«Derechazo» a Sánchez

La debacle electoral del PSOE noquea al Gobierno y le obliga a marcar distancias con Susana Díaz. La expectativa de un adelanto de las generales a marzo se diluye.

La debacle electoral del PSOE noquea al Gobierno y le obliga a marcar distancias con Susana Díaz. La expectativa de un adelanto de las generales a marzo se diluye.

La vicepresidenta Carmen Calvo proclamó el pasado viernes tras el Consejo de Ministros que los resultados de las elecciones andaluzas «no condicionan» en nada al Gobierno. Sin embargo, lo acontecido en Andalucía, el bastión por excelencia del socialismo español y el pulmón que da aire a las expectativas electorales para revalidar La Moncloa, sí supone un punto de inflexión para encarar el ciclo electoral que se abrió ayer con el escrutinio de los votos. El fin de la hegemonía del PSOE en Andalucía representa un verdadero mazazo para las opciones de Pedro Sánchez. La campaña con acento andaluz que Susana Díaz aspiraba a desarrollar no ha sido tal, el debate nacional lo ha colonizado todo y el cortafuegos que la presidenta quería levantar –con la convocatoria anticipada– para que la inestabilidad no la erosionase fue demolido por la derecha. El hundimiento de Díaz y la vocación del presidente del Gobierno de apurar los plazos diluyen la idea de un adelanto de las generales a marzo.

La alarma en el PSOE era total ante la realidad de perder la Junta. El umbral para medir la magnitud de la debacle se había ubicado en los 40 diputados y este fue ampliamente rebajado. A pesar de la victoria, los 33 escaños –14 menos que hace tres años– no fueron suficientes para rebasar a la suma de las derechas que superan la mayoría absoluta. La preocupación en Ferraz ayer era palpable y aunque en un primer momento la presencia de Sánchez no estaba prevista en la sede federal, el presidente junto a los miembros más notables de su equipo como la vicepresidenta Carmen Calvo, el ministro de Fomento, José Luis Ábalos; su jefe de Gabinete, Iván Redondo, o la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, entre otros, se trasladaron hasta el número 70 para seguir de primera mano el avance de una noche electoral que se adivinaba aciaga.

En Moncloa quieren desligar lo andaluz de lo nacional. El futuro de la legislatura de los resultados de las elecciones y la figura de Díaz de la de Sánchez. Apelan a que se trata de «perfiles diferentes», otrora adversarios en las primarias, ya que si bien la presidenta de la Junta representa la tradición del socialismo, Sánchez ha supuesto la renovación y la ruptura con el modelo establecido a través de la moción de censura. También recuerdan la escasa implicación de Sánchez en la campaña –en contraposición con otros líderes nacionales como Pablo Casado o Albert Rivera– para desvincularse del tropiezo. Es más, a medida que iba avanzando el recuento se iban deslizando críticas veladas a la campaña que ha realizado Díaz, calificándola de «floja» o de perfil «excesivamente institucional» sin el «rock and roll» necesario para movilizar al electorado. El presidente queda ahora en una posición comprometida, en la que tendrá que marcar perfil propio para reflotar el torpedo a la línea de flotación del partido que ha supuesto la derrota de Díaz. En Ferraz reconocen que este es «el peor escenario posible» y azuzan el miedo a Vox, apelando a una alianza de los partidos constitucionalistas «para que la extrema derecha no marque la agenda de Andalucía». En estos términos se expresó el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, que defendió que se promueva una entente «de la democracia frente al miedo».

Esto hace que los planes de Sánchez de seguir gobernando se mantengan y que incluso tenga más opciones de sumar apoyos para sacar adelante los Presupuestos como dique de contención frente a la derecha. El Ejecutivo es consciente de que necesita más que nunca hacerse un cartel electoral solvente antes de concurrir a las generales, de manera que tiene que sacar adelante medidas como la subida del Salario Mínimo a 900 euros, la revalorización de las pensiones con el IPC, el subsidio a los parados mayores de 52 años o medidas como la malograda exhumación de Franco.