El PSOE a Cs, en privado: “Vamos a seguir negociando”

El equipo negociador traslada en privado un mensaje a los de Arrimadas para que sigan en los Presupuestos

Al ver la operación de blanqueamiento de Bildu, en la que durante estos últimos días también se han implicado algunos ministros de la parte socialista del Gobierno, aparentemente bajo el empujón del vicepresidente Pablo Iglesias, cabe pensar que en privado el PSOE también está ya marcando distancias con Ciudadanos (Cs) para ser consecuente con su postura pública.

Pero resulta que el mensaje del equipo socialista, interlocutor con la formación naranja, es justamente el contrario. A Iglesias y a Arnaldo Otegi se les dice una cosa, y a Inés Arrimadas, otra, fuera de las cámaras.

Al margen de la votación de las enmiendas a la totalidad, y la puesta en escena que ha colocado a EH Bildu en el centro del «circo», sin embargo, el PSOE ha hecho llegar a Cs el mensaje de que sigue habiendo espacio para la negociación, y que quieren que el diálogo continúe siendo fluido. Vamos, que las vías sigan «permanentemente abiertas».

Imposible cuadrar el juego público con el juego privado, sin duda. Pero el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ya ha hecho alarde durante este año de Legislatura de saber moverse con varias barajas a la vez.

Los contactos entre Pedro Sánchez e Inés Arrimadas se han hecho siempre públicos. Luego, hay un segundo nivel, entre la vicepresidenta, Carmen Calvo, y entre el portavoz de Cs, Edmundo Bal. Y otro tercer nivel, con otro equipo de interlocutores más técnico.

En los últimos días Moncloa «arde» por la reacción crítica a su gestión del anuncio de Bildu de abrirse a formar parte del proyecto de estos Presupuestos. El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, echó más leña en una entrevista en «El País», donde señaló este fin de semana que Bildu ha tenido más sentido de «la responsabilidad» con los Presupuestos que el PP.

Ábalos, como portavoz del PSOE, matizó ayer que «no hay ningún pacto» con Bildu sobre los Presupuestos. ¿Y entonces, por qué el líder de Bildu, el ex etarra Arnaldo Otegi, había adelantado la pasada semana un más que posible «sí» a los PGE «porque hemos avanzado lo suficiente como para decir que estamos en disposición de votar favorablemente»? Y han pasado cuatro días con guiños del Gobierno a esa voluntad de acuerdo antes de que ayer Ábalos matizase y pusiera algo de distancia.

La formación abertzale ya había dejado claro que su intención era no obstaculizar la tramitación de los PGE durante la votación de las enmiendas a la totalidad, que se debatieron el miércoles y jueves pasado en el Congreso. Pero no había confirmado nunca que respaldaría el proyecto del Gobierno.

Ese apoyo de Bildu vuelca la balanza del lado de la mayoría de investidura y hace inviable la opción de Ciudadanos. En teoría y en la práctica. Pero, sin embargo, el PSOE sigue moviendo el balón con Ciudadanos. Y contra pronóstico, la formación naranja mantiene su decisión de que, de momento, el «lío de Bildu» no sea la gota que colme definitivamente su paciencia. Las presiones de Pablo Iglesias, Gabriel Rufián y Arnaldo Otegi ayudan a que Inés Arrimadas siga insistiendo a Moncloa para que aclare si es que «sí» o es que «no» con Bildu, porque «nuestra posición es clarísima». «Si nos dicen que no, no será por no haber sido claros y leales con España», manifiestan fuentes de la dirección naranja.

Este pulso dialéctico no quita para que en Cs interpreten las señales que han llegado estos días, vestidas incluso con el mensaje de que el acuerdo con Bildu tiene voluntad de «dirección de Estado», como la confirmación de una conversión de la mayoría de investidura en una mayoría de Legislatura. En la última conversación que mantuvieron el presidente del Gobierno y la líder de Ciudadanos, esta última le dijo personalmente que no estaría en la misma foto de Bildu y ERC.

El giro de ayer de Ábalos, desmintiendo a Otegi y a Iglesias, y renegando del pacto con Bildu en los PGE, sirvió para que en Cs interpretaran que el PSOE está ganando tiempo. «Que se aclaren si es que sí con Bildu porque nuestra posición es inamovible».

Detrás de este enredo hay, sin duda, una voluntad, confirmada por parte de Moncloa, de apuntalar la mayoría de investidura. Y una zancadilla bien estudiada de Pablo Iglesias a la parte socialista, que ha caído en la trampa de dejarse llevar por el «teatro», a costa de provocar un gran malestar dentro del PSOE, y del PNV. Esto explica que ayer Ábalos hiciese ese amago de rectificación. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias comparten el fin, pero no comparten los medios utilizados para su puesta en escena.

Es un hecho que la negociación con Bildu sobre las enmiendas a los presupuestos está abierta, como que también hay una vía paralela de gestos que se estñan produciendo en política penitenciaria. Y cuidado, porque a Moncloa le puede ser más costoso el enfado del PNV, por el protagonismo concedido a EH Bildu, que el malestar de algunos de sus barones. Cuando se está en el Gobierno, el partido muere orgánicamente, y más cuando la gestión del Gobierno está convirtiendo al PSOE en el PSOE de Sánchez, para desconcierto del socialismo de «pata negra».