Pacto por la reconstrucción

Políticos, escritores y economistas unen sus voces para pedir a las fuerzas políticas que se sienten a dialogar. Destacan que para llegar al acuerdo habrá renuncias y llaman a «no rivalizar entre las partes».

De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Gaspar Llamazares, Luis Garicano, Miquel Buesa y Guillermo Fernández VaraLa Razón

Guillermo Fernández Vara, presidente de Extremadura

Defiendo la propuesta del presidente del Gobierno de España de reeditar unos nuevos pactos de la Moncloa como los de 1977. Un gran pacto de Estado que suponga un acuerdo para la reconstrucción económica y social de España y en el que deberían participar todos los partidos con representación parlamentaria, también todas las comunidades autónomas y los agentes sociales y económicos. En esta línea, y como ya he anunciado en días pasados, compareceré el próximo día 23 de abril en la Asamblea de Extremadura a petición propia, para explicar la situación de la pandemia en la comunidad; las medidas que hemos puesto en marcha y las que en próximas fechas lanzaremos para hacerle frente; y la propuesta de articulación a nivel nacional, regional, provincial y local del imprescindible pacto de reconstrucción en España ante la crisis del coronavirus, un pacto de fraternidad y de reconstrucción en nuestro país. Tenemos que sumar todos los esfuerzos que podamos entre todos, por ello plantearé el mismo acuerdo al conjunto a las fuerzas políticas y sociales de Extremadura porque aquí no sobra nadie, porque aquí todo el mundo somos importantes y porque todo el mundo tiene cosas que poder aportar.

Concha Andreu, presidenta de La Rioja

«Coordinarnos nos hace más fuertes ante la crisis»

Como presidenta de La Rioja estoy plenamente convencida de que es imprescindible un gran pacto nacional que suponga un acuerdo para la reconstrucción económica y social de España. En este pacto, las comunidades autónomas tenemos la oportunidad de determinar qué podemos hacer por el beneficio de toda España. Para ello, es esencial que cada comunidad tengamos claras nuestras ideas, nuestros proyectos, nuestros planes para el futuro que se nos presenta e identificar en qué somos especialistas cada región para aportar dicha experiencia al bien común. Actuar en conjunto, compartir, coordinarnos, nos hace aún más fuertes ante esta crisis sanitaria que va a cambiarlo todo. Cuantas más ideas tengamos para todos los españoles, más sólida y potente será nuestra respuesta a la crisis y nuestra capacidad de reinventarnos. Es indispensable no rivalizar. Además, seremos un ejemplo para la ciudadanía de que podemos trabajar en equipo, llegando a acuerdos a nivel nacional que nos permitan afrontar el futuro con unidad y concordia, sin centrarnos en críticas destructivas. Es una oportunidad, aunque parezca hoy lo contrario, de crear confianza en nuestros ciudadanos hacia las instituciones y hacia sus administraciones.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Antonio López Istúriz, Concha Andreu, Consulo Ordóñez, Erik Martel, Albert Boadella y Félix de AzúaLa Razón

Luis Garicano, eurodiputado de Ciudadanos

Creo que es imprescindible un gran acuerdo en España para abordar la que seguramente va a ser la crisis de nuestras vidas. Las políticas sectarias, siempre peligrosas porque enfrentan, ahora serían suicidas para la convivencia, la economía y el empleo: estamos hablando de millones de personas, de cientos de miles de autónomos y PYMEs y otras empresas…

Si este no es el momento de sacar España adelante entre todos, con esos Pactos de la Reconstrucción de los que ha hablado Inés Arrimadas, ¿cuándo será? Necesitamos planes claros y una posición común de España en Europa. Si el Gobierno quiere tener la confianza de los países europeos debe buscar el respaldo de la misma coalición que dirige Europa. Y eso solo lo puede hacer con lealtad y transparencia, sin ocultar la verdad, por dura que sea, sin ir detrás de la realidad y sin aplazar decisiones, como lamentablemente ocurrió hace algunas semanas.

Los ciudadanos a los que se les están pidiendo sacrificios tienen que ver a sus representantes en la sensatez, no en las ocurrencias; en la moderación, no en el extremismo; en el pacto, no en la polarización. Este país tiene que recuperar su futuro, y creo que el juicio de la historia será muy duro con aquellos que no estén a la altura del reto.

