Más sociedad, menos y mejor Estado

Casi un centenar de personalidades debatirá este fin de semana sobre nuestro presente y futuro en el I Congreso Nacional de la Sociedad Civil

Un problema habitual es superar la desconfianza que existe entre la sociedad civil y los partidos políticos / Cristina Bejarano
Un problema habitual es superar la desconfianza que existe entre la sociedad civil y los partidos políticos / Cristina BejaranoCristina BejaranoLa Razón

Más de la mitad de mi vida la he dedicado a promover y fortalecer nuestra sociedad civil. Mi dedicación altruista a ella siempre ha sido intensa, y algunas épocas podría calificarla de casi plena. Me ha movido a ello el constatar la debilidad de nuestro tejido social; la carencia de una adecuada educación cívica; la excesiva supeditación de la sociedad civil al poder político, a las administraciones… En estos cincuenta años he participado, desde mis responsabilidades en diferentes entidades, en la organización de ciclos de conferencias, jornadas, presentaciones de libros, homenajes, mesas redondas, grupos de trabajo, seminarios, estudios, congresos tanto nacionales como internacionales,… en la mayor parte de las principales ciudades españolas y algunas iberoamericanas.

Durante más de diez lustros. Desde muy diferentes ámbitos y desde distintas responsabilidades, he tenido la oportunidad, incluso diría el privilegio, de vivir muy cerca la evolución política, económica, social y cultural de nuestra sociedad que ha sido impresionante. España considero que ha dado un salto en su evolución y progreso sin parangón en toda nuestra historia. El pueblo español, en este periodo, ha dado excelentes pruebas de madurez.

Una etapa de nuestra historia ha terminado, estamos en un nuevo siglo y un nuevo milenio. En él, considero de singular importancia el papel que representara la sociedad civil y el protagonismo de cada uno de los ciudadanos. El protagonista de la democracia no es el Estado, como no es el mercado el protagonista de la libertad. El gran protagonista de la democracia debe ser el ciudadano, expresión pública de la persona vinculada a su comunidad.

Para fortalecer la democracia, sistema de gobierno extremadamente débil y complejo, es indispensable desarrollar políticas democráticas que promuevan ciudadanías participativas en el área del poder. Solo su ejercicio enseña a ser demócrata, y solo participando se es verdaderamente ciudadano. La democracia es el fruto de un largo aprendizaje y de un diario ejercicio.

El desarrollo de la ciudadanía debe erigirse en nuestra prioridad. Pero se trata de un desarrollo que pase por la construcción de la sociedad civil; es decir, de una sociedad formada por ciudadanos libres que ejercen sus derechos y cumplen con sus obligaciones en un marco institucional que les permita aprovechar sus capacidades para una perfecta gobernación.

Un problema que habitualmente se plantea en nuestro ámbito occidental es como superar la desconfianza que existe entre la sociedad civil y los partidos políticos, especialmente de los partidos políticos respecto a la sociedad civil. Considero que no solo es posible, sino necesario y urgente potenciar la presencia y la proyección de la sociedad civil junto con el fortalecimiento de los partidos políticos. Precisamos partidos políticos estables, representativos, fuertes, prestigiosos, democráticos en su funcionamiento interno, volcados en una rica vida parlamentaria, abiertos a la sociedad, alejados de planteamientos oligárquicos, y con una financiación transparente, y liderados por los mejores de nuestra sociedad. Pero también necesitamos una sociedad civil participativa, dinámica, creativa, innovadora y, sobre todo, independiente.

Este protagonismo de nuestros ciudadanos debe venir de la mano de la educación, avalado por ella. Como dijo Immanuel Kant: «La educación es la humanización del hombre». La riqueza de un país está mucho más vinculada a la cualificación de sus hombres que a los recursos naturales de que dispone.

La educación que se imparte en un país, y que debe cuidar especialmente del desarrollo integral del ser humano, establece la calidad de sus ciudadanos.

La necesidad de una educación permanente no solo resulta indispensable para estar al día en el progreso científico y tecnológico, sino también para lograr el enriquecimiento cultural, profesional y ético de los individuos. La formación del profesorado a todos los niveles, es la piedra angular del edificio educativo. Federico Mayor Zaragoza, Director General de la UNESCO –1987/1999–, escribió en su libro «Mañana siempre es tarde»: «Educar para participar activamente en la cosa pública, participar por sí mismo, escogiendo libremente opciones. Ésta es la función de la educación: hacer posible una participación amplia y profunda del ciudadano. Ésta es la irreemplazable acción de la educación en beneficio de la democracia: participo, luego existo. El hombre no es si no participa. El hombre no es si no es educado, si no sabe contemplar las diversas opciones que le ofrecen y recoger libremente aquellas que considera más adecuadas».

Considero, que un paso muy importante para el mejor fortalecimientos y proyección de nuestra sociedad será, sin duda alguna, la celebración del I Congreso Nacional de la Sociedad Civil, con el lema «Repensar España». Se desarrollará los próximos días 27 y 28 de febrero en el Casino de Madrid, entidad madrileña emblemática. El citado Congreso Nacional ha sido convocado por Sociedad Civil Ahora, institución integrada por alrededor de 30 destacadas entidades, representativas de nuestra sociedad. En el Congreso, en dos intensas jornadas, mediante 16 mesas, algunas de ellas simultáneas, casi un centenar de personalidades, como presidentes-moderadores y ponentes, debatiremos sobre nuestro presente y futuro, y el papel que puede y debe jugar la sociedad civil al servicio de España y los españoles. Considero que el participar en este I Congreso Nacional de la Sociedad Civil es una oportunidad que debemos aprovechar. Utilicémosla.