La última batalla del «General del Pueblo»

Una planta fotovoltaica amenaza las trincheras del teniente coronel Mangada en Ávila. El presidente del Consejo Asesor de la Memoria Histórica insta a su conservación

Durante más de dos meses del verano de 1936, la columna del teniente coronel Julio Mangada estableció su puesto de mando en Navalperal de Pinares (Ávila) y construyó una línea de trincheras en torno al término, que fue testigo de intervenciones aéreas, fuego de artillería y enfrentamientos hombre a hombre en una sierra todavía envuelta en un intenso olor a tomillo. La principal de aquellas posiciones, en linde con Navalperal, se encuentra en terreno de Las Navas del Marqués, y ve amenazada su supervivencia por la instalación de una planta fotovoltaica e incluso aerogeneradores de última generación que sellarían, entonces sí, su definitiva sentencia de muerte.

Los restos a preservar están formados por una línea principal y tres ramales de comunicación hacia la retaguardia, donde se construyeron cinco refugios para la tropa, un perímetro de alrededor de un kilómetro cuadrado. Todo en una zona que fue frente de batalla y donde, aún hoy, la tierra escupe metralla, casquillos, peines de Mauser, balas e incluso obuses que periódicamente los Tedax tienen que detonar in situ ante el peligro de un traslado.

Mangada derrotó en estas montañas a una columna procedente de Ávila al mando del comandante de la Guardia Civil Lisardo Doval –«El carnicero de Asturias»– y otras fuerzas «nacionales» que intentaron sin éxito desalojar al que se dio en llamar «General del Pueblo», cuyos hombres fueron también responsables de la muerte del líder de las JONS, Onésimo Redondo, en un encuentro fortuito en Labajos (Segovia). Fueron semanas de choques hasta que el 8 de octubre, la Legión y los Regulares desalojan a Mangada y su heterogénea tropa de voluntarios, Guardia de Asalto y Ejército. Pero ha habido tiempo para que el militar se haga un hueco entre los defensores de la República aclamados en la capital. Rafael Alberti recuerda en «Defensa de Madrid» la lucha en Navalperal y los hombres del veterano militar desfilan por una atestada Puerta del Sol. Mangada recibe la Medalla de Oro de Madrid.

Hoy uno de los recuerdos bélicos más significativos de aquellos días –otros vestigios son el edificio que ocupó en Navalperal como cuartel general y diversos rincones reconocibles por testimonios gráficos de la época– corre peligro de perderse para siempre. Un proyecto para instalar una planta de placas solares que podría alcanzar las 700 hectáreas –superficie equiparable a la de las mayores instalaciones en España y la primera en altitud– ocupa por completo la zona atrincherada y todo el campo de batalla, según el plano de situación dado a conocer por el Ayuntamiento de Las Navas del Marqués.

El alcalde navero, Javier Sastre (Ciudadanos), acompaña a LA RAZÓN a las históricas posiciones en el alto de La Modorrilla, donde explica los pormenores del proyecto, que serviría para cubrir las necesidades del municipio madrileño de Galapagar, a 55 kilómetros de distancia, con una inversión de 200 millones de euros, y que generaría 700 megavatios (MW). «La ubicación no está fijada, pero han venido varias empresas y casi todas coinciden en esta. Ahora estamos lo más al oeste posible de Las Navas, pero hay otra finca, al este, aunque no tan grande y además las pendientes son mucho mayores, lo que implica más complejidad a la hora de instalar los paneles».

Justifica Sastre la ubicación en un punto tan alto –más de 1.400 metros de altitud– porque el resto «es una zona protegida donde plantear un parque fotovoltaico o eólico sería poco menos que inviable, no pasaría el proyecto medioambiental que hay que presentar en el ministerio».

Preguntamos si se ha tenido en cuenta el valor histórico de la zona, y que incluso se pueden topar con proyectiles de gran calibre al realizar las obras. «Todo eso hay que desarrollarlo. Hay que hacer un proyecto, que el más importante es el medioambiental, el socioeconómico, y hay que hacerlo aquí, tienen que patearse esto, y además de ver todas las partes e implicaciones de fauna y vegetación, tienes que ver toda la parte económica, la histórica... Y es que todavía no hay ninguna empresa. Hay muchas interesadas pero todavía están haciendo propuestas a los diferentes términos municipales de esta zona, sin pormenorizar, y por ahora lo que buscan es el primer compromiso inicial. Que les dejamos hacer el estudio, lo que no implica que se haga el proyecto. Porque si después hay condicionantes ambientales, urbanísticos o de ingeniería para el desarrollo, no se haría», asegura.

