Arcas sí, pero que no las conduzca Noé

El presi posee memoria de pez. Todo lo de ayer le es ajeno. Pelillos a la mar. En estos momentos está en modo Simeone»

El Gobierno prevé restringir el movimiento de personas salvo fuerza mayor7
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez junto al vicepresidente Pablo Iglesias en el Palacio de la MoncloaJose Maria Cuadrado JimenezEFE

Cuando hablaba del tono bíblico de este Gobierno, sobre todo, de Él, místico de todas las Iglesias (Pablo), no iba nada desorientado, y no solamente por los panes y los peces de la milagrosa Reyes Maroto: ahora quieren montar en Arcas de Noé a los asintomáticos que den positivo en los test como si fueran linces ibéricos, cabras montesas o tortugas de Galápagos.

¿Será uno de cada especie? ¿Será algo así como un crucero? ¿Será una cuarentena en plan «Supervivientes»? No es mala idea, me imagino, pero creo que sería conveniente que las arcas no las condujera Noé, un borrachín histórico (Génesis) que no pasaría la prueba de alcoholemia. Ángel González, poeta, santo bebedor, me dijo una vez en Bocaccio, hablando de melopeas gloriosas, que tenía envidia de Noé: «Fíjate, su tajada está pintada por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina; esa sí que es una cogorza como Dios manda».

No sé si el presi bebe los cinco chupitos diarios de vodka que recomienda su colega de Bielorrusia. En todo caso, no parece que lo haga para olvidar: posee memoria de pez. Todo lo de ayer le es ajeno. Pelillos a la mar. En estos momentos se ha puesto en modo Simeone, levanta los brazos dirigiéndose a la grada (el Mando Único) y desde el banquillo de la Moncloa grita ¡a defender, a defender! Hay que aprovechar la ventaja mínima de las últimas horas, hay que defender la acción del Gobierno, y ahí está el filósofo Salvador Illa diciendo en la televisión: «Hemos sido los primeros en decretar el Estado de Alarma en Europa». ¡

Con un par!, le he gritado al televisor. Sin test, sin respiradores, sin mascarillas, pero hemos sido los primeros en decretar la alarma. Hemos ganado la Copa de Europa de Alarmas. No aclaró (no es el momento) si era previsión, sabiduría científica o acojonamiento. Y para completar la corona de laurel, añadió: «Estamos en la banda ancha de Europa en la aplicación de test». Estamos en una banda, sí, pero no se sabe qué pito tocamos en ella. La flauta de Bartolo, con un agujero solo, puede poco frente a los Stradivarius del norte. Borrell anuncia que la banda (Europa) no tiene ningún míster Marshall al que pedirle dinero. La banda europea se ha quedado sin vocalista, y Él también.

Pero no hay problema: Pablo Iglesias tiene un plan que va más allá de un ligue de discoteca, de cualquier Marshall. Es un plan de mitin a la amorosa sombra de una pancarta. Y no creo que su Irene se moleste; ella sufre cuarentena y él tiene que descargar de alguna manera la testosterona de su «política masculina, con cojones». El apocalipsis le empalma, dilata su frenesí. El plan no se llama Rita ni Lilith: es la renta mínima vital. Dicen que le pone más que Irene, más que Tania, más que la flagelación de la Montero hasta la sangre. Un amor para ponerse morado.

El plan es bueno, generoso y social. Pero, ¿quién paga el plan de Pablo? Porque a lo mejor supone miles de millones de euros y la cama aparte. Que no se le ocurra decir a Amancio Ortega que él pone una pasta, porque entonces Pablo se quedaría, por coherencia, si eso existe, descompuesto y sin novia, o sea, tieso y sin Julieta. Pero el Romeo seguiría adelante. Como dicen en Sevilla, «es más pesao que la picha de un novio». El vice quiere el timón de las arcas, quiere ser Noé. ¿Habrá plantado viñedos en Galapagar?