Dentro del Consejo de Ministros: «Son medidas de maquillaje»

Las grandes patronales empresariales ven superficiales las medidas económicas del Gobierno

El forcejeo mantenido en el seno del Gobierno entre los ministros más ortodoxos del ala económica y sus compañeros comunistas está generando una profunda preocupación en el PSOE. Varios miembros del Gabinete y «barones» del partido critican fuertemente las intervenciones de Pablo Iglesias, su excesivo protagonismo y la chulesca manera de saltarse las normas.

«Nos pone a todos en un brete», confiesa un ministro ante los enfrentamientos surgidos en las últimas reuniones en Moncloa. Muchos de ellos y varios dirigentes socialistas no entienden el apoyo del presidente al líder podemita, de quien antes confesaba quitarle el sueño. La gota que colma el vaso ha sido la aparición de Iglesias dando por agotado el dogma de la austeridad en contraposición a las guardianas del gasto público, Nadia Calviño y María Jesús Montero. En medios de varios ministerios y del PSOE circula estos días una frase muy gráfica: «A este paso, Iglesias devora a Sánchez».

En el largo Consejo de Ministros que aprobó las medidas económicas, la división se acrecentó. Según algunos miembros del gobierno las salidas de tono de Pablo Iglesias fueron constantes en medio de dos bandos enfrentados. Por un lado, los ministros podemitas, Yolanda Díaz y Alberto Garzón, al que incompresiblemente se unieron el titular de Inclusión y Seguridad Social, José Luis Escrivá, y el de Transportes, José Luis Ábalos, en defensa del mayor gasto social frente al rigor del déficit público impuesto por Bruselas, abanderado por Calviño y María Jesús Montero.

En versión de algunos presentes, la vicepresidenta económica mantuvo un tenso debate con Iglesias y, en un determinado momento, llegó a cuestionar su presencia. «Si esto sigue así, yo aquí no pinto nada», aseguró Calviño según las fuentes consultadas. Por ello, aunque en principio se pensó en que Sánchez compareciera el pasado martes junto a Iglesias y Calviño, finalmente lo hizo en solitario.

La imagen de unidad que desean trasladar desde Moncloa saltó por los aires con la rueda de prensa de Pablo Iglesias junto al ministro de Sanidad, Salvador Illa, en la que remarcó el escudo social de las medidas. Ausencia total de las ministras «keynesianas», Calviño y la de Hacienda, María Jesús Montero, para presentar un plan que se apoya en el plan de la ministra de Trabajo, la comunista Yolanda Díaz. En medios del gobierno sentó muy mal las alusiones ideológicas a las «clases sociales» de la pandemia y, sobre todo, su apoyo a las caceroladas podemitas contra el Rey Felipe VI, que encuadró en la libertad de expresión.

«Es incoherente ser vicepresidente de una Monarquía y empujarla a la vez al abismo», opina un ministro. Por no hablar de otro miembro del Gabinete, Alberto Garzón, cuya partido reclama la abdicación del Monarca. Otro asunto que genera gran malestar es la inclusión de Pablo Iglesias en el CNI, tras la reforma de la Ley de Inteligencia Nacional que permite su entrada y la del todopoderoso jefe de gabinete presidencial, Iván Redondo. Por decisión personal de Sánchez muchos no entienden esta jugada, que atribuyen al buen entendimiento entre Redondo e Iglesias. «Ambos se apoyan para mantener el poder», dicen ministros y dirigentes socialistas. Según estas fuentes, han sellado una alianza potente para frenar en seco a la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, ahora en segundo plano durante la crisis. Ello suscita críticas en el PSOE y muchos «barones» observan con preocupación el respaldo ciego de Sánchez al podemita. «Poco a poco, se nos come por las raspas», apunta un destacado dirigente socialista.

El Consejo de Ministros de mañana debe aprobar las condiciones para los créditos blandos de cien mil millones de euros que Sánchez anunció en su comparecencia. La Banca exige que el ochenta por ciento sea avalado por el Instituto de Crédito Oficial (ICO), para mantener a las pequeñas empresas hasta que pase la tormenta. La vicepresidente económica, Nadia Calviño, se verá obligada a olvidarse de su ortodoxia fiscal, pues un porcentaje del cincuenta por ciento, como al parecer se plantea, puede colocar en una situación altamente delicada al tejido productivo y algunas entidades financieras.

Por su parte, las grandes patronales empresariales consideran las medidas económicas del gobierno «una operación de maquillaje», que desbordará el gasto social y disfraza las prometidas ayudas a las Pymes, a los autónomos y los plazos de pagos impositivos. En el gobierno y el PSOE son conscientes de que la gestión económica de Sánchez será determinante para el futuro político electoral. «Ya nada será igual», admiten comentan sobre las graves consecuencias de la pandemia. Por su parte, en el PP y Ciudadanos ha provocado gran enfado la alineación del PSOE y UP para negarse a una Comisión en el Congreso de seguimiento del coronavirus.

Sin embargo, la izquierda sí ha admitido otra sobre los problemas de la Sanidad española, lo que dirigentes del PP consideran que busca «un ajuste de cuentas» con las políticas de Rajoy. El líder popular, Pablo Casado, mantiene un perfil de hombre de Estado que, según su entorno, le dará buenos réditos, aunque en consonancia con sus «barones» regionales achaca el pico del contagio al 8-M, critica duramente la rueda de prensa de Iglesias y pide apoyo claro en la distribución del material médico. En los partidos de la oposición también se critica el «cerrojazo» a la labor de control al gobierno en el Congreso, amparándose en la pandemia.

La posición del PSOE y UP, con mayoría en la Mesa de la Cámara, pasa por evitar enmiendas, preguntas orales e interpelaciones. Es decir, nulo control a un Gobierno que ven descoordinado, dividido y en manos de las huestes de Iglesias. Como dice un dirigente del PP, un «bigobierno» en toda regla. De momento, la incertidumbre es total porque, en palabras del mismo político, «De una crisis como esta se sabe cómo se entra, pero nunca cómo se sale».