A día de hoy, el alcalde dice no haber informado de la posibilidad de encontrar «un campo de minas», pero afirma que «ese tema, con los equipos que tienen no creo que fuera ningún problema, porque les he visto trabajar y hacen un desarrollo completo, con georradares... entiendo que eso lo estudiarían en detalle».

¿Compensa que encuentren proyectiles que desactivar pudiendo hacerlo en otra ubicación?, preguntamos. «Qué ubicación?», inquiere el regidor. Aunque Las Navas tiene un término de casi 100 kilómetros cuadrados, Javier Sastre responde que hay una «zona de servidumbre» de un parque eólico cercano, que «la siguiente cordillera que nos encontramos ya no está orientada tan bien como esta y todas las siguientes líneas ya son zonas arboladas, y sobre todo con muchísimo impacto visual».

Acerca de la huella sobre el paisaje se muestran críticos vecinos y veraneantes de Navalperal, que verían el parque fotovoltaico pegado a su linde, y donde también se maneja otro proyecto parecido. Hay mucho dinero en juego, y puestos de trabajo cuyas cifras oscilan y se pone en duda que reviertan realmente en la población local y no en ingenieros cualificados «que vienen, hacen su trabajo y se marchan», en palabras del alcalde de Navalperal, José Luis Bartolomé, que se pregunta además «qué pasa después de la vida útil de la planta». La de Las Navas en concreto tendría una duración estimada de 30 años.

Respecto a la amenaza sobre los restos de trincheras, que el regidor de Navalperal considera deben salvarse, su homólogo navero se abre a una solución. «Creo que tenemos que compatibilizar todo, la parte histórica, la económica, la de ganadería, la caza... Si hay zonas donde no se tienen que instalar placas ni vallar, y dejar para que podamos disfrutarlas todos, habrá que dejarlas».

Sin embargo, su apuesta es favorable a la instalación, detrás de la que hay distintas empresas que están tanteando la operación. «En este mundo hay de todo. Desde grupos de ingeniería que se dedican a conseguir el punto de acceso, los permisos... cuando consiguen la licencia en ese punto lo venden a una de las grandes».

La protección del enclave merece toda la atención del Consejo Asesor de la Memoria Histórica de Castilla y León, cuyo presidente, Ángel Hernández, llevará el asunto a su próxima reunión, donde prevé un respaldo oficial, porque están representadas las distintas asociaciones de Memoria Histórica, especialistas de la Universidad y el propio director de Patrimonio de la Junta.

Considera Hernández que este tipo de restos, «como en países como Francia y Alemania, deberían estar protegidos por Patrimonio, y debidamente cuidados; debería ser una zona que formara parte del conocimiento de la Memoria Histórica de este país, y de la Guerra Civil», y apunta que «no solo una futura ley regional sino la nueva Ley de Memoria Democrática tendría que completar este asunto».

También una veterana asociación como el Grupo de Estudios del Frente de Madrid (Gefrema), se interesa por las trincheras de Mangada. Su presidente, Antonio Morcillo, apuesta por su permanencia. «Mi opinión no puede ser otra que la conservacionista. Habida cuenta de que el terreno se mantiene originalmente, deben adecuar la nueva utilización a las estructuras preexistentes, que creo debe ser posible», afirma.

No faltan detractores. Los más beligerantes son los ganaderos de Las Navas y Navalperal, que se muestran absolutamente en contra de las placas que amenazan sus pastos. Han hecho pública su protesta de la mano del presidente provincial de ASAJA en Ávila, Joaquín Antonio Pino, que ha denunciado la falta de información, transparencia y las prisas que el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Las Navas tiene para sacar adelante este proyecto que «dejaría en una situación precaria a los ganaderos de la localidad, hipotecaría el relevo generacional y la incorporación de jóvenes al sector y machacaría el paisaje y el medio ambiente del enclave».

La última batalla de Navalperal se libra en los despachos. Y una licencia podría hacer hoy más daño que la propia guerra.