Félix de Azúa, escritor y miembro de la Real Academia española

El pacto es sin duda necesario. Pero no para salir juntos sino simplemente para salir. Nadie que quiera salir de esto puede ir solo, a pesar de la megalomanía de nuestro presidente y su inenarrable vicepresidente. Sería muy conveniente que se sumaran todos los partidos, pero en la política española no hay la menor tradición de colaboración entre partidos. Nadie recuerda que la única vez que los partidos colaboraron, tras la muerte de Franco, trajeron cuarenta años de tranquilidad.

Para llegar a un acuerdo, los políticos deberían de renunciar a su ideología en pro del bien común. Nuestros partidos de izquierdas están en un perpetuo delirio metafísico. La derecha es más pragmática, pero poco imaginativa. Y la ultraderecha no ha traído nada nuevo a los que hemos vivido el franquismo. El pacto debería construirse por obligación, pero como eso a lo mejor implicaría al ejército y bastante ha trabajado ya, mejor que se encierren en un convento durante tiempo indefinido todos los jefes de partido, bajo la obligación de salir con un pacto o allí seguirán encerrados. Comida de cuartel, requisado de teléfonos y otros aparatos, calefacción a 22º. O sea, a pelo. Tras finalizar la crisis y encauzar el pacto, se deberían convocar elecciones. Sería la única salida decente del Gobierno.

Antonio López Istúriz, secretario general del PPE y eurodiputado

Pedro Sánchez no es Felipe González, Pablo Iglesias no es Santiago Carrillo, y el líder político actual más próximo al espíritu político de Adolfo Suárez, Pablo Casado, no está aún al frente del gobierno, circunstancia esta última que muchos en España y en distintos gobiernos europeos esperan que cambie a tiempo, no sólo para liderar un gran pacto como el de Suárez en el 77 sino, también, para que la Unión Europea recupere la confianza en un gobierno español.

Convocar al líder de la oposición a una audiencia mediante rueda de prensa no tiene paralelo en ningún estado miembro europeo. Una vez más Pedro Sánchez no está a la altura de su responsabilidad con España y con Europa.

Gaspar Llamazares, ex coordinador de IU

Teóricamente lo mejor para abordar una crisis grave y profunda como esta es la unidad política y la cooperación institucional y Social. Tanto para el proceso más o menos largo de salir de ella, como para la posterior reconstrucción. Pero para ello las premisas fundamentales deberían ser el respeto, el diálogo y la confianza mutua. Sin embargo, no parece que por lo pronto estas condiciones existan, sino que se han agravado los males de la deslegitimación, el rechazo y la desconfianza, algunos como Vox han llegado al insulto y la criminalización penal, del Gobierno y de sus asesores y como consecuencia de las medidas y etapas a seguir frente a la pandemia.

Tampoco las prisas del Gobierno parecen facilidad un clima de diálogo mínimo para el acuerdo. Que rueden cabezas parece ser la obsesión de las derechas (salvo la reciente mano tendida de Cs) y en particular la cabeza de Pablo Iglesias y de Unidas Podemos.

Con estos planteamientos veo remoto el acuerdo político. En cuanto al institucional, la precipitación del Gobierno en la centralización de las decisiones y la actitud de desconfianza, cuando no obstruccionista y de correa de transmisión de algunas CCAA encabezadas por Cataluña y Madrid en una suerte de coalición negativa, lo ponen muy difícil. Solo me queda pues el acuerdo social, aunque tengo la impresión que tampoco será fácil, aunque teniendo en cuenta el bloqueo político y con las CCAA, me parece que es el que habría que mimar, y de salir medianamente bien sería el que más contribuiría a la fase de reconstrucción.

