apoyo electoral de su partido, pero olvida que su papel no es actuar como piloto experto de la «máquina del fango», sino como servidor público.