La vigilancia en España contra el extremismo salafista se centra en algunos imanes y no en mezquitas

Hasta el momento no se ha dado ninguna circunstancia que haya aconsejado solicitar el cierre de templos

En España, el cierre de una mezquita, como cualquier establecimiento público, sólo podría producirse por una orden judicial una vez que se hubieran acreditado evidencias suficientes de que en dicho lugar se cometían delitos que aconsejaban dicha clausura, según expertos policiales consultados por LA RAZÓN. Otra cosa es que el cierre se decretara por razones sanitarias o por carecer de los permisos pertinentes.

Pensar en una medida de este tipo por el hecho de que desde una mezquita se estén lanzando mensajes radicales, salafistas, parece impensable en estos momentos, según las mismas fuentes. En abril de 2015, el Ministerio del interior consideraba que un centenar de los 1.300 templos musulmanes existentes entonces lanzaban este tipo de pláticas. No se conocen cifras actualizadas. Las pesquisas se centran más en algunos imanes que en los templos mismos, porque no se trata de criminalizar a una religión cuyos fieles son, en su mayoría, ajenos al yihadismo.

Lo cierto es que las Fuerzas de Seguridad tienen localizados varios de estos templos o centros islámicos cuyos imanes son sospechosos de difundir ideología extremista. Cuando se dispone de pruebas, se ponen en conocimiento de la autoridad judicial y, como ya ha ocurrido, se les expulsa de España.

Sólo en la Comunidad de Madrid, la cifra de mezquitas con imanes radicalizados es superior a la decena; los investigadores están pendientes por si se produce alguna novedad que deba ser comunicada a las autoridades competentes.

Lo cierto es que en las operaciones que se han registrado en España contra el yihadismo, 14 en lo que va de año, cifra que puede crecer en las próximas semanas por las pesquisas en marcha, los arrestados se adoctrinaban a través de las redes sociales o en reuniones que celebraban al margen de las mezquitas o centros islámicos. Siempre está latente el problema de las mezquitas ilegales, que se pueden montar en un local, como un garaje o una trastienda.

Ha habido casos, como el de los terroristas del 11-M, que se solían reunir en una de las salas de la mezquita situada junta la M-30 de Madrid, templo a cuyas puertas fueron detectados unos individuos que pedían dinero para los combatientes yihadistas del Estado Islámico y que fueron detenidos.

Se han dado casos en Cataluña de individuos que partieron para combatir en Siria e Irak en las filas del Isis y que, según informaciones facilitadas en su momento, tuvieron un a fase de radicalización en alguno de estos centros.

En cualquier caso, los expertos ven “impensable” que en las actuales circunstancias se plantee un caso como el de París, donde el ministro del Interior ha reclamado el cierre de la mezquita del barrio de Saint Denis. Medida que podía extenderse a otros templos o centros sobre los que existen sospechas de predicar el salafismo extremista.

En Alemania y otros países europeos también se han producido cierres e, incluso, expulsión de imanes.

En concreto, en España, durante 2018 fueron expulsados cinco imanes, al considerar que eran un peligro para la seguridad nacional.

Utilizaban locales sin legalizar, centros culturales y de trabajo, y, como ocurría en el caso e uno expulsado de El Ejido (Almería), acudía hasta las plantaciones agrícolas, para lanzar los mensajes rigoristas, como primer paso para convertir a los jóvenes en “moujahidines” (soldados de Alá).

Los imanes expulsados entonces fueron A. E., de 40 años, que predicaba en una mezquita de la pedanía de San Agustin de El Ejido (Almería), al evidenciar que sus mensajes constituían un peligro para la seguridad nacional. Era el que se trasladaba a las plantaciones. Nada más producirse su salida del territorio nacional, la mezquita fue cerrada ya que estaba en situación irregular.

También se abrió entonces expediente de expulsión a M.A. imán de una mezquita en Gerona; un individuo de 39 años y que ejercía como imán de la comunidad islámica de La Rábita (Granada) por sus mensajes extremistas y violentos que lanzaba aprovechándose de su influyente papel entre los ciudadanos musulmanes residentes en la provincia; el presidente de la Unión Islámica de Imanes y Guías de España, A. M. S., que residía en Logroño, por ser «una amenaza real para la seguridad nacional» como difusor de la doctrina «salafista-wahabí» ; y Y. L., ciudadano marroquí e imán de 33 años por ser un predicador de ideología salafista-wahabí. Al parecer, le facilitaron dinero para construir un centro islámico en Corella (Navarra), cuyas obras quedaron paralizadas.