Consuelo Ordóñez, presidenta de COVITE

Pedro o La necesidad de un pacto de Estado que cohesione a la mayoría de los españoles es absolutamente incuestionable. Cada día, desde hace un mes, hay miles de familias destrozadas por culpa de este virus, familias que ni siquiera pueden despedir a los fallecidos ni enterrarlos dignamente. Vivimos una emergencia nacional descomunal, cuyas consecuencias económicas y sociales también son dramáticas. Como ha ocurrido en otras situaciones difíciles que nos han puesto a prueba como país, la sociedad civil va por delante de la política. Pongo como ejemplo cuando los ciudadanos nos echamos a la calle con ¡Basta Ya! y otros movimientos cívicos para reclamar a los gobiernos firmeza ante el terrorismo de ETA. Ese paso fue fundamental para que en el año 2000 se firmase el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, que fue muy efectivo y contó con un amplio respaldo político y social. Solo espero que, al igual que sucedió en el año 2000 y en otras ocasiones, nuestros políticos sean capaces de escuchar y atender el clamor ciudadano de un mayor compromiso y sacrificio por su parte para que seamos capaces de afrontar esta crisis tan insólita y tan compleja con dignidad. Pues da la impresión de que algunos no interiorizan la dimensión del reto al que nos enfrentamos.

Miquel Buesa, economista

De que la epidemia de coronavirus va a dejar tras de sí una profunda crisis económica, no cabe la menor duda. Las estimaciones solventes para España sitúan entre el 5 y el 10 por ciento la pérdida del PIB; y la caída del empleo podría superar los dos millones de trabajadores. Se trata, además de una crisis compleja, pues afecta a la demanda, la oferta y la liquidez del sistema, con el riesgo de derivar en una crisis financiera. Todo ello se complica porque los economistas no tenemos experiencias en las que basarnos para abordar con seguridad una situación de esta naturaleza. Ello implica que tendremos que realizar un enorme esfuerzo intelectual para aconsejar al gobierno con acierto. Éste, el gobierno, habrá de arbitrar un pacto entre los actores políticos y sociales para que los ciudadanos acepten los importantes sacrificios económicos, que resultarán inevitables. Tal acuerdo debe iniciarse en el establecimiento de un diagnóstico común sobre los aspectos centrales de la crisis, cosa que tendrá que hacerse contando con los mejores de nuestra profesión, sin sesgos partidarios y sin vetos políticos, como nos enseñó el profesor Fuentes Quintana en 1977. En la capacidad y la voluntad de nuestros representantes políticos está salvar los obstáculos para llegar a una solución pactada y eficaz.

Albert Boadella, dramaturgo

Todos deseamos la unión en tiempos traumáticos. El pánico al futuro incita este impulso natural. En las democracias europeas tenemos algunos ejemplos de gobiernos de coalición con fuerzas antagónicas incluso en circunstancias mucho menos preocupantes. En España es posible que la mayoría de ciudadanos se inclinara hoy por una coalición de fuerzas constitucionalistas. Los desafíos del nacionalismo influyen en esta salida. Solo se presenta un problema, a mi entender, insalvable. El presidente Sánchez no desea esta solución. No es el PSOE sino su presidente. Si fuera una cuestión ideológica o de antagonismos podría solucionarse pero el problema es personal. Sánchez está situado en otro mundo que no es el de la política. Ni quizás el de España. Está en su mundo. Es muy improbable que reaccione bajo razones lógicas o simplemente altruistas. Quizás el miedo. Solo alguien que le describiera muy bien las penas del infierno futuro y su enorme responsabilidad sería capaz de convencerlo.

Erik Martel, embajador de España

De los grandes retos se sale con grandes pactos. En eso estamos todos de acuerdo. Mas un pacto solo se puede liderar desde la unidad. Esto no está al alcance de los que han insistido en segmentar a los españoles en buenos y malos: los que, aunque de biberón, estábamos de un lado en el primer Frente Popular y los que estaban del otro. De los que han pactado con los que quieren taracear España y con los que se han propuesto finiquitar nuestra democracia y, con ello, el consenso patriótico que la estableció. Un líder que tiene acreditado tal déficit de credibilidad tampoco puede pilotar la nave con la que pretendemos sortear el proceloso mar de la crisis a la que nos aboca el bichito chino. Su figura es el epónimo de la posverdad. Con una mano pone autoritario coto a los «fake news» y con la otra nos ofrece una comunión con la rueda de molino de un gran bulo: su deseo de pactar por el bien de España. Si de verdad lo deseara, lo primero que haría es consensuar un cambio de liderazgo que, sin los condicionantes políticos que lo entrillan a él, supiera gestionar dicha crisis con criterios adecuados sin ideología.