El fracaso europeo de Cameron

David Cameron conversa con el griego Antonis Samaras y la alemana Angela Merkel en una reciente Cumbre del Consejo Europeo
David Cameron conversa con el griego Antonis Samaras y la alemana Angela Merkel en una reciente Cumbre del Consejo Europeo

Desde la Cumbre de Bruselas del 27 de junio, el canal de La Mancha separa un poco más a Reino Unido del continente. El "premier"David Cameron se volvió a quedar solo en su oposición a la designación del luxemburgués Jean-Claude Juncker como nuevo presidente de la Comisión Europea. Tan sólo el ultranacionalista primer ministro húngaro, Viktor Orban, se sumó a las tesis británicas. En palabras de Cameron, "éste es un mal día para Europa, corre el riesgo de minar la posición de los gobiernos nacionales, corre el riesgo de minar la posición de los parlamentos nacionales, y da nuevos poderes al Parlamento Europeo".

El problema del líder "tory"no es su euroescepticismo. Antes que él, Margaret Thatcher y John Major se esforzaron por poner palos en las ruedas del proceso de construcción europea. La diferencia estriba en que Cameron ha demostrado su total incapacidad negociadora para convencer a sus socios europeos, lo que ha derivado en la creciente soledad de Londres en los Veintiocho, donde no cuenta ni se espera que lo haga en un futuro. Ni siquiera Suecia y Países Bajos, poco entusiastas con la elección de un federalista como Juncker, secundaron el órdago británico.

Ya antes de ganar las elecciones en mayo de 2010, Cameron dio muestras de su alergia a cualuier cooperación con la UE. Lo primero que hizo fue abandonar el Partido Popular Europeo (PEE), lo que dejó a los eurodiputados "tories"en el mismo grupo que los ultraderechistas polacos y los euroéscepticos checos. Malas compañías para construir esa Europea competitiva y liberalizadora que tanto cacarea el "premier". Ya en el Gobierno, la negativa de Londres a suscribir el Pacto Fiscal en diciembre de 2011, dejó a Cameron en compañía del antieuropeo presidente checo, Vaclav Klaus. El cisma entre Londres y Bruselas era un hecho que nadie podía ocultar.

Y es que la UE se ha convertido para Cameron en el escenario donde quiere ganar todas las batallas que pierde en casa frente al sector euroescéptico de su partido, que aún no le perdona que no convocara un referéndum sobre el Tratado de Lisboa, tal y como prometió antes de llegar al poder. Para calmar las aguas del Partido Conservador, el líder "tory"no tuvo mejor ocurrencia que sacarse de la chistera la promesa de celebrar en 2017 un plebiscito sobre la permanencia de Reino Unido en la UE si gana las elecciones de 2015. Hasta entonces, Cameron se ha comprometido a batirse el cobre en Bruselas para recuperar competencias nacionales y modelar un UE más al gusto británico. Sin embargo, Alemania y Francia no están nada dispuestos a diluir políticas europeas como la libre circulación de trabajadores para contentar a un dirigente que no deja de poner zancadillas al "club"comunitario.

Los electores, en cambio, parecen preferir el original que la copia y en las elecciones europeas del pasado 25 de mayo optaron por el UKIP, un partido racista que aboga sin contemplaciones ni dudas por la salida de Londres de la UE. Una amenaza que ondea en el horizonte en medio de un clima político dominado por los euroescépticos. Apenas los liberal demócratas, socios en la coalición de Gobierno de Cameron, logran hacer oír su discurso proeuropeo. Y es que a la industria británica no hay nada que le dé más miedo que perder su principal mercado comercial. Mientras, la oposición laborista trata de no dejarse arrastrar por la "agenda tory"y sólo consultará a los británicos sobre Europa si Reino Unido cede parte de su soberanía a la Bruselas. Una hipótesis lejana e impensable a medio plazo.

Desde la Europa continental se han multiplicado, por su parte, los mensajes a favor de una Gran Bretaña europea. Para el influyente ministro de Finanzas alemán, Wolfgan Schäuble, "Histórica, política, democrática y culturalmente Reino Unido es absolutamente indispensable para Europa". Desde un tradicional amigo de Londres, Suecia, el primer ministro, Fredrik Reinfeldt, recuerda que "Reino Unido tiene amigos en la Unión Europea. Nos gusta la política británica y los británicos. Quizás deberíamos levantar la voz con más fuerza".

pgarcia@larazon.es